Mensaje de monseñor Marino a los turistas que visitan la diócesis

“Laudato si’, mi’ Signore”

(San Francisco)

Mensaje a los turistas

Mar del Plata, diciembre 2015

Queridos hermanos turistas:

A ustedes que vienen a pasar unos días de descanso en distintos lugares de nuestra diócesis, les dirijo como todos los años un breve mensaje, con la finalidad de dar un sentido más pleno a este tiempo.

El contacto con la naturaleza, se trate del mar, las sierras o el campo, contribuye a restaurar nuestras fuerzas físicas y espirituales. Lo mismo decimos del compartir momentos recreativos en familia o con amigos.

Sabemos que San Francisco de Asís tuvo una captación profunda de la bondad divina que se manifiesta en toda la creación y que tiene en el hombre su destinatario final. En el Cántico de las creaturas escrito por él se ha inspirado nuestro Papa Francisco para dar nombre a una encíclica publicada en mayo del año 2015 sobre el cuidado de la casa común que es nuestro mundo.

Hoy nuestro hermoso mundo, que es nuestra casa, da signos alarmantes de ruptura del orden puesto por Dios. Y la causa no es otra que el propio hombre. Y surge la pregunta: ¿cómo cuidamos nuestra casa? ¿cómo la volvemos más digna del hombre?

La fe cristiana nos brinda la respuesta. Hace cincuenta años el Concilio Vaticano II enseñaba sabiamente: “En realidad de verdad, los desequilibrios que fatigan al mundo moderno están conectados con ese otro desequilibrio fundamental que hunde sus raíces en el corazón humano” (GS 10).

Aquí está la clave fundamental para interpretar todo desequilibrio que experimentamos en nuestra vida, tanto en su dimensión personal como en la social. De aquí debemos partir si queremos entender a fondo el problema ecológico.

La fe nos dice que Dios ha creado al hombre a su imagen y semejanza, dentro de un mundo ordenado y bueno, y confesamos que la creación surge de una bondad infinita como un don dirigido al hombre. Según nos enseña el concilio Vaticano II, el hombre es la "única criatura en la tierra a la que Dios ha querido por sí misma" (GS 24). Y bella y profundamente el Papa Francisco nos dice en su reciente encíclica Laudato si’: “Todo el universo material es un lenguaje del amor de Dios, de su desmesurado cariño hacia nosotros” (LS 84).

Nos hace bien recordar verdades fundamentales. El “padre de la mentira” (Jn 8,44) indujo al hombre a considerar a Dios como límite de su libertad y de su ansia de felicidad. Al romper su relación con Dios y reivindicar para sí una total independencia de su voluntad, se encuentra el hombre con lo opuesto a lo que buscaba. Al desconocer a Dios como Padre, se quiebra en su armonía interior y trasladará su desequilibrio a la relación con los demás y con el mundo: la tierra le producirá cardos y espinas, el trabajo se le volverá penoso, se distorsionarán las relaciones entre el varón y la mujer, y Caín matará a Abel (cf. Gen 3,17-20).

Ésta es también la causa por la cual hoy sentimos preocupación por el creciente deterioro de nuestro planeta. Será mucho más difícil tender a los valores de una sociedad más justa, fraterna y solidaria; y podrán resultar estériles las preocupaciones ecológicas actuales, si no entendemos la enseñanza bíblica que el Papa Francisco resume de este modo en el magisterio de su última encíclica: “Según la Biblia, las tres relaciones vitales (con Dios, con el prójimo y con la tierra) se han roto, no sólo externamente, sino también dentro de nosotros. Esta ruptura es el pecado. La armonía entre el Creador, la humanidad y todo lo creado fue destruida por haber pretendido ocupar el lugar de Dios, negándonos a reconocernos como criaturas limitadas. Este hecho desnaturalizó también el mandato de «dominar» la tierra (cf. Gn 1,28) y de «labrarla y cuidarla» (cf. Gn 2,15)” (LS 66).

La primera consecuencia que debemos sacar, si queremos aprovechar bien las vacaciones, es que lo mejor que podemos hacer es cuidar nuestro corazón y ponerlo en paz y sintonía con Dios. En este Año de la Misericordia, Cristo nos invita a experimentar la misericordia de Dios Padre, mediante el sacramento de la reconciliación y la confesión de nuestros pecados. Nos invita también a ser misericordiosos, pues quien ha experimentado la misericordia divina, siente la necesidad de volverse misericordioso con los demás, practicando las obras de misericordia, corporales y espirituales.

Parte de este ejercicio de misericordia consiste en el cuidado de la creación, como expresión de nuestra preocupación por los demás: ¿qué mundo queremos dejarle a las próximas generaciones? Con vigor, nuestro Papa decía: “La tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería” (LS 21). Y también afirmaba: “el deterioro del ambiente y el de la sociedad afectan de un modo especial a los más débiles del planeta: «Tanto la experiencia común de la vida ordinaria como la investigación científica demuestran que los más graves efectos de todas las agresiones ambientales los sufre la gente más pobre»” (LS 48).

Queridos hermanos turistas, con el apóstol San Pablo les digo: Déjense reconciliar con Dios (2Cor 5,20). Les recuerdo las palabras de Jesús: “Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso” (Lc 6,36). Honremos a Dios cuidando su creación y preocupándonos de los más pobres.

+ Antonio Marino

Obispo de Mar del Plata

Mensaje turistas 15-16.doc

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