C.C. 37/2013 – Mensaje Mons Marino a los Catequistas – 2013

Monseñor Antonio Marino

Circular Cancillería Nº 37/2013

Mensaje a los catequistas

Queridos/as catequistas:

Ya cercanos al día de la memoria litúrgica del papa San Pío X, instituida como “día del catequista”, les dirijo este mensaje de felicitación y de reconocimiento por la tarea eclesial que realizan. Son también palabras de orientación en una época de cambios que requiere mucha lucidez y un renovado entusiasmo.

Mi reconocimiento

Lo primero que quiero decirles es esto: ustedes tienen dentro de la Iglesia una de las tareas más vitales y nobles, más dignas de reconocimiento y estima. Ustedes colaboran como instrumentos de la gracia divina para que otros crean con fe viva en Jesucristo, y así tengan vida en su nombre. Al dedicar sus esfuerzos para instruir y educar en la fe que salva, están comprometidos en el crecimiento de la Iglesia. Esto lo hacen tanto con el ejemplo de sus vidas, como con el testimonio de sus palabras.

Por esto mismo, merecen todo mi aprecio. Y en este sentido quiero aplicarles las palabras del documento final de la asamblea de Aparecida: “A los catequistas, delegados de la Palabra y animadores de comunidades, que cumplen una magnífica labor dentro de la Iglesia, les reconocemos y animamos a continuar el compromiso que adquirieron en el bautismo y en la confirmación” (DA 211).

Mi orientación

Junto con mi sincera estima, van también unas palabras de orientación en estos momentos de cambio cultural acelerado. Para ello deseo partir de la gran intuición de San Pío X, que sigue siendo plenamente válida en nuestro tiempo. A él lo recordamos como el papa impulsor de la iniciación temprana de los niños en la catequesis y en el acceso frecuente a la comunión eucarística.

Como saben, hemos querido llegar a los niños con el mensaje de la fe “desde la edad de la discreción”, introduciendo para ello algunos cambios en lo que se venía haciendo respecto de la edad y el orden de recepción de los sacramentos. Me consta de la buena aceptación generalizada del nuevo plan, y también de algunas dificultades que pueden surgir en ciertas circunstancias particulares. Estas últimas, lejos de frenar nuestro entusiasmo, deben ser estímulo para crecer y volvernos creativos. Para el logro de este objetivo, ofrece su servicio el Secretariado de Catequesis.

Lo primero y más importante es entender adonde queremos ir. En el actual contexto sociocultural, se vuelve imperioso llegar lo antes posible a la mente y al corazón de nuestros niños, procurando sembrar en ellos la semilla de la fe. Los medios de comunicación social invaden hoy sus mentes desde la tierna edad y los llenan de imágenes y contenidos, mientras que nosotros con nuestra dilación, desde una errónea concepción educativa, estaríamos esperando a que sean “más grandes y capaces” de recibir la catequesis.

Agradezco al Secretariado de Catequesis, tanto a los miembros del período anterior como al actual, por haber entendido que se puede y se debe educar desde el símbolo, las dinámicas, el dibujo, los juegos, las imágenes … incluso en la etapa previa al pleno dominio de la lecto-escritura.

Por eso, en este mensaje vuelvo a recordarles que el éxito de los cambios introducidos dependerá en buena medida del grado de convicción que pongan los distintos agentes que deben intervenir en la catequesis; del entusiasmo por transmitir con objetividad y buen espíritu la fe de la Iglesia Católica; y de los medios calificados que se implementen para lograr los objetivos.

Se trata de una convicción que debe estar animada y sostenida por un corazón creyente y por la conciencia de la necesaria unidad eclesial, garantizada por la autoridad del Obispo.

Debemos superar toda falsa antinomia entre dos extremos. Por una parte, una catequesis que privilegia las actitudes, dejando en segundo lugar o descuidando las verdades de la fe. Por otra parte, una catequesis que privilegia los contenidos o verdades de la fe, descuidando la asimilación cordial. Tal alternativa es imposible. No podemos descuidar el necesario recurso a la memoria con fórmulas fijas (Credo, Sacramentos, Mandamientos, oraciones del cristiano), a favor de vivencias, como tampoco contentarnos con una catequesis sólo nocional que descuide la liturgia, la Palabra de Dios, y la interiorización de verdades que son “palabras de Vida”.

A modo de estímulo, tanto para el Secretariado, como para los párrocos y los catequistas, les reproduzco aquí un párrafo del ya citado documento de Aparecida, donde se nos invita a superar defectos: “A pesar de la buena voluntad, la formación teológica y pedagógica de los catequistas no suele ser la deseable. Los materiales y subsidios son con frecuencia muy variados y no se integran en una pastoral de conjunto; y no siempre son portadores de métodos pedagógicos actualizados. Los servicios catequísticos de las parroquias carecen con frecuencia de una colaboración cercana de las familias. Los párrocos y demás responsables no asumen con mayor empeño la función que les corresponde como primeros catequistas” (DA 296).

A fin de que la catequesis alcance plena eficacia, habrá que esforzarse por lograr integrar en ella a la familia: “Para que la familia sea “escuela de la fe” y pueda ayudar a los padres a ser los primeros catequistas de sus hijos, la pastoral familiar debe ofrecer espacios formativos, materiales catequéticos, momentos celebrativos, que le permitan cumplir su misión educativa. La familia está llamada a introducir a los hijos en el camino de la iniciación cristiana. La familia, pequeña Iglesia, debe ser, junto con la Parroquia, el primer lugar para la iniciación cristiana de los niños. Ella ofrece a los hijos un sentido cristiano de existencia y los acompaña en la elaboración de su proyecto de vida, como discípulos misioneros” (DA 302).

Mi exhortación

Queridos catequistas, los invito como padre a tomar mayor conciencia de la gloria que les cabe por este oficio que la Iglesia les confía. Este servicio exige espíritu de fe, coherencia de vida, capacitación objetiva que se logra mediante el estudio y la experiencia. Les pido, por favor, que tomen conciencia más viva de su misión.

No ejerzan nunca este oficio como quien cumple con una pesada obligación, con el corazón puesto más en otras cosas que en el gozo y la fatiga de trasmitir la fe a los privilegiados por Jesús.

Aprendan a orar con fe viva antes de cada encuentro de catequesis, porque “si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los albañiles” (Sal 127,1). Si ustedes desean transmitir la fe deben recordar que el catequista es y debe ser un peregrino en la fe.

Esfuércense por conocer a cada niño en su situación familiar y social. Procuren escucharlos en sus preguntas, sobre todo relativas a los escándalos dentro y fuera de la Iglesia. Sigan con atención sus dificultades. Hoy día son muchos los niños que provienen de hogares con serios problemas y carencias. Entre otras cosas, menciono el hambre, la deserción escolar, la discordia familiar, las uniones de hecho…, con sus secuelas y condicionamientos psicológicos.

Y recuerden la instrucción tan sabia de San Agustín, quien entendía que en algunos casos es más importante “hablar a Dios del catecúmeno, más que al catecúmeno hablarle de Dios” (La catequesis a los principiantes XIII,18).

Mar del Plata, 6 de agosto de 2013

+ Mons Antonio Marino

Obispo de Mar del Plata

Mensaje catequistas 2013.pdf