ENCUENTRO DIOCESANO DE CATEQUISTAS | “El Catequista: peregrino de la fe”

catequistas encuentro“He recordado la exigencia de redescubrir el camino de la fe para iluminar de manera cada vez más clara la alegría y el entusiasmo renovado del encuentro con Cristo”.
Porta Fidei, 2

Hemos descubierto una senda que nos lleva a ser Peregrinos de la fe. De Dios hemos surgido y a Dios hemos de volver.

Y en este caminar no somos indiferentes a lo que pasa a nuestro alrededor. Una vez más recordamos lo que el Concilio Vaticano II nos decía 50 años atrás: “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de toda clase de afligidos, son también gozo y esperanza, tristeza y angustia de los discípulos de Cristo, y nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón” (Gaudium et Spes, 1).

Como catequistas hemos aprendido a reconocer la presencia del Maestro a nuestro lado, escuchar su Palabra, celebrar con El la Eucaristía, anunciar con pasión la Buena Noticia…

Por estas razones, al llegar el Día del Catequista (nuestro día), queremos encontrarnos, caminar juntos (como los discípulos de Emaús) compartiendo la vida y la misión y renovando con júbilo nuestra fe y compromiso.

El 24 de agosto celebraremos nuestro encuentro, que tendrá un carácter itinerante, a saber:

Concentración: Instituto Stella Maris “Adoratrices” (Mendoza 2343 e/ Falucho y Brown) a las 9:30.

Almuerzo en Ntra. Sra. de Fátima: llevar comida a la canasta.

Adoración Eucarística: Capilla del Divino Maestro (Hnas. Pías Discípulas).

Encuentro en el Colegio Santa Cecilia a las 15:30.

Misa, renovación de la Fe y del compromiso catequético: Iglesia Catedral a las 18:00.

Al asumir su Pontificado, el Papa Francisco nos decía tres hermosas palabras: Caminar, Edificar y Confesar. Este encuentro es una oportunidad para seguir caminando como Catequistas, peregrinos de la fe, edificar juntos la comunidad catequizadora y confesar la fe que da sentido a nuestras vidas.

Hoy, no necesitamos ni bastón ni dos túnicas (cfr. Mc 6, 7-9) sino un oído atento para escuchar la llamada del Maestro y poder decir, al borde del camino “¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?” (Lc 24, 32).

Contamos con tu presencia. ¡Qué Dios te bendiga!