Un Papa del fin del mundo | Columa de Monseñor Antonio Marino

El Papa Francisco no deja de sorprender al mundo. El periodismo gráfico, radial o televisivo, ha dado una amplia cobertura no sólo de los acontecimientos iniciales desde su elección, sino que sigue admirándose ante los gestos y detalles de novedad en su estilo pastoral. Cercanía, cordialidad, sencillez, modo directo de comunicar, son palabras que fluyen espontáneas cuando se trata de caracterizar la figura.

Entre sus temas preferidos hay un énfasis en la pobreza evangélica y en la atención a los pobres. También en la misericordia de Dios hacia nosotros y de nosotros hacia el prójimo. Igualmente, la presentación del poder como servicio y del servicio como verdadero poder. Sus palabras quedan ilustradas con sus gestos.

Consciente de la alta responsabilidad del cargo y sabiendo que sin la ayuda de Dios trabajamos en vano, no se cansa de pedirnos a todos oraciones por él. “Hermanos y hermanas (…), muchas gracias por su acogida. Recen por mí”. Así se expresaba el Papa Francisco desde el balcón de la basílica de San Pedro en su primera aparición. Y estamos seguros de que seguirá pidiéndolo, pues tal ha sido su costumbre en su gobierno episcopal.

En esa misma ocasión ha dicho: “parece que los cardenales han ido a buscar al nuevo pontífice al fin del mundo”. Estas palabras espontáneas, encierran un símbolo. El nuevo Papa, se ubica en la periferia geográfica respecto del centro histórico y cultural que ha sido Europa. Esto le otorga un nuevo ángulo de perspectiva, una diversa sensibilidad. El nombre elegido, Francisco, viene a subrayar este enfoque que marcará su pontificado.

San Francisco de Asís, fue en el siglo XIII un soplo de renovación en la cristiandad, cuando despuntaban los primeros signos de un cambio socioeconómico en la sociedad medieval. El cardenal Comastri, al término de la Misa que el nuevo Papa celebró en la pequeña parroquia de Santa Ana, dentro del mismo Vaticano, tuvo gran acierto al recordar palabras del Beato Juan Pablo II referidas al santo de Asís, y pronunciadas en 1993 en La Verna, lugar donde el santo recibió las llagas de la pasión: “Aquí en La Verna y en Asís, de algún modo nacieron los franciscanos, y también de alguna manera renació el cristianismo, reencontrando la sencillez y el fervor de los inicios”.

“¡Cómo me gustaría una Iglesia pobre para los pobres!”, dijo a pocos días de su elección, ante unos 5.000 periodistas de todo el mundo reunidos en el aula Pablo VI. Ya habrá tiempo para comentar desde el Evangelio y la historia de la espiritualidad, así como desde el magisterio eclesial, la teología, y también desde las palabras y gestos del Papa Francisco, qué significado tiene para nosotros tal afirmación.

Una cosa es cierta: debemos ponernos en camino hacia nuestras periferias para evangelizar a los pobres. También debemos dirigirnos a las periferias existenciales: el mundo del dolor, de la droga, del pecado, de la falta de fe. Es preciso llamar a las puertas de todos para ofrecerles la riqueza que tenemos. Es lo que pido como Obispo en este Año de la Fe. Pero nuestros gestos y palabras deben llevar el sello de la simplicidad y la cordial fraternidad. Bajo la guía del Santo Padre, la Iglesia desea renovarse.

+ Antonio Marino

Obispo de Mar del Plata

Francisco PP-La Vanguardia.doc