LA “SEMANA SOCIAL” de MAR DEL PLATA | Columna por Roberto Benzo

Eran los días inolvidables de la primavera democrática.

En ese clima, en el mes de julio de 1984, se realizó en Mar del Plata la primera Semana Social convocada por la Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Iglesia Argentina, presidida entonces por Monseñor Justo Oscar Laguna, Obispo de Morón, e integrada, entre otros, por Monseñor Rodolfo Bufano, Obispo de San Justo y de tan feliz memoria para los trabajadores argentinos. La encíclica “Laborem exercens” del Papa Juan Pablo II, publicada el 14 de septiembre de 1981, y referida al trabajo humano, fue el tema de aquel encuentro fundacional.

La Semana Social de Mar del Plata, con pretensiones originarias de un “fuerte impacto mediático” que contribuyese a movilizar a la comunidad argentina respecto de las problemáticas tratadas y con una mirada puesta preferentemente en el mundo sindical, convivió durante años con los “Encuentros de Constructores de la Sociedad”, que estaban destinados a la clase política y con las reuniones referidas a temas económicos, pensadas para el ámbito empresarial.

El faro de estas Semanas Sociales es el único que todavía continúa iluminando.

Desde su nacimiento en tiempos marcados por las enseñanzas del documento de los Obispos de Argentina “Iglesia y Comunidad Nacional” (1981) la Semana Social se ha constituido en un fuerte referente para las distintas expresiones de nuestra sociedad.

En estas tres décadas fueron Obispos de Mar del Plata, su tradicional sede, los Monseñores Rómulo García, José María Arancedo, Juan Alberto Puiggari y Antonio Marino.

En la Semana Social de 2007 la exposición central, lúcida y valiente, estuvo a cargo del por entonces Cardenal Jorge Mario Bergoglio, nuestro querido Papa Francisco. En esa ocasión sus palabras nos conmovieron con la denuncia concreta de un hecho de corrupción de menores que por esos días acontecía (acontece?) en Buenos Aires y con el rechazo terminante a la profunda insensatez del “terrorismo demográfico” ensañado con la supresión de la vida en el vientre materno, los jóvenes “descartables” y con el abandono y la muerte provocada a los ancianos al final de la existencia, nos invitaron a superar, a los habitantes de las grandes ciudades, la condición de “consorcistas” (anónimos e indiferentes) para convertirnos en “vecinos” (conocidos y solidarios), nos convocaron a dejar la queja por la queja misma y a pasar a la lucha y al compromiso para cambiar las situaciones de injusticia que nos conmueven y, finalmente, nos enriquecieron con las por entonces novedosas cuatro perspectivas para repensar el conjunto de las relaciones sociales que ahora, por su prédica constante, se nos han vuelto tan familiares: 1) El tiempo es superior al espacio; 2) La unidad prevalece sobre el conflicto; 3) La realidad es más importante que la idea y 4) El todo es superior a la parte.

Fue esa la última visita del Santo Padre a Mar del Plata. Testimonio, enseñanza, austeridad y coherencia nos dejó su paso y permanecen como un recuerdo indeleble.

No escapará al observador atento un dato significativo. Desde el inicio mismo las semanas sociales han ido haciendo el camino junto a una compañera muy querida: la Democracia.

Es por eso que estas Semanas sociales se entienden en el contexto de los diversos servicios que la Iglesia Católica ha prestado a la sociedad argentina en los últimos años.

Sólo tres ejemplos, a la manera de tres hitos históricos, servirán para ilustrar lo antes expresado: a) La paz con Chile. La gestión de paz en 1978 para lograr la mediación de S.S. Juan Pablo II en el diferendo del Canal de Beagle, detuvo una guerra inminente evitando la muerte de una generación de jóvenes y las indelebles secuelas que por décadas nos hubiesen separado de nuestra hermana República de Chile con la que compartimos la tercera frontera terrestre más extensa del mundo. La silenciosa y eficaz labor del Cardenal Raúl Francisco Primatesta, quien más temprano que tarde recibirá el reconocimiento de la historia, fue determinante; b) El “Diálogo Argentino”, en aquel agitado verano de 2002, cuando el futuro de la Patria estaba seriamente amenazado y la disgregación social esperaba a la vuelta de la esquina, fue una luz de esperanza y de propuestas concretas en medio de las tinieblas del momento. La figura y la incansable tarea de Monseñor Jorge Casaretto, permanecerá siempre en la memoria agradecida de los argentinos y c) La defensa de la democracia. Detengámonos en un hecho relevante. El decisivo protagonismo de Monseñor Joaquín Piña, Obispo emérito de Puerto Iguazú, que en el año 2006, encabezando una coalición diversa, logró detener el más avanzado de los intentos reeleccionistas que por entonces asolaban la república atacando una de las piedras angulares sobre las que asienta todo el edificio democrático: la periodicidad en el ejercicio del cargo público. Y la democracia salió fortalecida.

En este momento providencial que nos toca vivir a los argentinos, en tiempos del fecundo papado de Francisco y a juzgar por las experiencias más recientes podemos concluir que a treinta años vista la Semana Social y el servicio de la Iglesia en la Argentina gozan de muy buena salud.

Roberto Benzo – Director de Cáritas Mar del Plata

La Semana Social de Mar del Plata.doc