El Obispo ordenará dos jóvenes sacerdotes para la Iglesia de Mar del Plata

Mañana viernes a las 20, la Iglesia Católica de Mar del Plata contará con dos nuevos sacerdotes, Raúl Agustín Escudé y Mario Enrique Fernández Rodriguez; serán ordenados de manos del Obispo de Mar del Plata, Monseñor Antonio Marino. Todo el clero diocesano y religioso, amigos, familiares y los fieles marplatenses pero también venidos desde las distintas ciudades de la diócesis estarán presentes en este momento tan importante para la Iglesia local.

Los jóvenes diáconos –Raúl, 29 años y Mario, 28- pasaran a formar parte del clero diocesano y para llegar a este momento tan esperado, se han preparado durante ocho años en el Seminario San José de La Plata. Ambos destacaron que quieren ser “buenos sacerdotes y presencia de Jesús en todo momento”. “Tengo todas las expectativas para esta etapa, ser un santo sacerdote, puente entre los hombres y Dios. Ser un buen padre en el ejercicio de la confesión, el acompañamiento espiritual, la acogida, la formación. Y en definitiva ser un instrumento dócil en las manos del Señor”, resaltó Raúl Escudé. Por su parte Mario Fernández, enfatizó, “las expectativas son muchas, pero ante todo, poder ser otro Cristo en todo momento y transmitir la alegría del Evangelio a todos a los que están y también a los que están lejos, ‘ir en busca de la oveja perdida’ para que ‘todos podamos ser uno’ en Cristo. Esto en concreto en el encuentro personal con cada uno en la confesión y en la dirección espiritual”.

Raúl y Mario son marplatenses de nacimiento, y vienen de distintas comunidades; de la Parroquia Santa Rosa de Lima y el Movimiento Juvenil Diocesano, el primero y de la Iglesia Catedral y Acción Católica, el segundo. “Siempre quisimos vivir las cosas con alegría”, coincidieron los futuros sacerdotes, en cuanto a su actitud de vida y también para el ministerio que comenzarán a ejercer.

– ¿Cuál es el desafío de un sacerdote joven en el mundo actual?

Mario: Frente a esta cultura que estamos viviendo, el desafío es encontrar la manera de anunciar nuevamente el evangelio a una sociedad que de a poco va perdiendo el sentido de trascendencia. Quiero mostrar la alegría del evangelio y la felicidad de seguir a Cristo y vivir con Él.

Raúl: La realidad socio cultural de hoy es cambiante y hasta muchas veces adversa, por eso busco ser constante en la oración, para estar en "sintonía" con el Señor Jesús y dejarme guiar por Él. Me propongo como desafío, el presentar los valores del Evangelio que enseña la Iglesia de manera renovada para que puedan convertirse en pilares de la nueva cultura naciente.

Frente a una "cultura de la muerte", dominante y opresiva, que busca imponerse, quiero ser "protagonista" en la construcción de la "civilización del amor". Hacer una "opción preferencial" por los jóvenes, sin dejar a los demás fieles fuera de mi corazón y de mi acción pastoral.

– ¿Qué momento de sus vidas recuerdan como un hito importante para descubrir el llamado de Dios al sacerdocio?

Raúl: Tiene que quedar claro, que no es una cuestión de un hecho, sino que es un proceso vocacional, llegado a esta etapa uno puede mirar hacia atrás y puede reconocer acontecimientos claves. Hoy puedo decir que uno de ellos, fue cuando tenía 16 años en una capilla de la Parroquia Santa Rosa, donde daba catequesis los sábados a las 9.30; en ese momento me preguntaba por el tema de la paternidad, y de cómo vivirla de un modo no biológico, es decir fuera de una familia. Dios me lo hizo ver a través de un niño, que vino corriendo hacia mí, saltó me dio un abrazo y yo sólo era su catequista, fue ahí cuando me di cuenta que se puede ser padre sin tener un vínculo biológico. Con eso Dios me dio mucha luz. También a través del testimonio de sacerdotes que me han acompañado mucho.

Mario: Hay una piedra fundamental en mi vocación, yo estaba mirando la misa por televisión y Monseñor José María Arancedo estaba presidiendo y dije, yo quiero ser como él. Otro momento importante fue un encuentro que hice, Proyecto de Vida, y ahí a través de oraciones, reflexiones y trabajos; ví que todo estaba orientado hacia esto. Incluso todo lo que hacía era vivir casi como un seminarista, en cuanto a la oración, el estudio, el compromiso con la parroquia, que yo lo veía como normal; aunque los demás no. En ese encuentro dije, no puedo dar más vueltas, Dios me está llamando al sacerdocio. Pero fue una semilla que fue creciendo.