Homilía de monseñor Marino en las ordenaciones diaconales

“Se pusieron en camino para servir a Cristo”

Homilía en la ordenación de los diáconos

Cristian Ezequiel Basterrechea y Hugo Sebastián Vercellone

Catedral de Mar del Plata, 23 de mayo de 2014

Queridos Cristian y Sebastián:

La Iglesia diocesana unida a su obispo, vive con alegría este acontecimiento de gracia. Ustedes recibirán un don sacramental del Espíritu Santo que los constituirá en ministros de su Iglesia en el grado de diáconos. Aunque sólo ustedes reciben este regalo, toda la comunidad de los fieles se beneficia con el mismo.

La ordenación diaconal es un sacramento que los configura con Cristo Servidor, del cual deben ser imitadores e instrumentos. Sabemos bien que el Maestro y Señor de todos, se presentó a sí mismo en repetidas oportunidades como el Servidor por excelencia: “Porque el mismo Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud” (Mc 10,45). Su servicio ha consistido en su vida de obediencia incondicional a la voluntad del Padre, hasta convertirse en ofrenda de amor por todos nosotros.

A imagen de Cristo Servidor, ustedes lo harán presente con el testimonio de una vida entregada a la gloria de Dios y al servicio de los hombres. Aunque en ustedes el diaconado es un paso previo a la ordenación como presbíteros, el don que hoy reciben habrá de permanecer asumido en la gracia superior del sacerdocio.

En este momento de la historia de la Iglesia, los cristianos nos comprometemos a renovar el entusiasmo misionero y evangelizador. Sentimos la urgencia de salir a ofrecer a todos la vida de Jesucristo (cf Francisco, EG 49). Tenemos la convicción de que nuestro anuncio será tanto más fecundo cuanto más crezca en la Iglesia su capacidad de seguir las huellas de Cristo Servidor.

Es por esto que esta celebración tiene un especial impacto pedagógico para toda la comunidad diocesana. Cuando Cristo llama y elige a alguien, el beneficio recae no sólo sobre el individuo sino sobre la Iglesia en su conjunto.

¿Qué mensaje nos trae este acontecimiento? ¿Cuál es el significado para toda la diócesis?

Existe ante todo un significado personal. Sebastián y Cristian quedarán marcados y configurados con Cristo el Servidor de Dios y de los hombres. A semejanza de nuestro Maestro, deberán tener presente que el centro de sus vidas no podrá estar en sus gustos personales sino en la voluntad de Dios, a la cual deberán abrazarse. Como consecuencia, de aquí surgirá el servicio activo a las necesidades de la Iglesia bajo la autoridad del obispo, y la atención esmerada al prójimo, en especial de los más necesitados, como expresión de la caridad mediante la cual se hace presente el mismo Cristo.

Ser dentro de la Iglesia expresión sacramental o signo eficaz de Cristo Servidor, es lo propio de este grado del sacramento del Orden. El servicio de la Palabra divina, de la liturgia y de las obras de caridad, son el ámbito de su ejercicio. El presbiterado al que aspiran como meta y que, Dios mediante, les he de conferir, ampliará la potestad sagrada mediante el don inestimable del sacerdocio, pero no dejará en el olvido la mentalidad de servidores. El lema inspirador elegido por Cristian y Sebastián para esta ocasión, expresa esta voluntad: “se pusieron en camino para servir a Cristo” (3Jn 7).

“Ponerse en camino” es iniciar un itinerario no sólo físico, sino también y principalmente interior. Ponerse en camino “en nombre de Cristo” y para servirlo, abriéndose a sus exigencias. Esto implica el ejercicio nunca acabado en esta vida de asimilar a fondo las palabras del Señor: “El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos” (Mc 9,35). Sólo quien se entrena cada día en la renuncia a la propia voluntad para abrirse a la divina, puede progresar en este camino de humildad y de paciencia, de desprendimiento y desinterés, de serena alegría y de sabiduría auténtica. En el Evangelio hemos escuchado: “El que quiera servirme que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor. El que quiera servirme, será honrado por mi Padre” (Jn12,26).

Pero además del significado personal, esta ordenación trae un mensaje válido para todos. Cristo Servidor quiere hacerse presente ante el mundo a través de una Iglesia servidora. Él es el Buen Pastor que entregó su vida para comunicárnosla, y a través de la Iglesia quiere seguir estando al servicio de la vida de los hombres. Los ministros ordenados no acaparan ni retienen el compromiso del anuncio y del servicio que atañen a todos los cristianos en virtud de los sacramentos del Bautismo y de la Confirmación. Antes bien, existen para mover a todos a anunciar y servir, cada cual en su vocación y estado de vida.

También hoy Jesús se acerca al ciego del camino y desea que Zaqueo lo hospede en su casa. Quiere seguir curando y consolando a los enfermos. Se mueve a compasión con los hambrientos, busca hablar con la samaritana, dialogar con Nicodemo, acercarse a los pecadores y comer con ellos, para que escuchen su enseñanza, se conviertan y tengan Vida. Las funciones específicas e insustituibles de los ministros ordenados, no deben hacernos olvidar que ustedes llevan el nombre de cristianos para ser ante los demás “sal de la tierra y luz del mundo” (Mt 5,13-14). Nosotros existimos para ustedes, querido pueblo de Dios, y ustedes existen para impregnar el mundo y sus realidades con la vida del Evangelio.

Ante la escasez de vocaciones, conocen ustedes, hermanos, la frecuencia con que, como obispo, les pido que “rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha” Lc 10,2). Háganlo siempre, cada día. Pero también conocen la frecuencia con la cual les pido que tomen conciencia de que todos debemos ser discípulos y misioneros de Jesucristo.

Queridos Sebastián y Cristian, los conozco desde hace más de siete años. Saben de mi afecto y aprecio por sus cualidades, y también de mis exigencias y firmezas, pues lo primero no sería útil sin lo segundo. La diócesis de Mar del Plata espera mucho de ustedes. Por eso, todos pedimos al Buen Pastor por su fidelidad. Lo hacemos encomendándolos a la Virgen María, la humilde servidora del Señor.

+ Antonio Marino

Obispo de Mar del Plata

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