El obispo presidió las fiestas patronales de la Virgen de Luján en Batán

Ayer al mediodía, el obispo de Mar del Plata, monseñor Antonio Marino presidió las fiestas patronales de la parroquia Nuestra Señora de Luján de Batán, ubicada en Ruta 88 kilómetro 12,5, en el día de la solemnidad de la Ascensión del Señor, en el que la Iglesia Católica celebra también, la Jornada de las Comunicaciones Sociales. En un templo colmado de fieles, y sobre todo de muchos niños del lugar, se rezó a la patrona de Argentina, pidiendo por la patria, los enfermos, las familias. Concelebró Daniel Climente, cura párroco de Batán.

“Hoy es un día grande, celebramos la fiesta de la Ascensión del Señor al cielo, cuarenta días después de Pascua, junto con esta solemnidad la Iglesia dirige un pensamiento sobre los medios de comunicación social que todos usamos; y por supuesto si estoy presente entre ustedes, es porque el 8 de mayo se celebra la solemnidad de la Virgen de Luján, patrona de este lugar y patrona de toda la Argentina, y en este año coinciden las fechas”, inició diciendo el obispo en su homilía. “Veo muchos chicos, este es un signo de familia, un signo hermoso de vida, la presencia de los niños nos hace pensar que todos nosotros, como dice Jesús, tenemos que volvernos como niños para poder entrar en el reino de Dios”.

“Los católicos argentinos celebramos la solemnidad de nuestra madre, bajo la advocación secular y entrañable de Nuestra Señora de Luján, es la patrona de nuestra patria, y desde hace casi 400 años, nos dirigimos a ella como quienes buscan la estrella orientadora que nos guía en la oscuridad del mundo. La sentimos como un faro de luz, que nos llama a ser puerto seguro en medio de la noche tempestuosa de nuestra historia”, expresó el obispo sobre la Virgen María. Y luego añadió “hoy en la basílica de Luján, el arzobispo de allí, introducirá la causa de beatificación del negro Manuel que fue testigo del milagro de Luján, y cuidador celoso de la imagen de la Virgen. Acá el padre Daniel me cuenta que le enviaron cartas al papa Francisco, pidiéndole por esta beatificación, ¡qué lindo gesto! Era un hombre muy humilde, traído como esclavo de África y a esta persona tan humilde y ejemplar, la Virgen lo eligió como hijo suyo y especial y custodio de esa devoción entrañable. Y junto con el negro Manuel, el padre Salvaire que se dedicó a fomentar el culto a la Virgen y quien fue misionero en épocas difíciles de malones y dijo que si quedaba libre se iba a encargar de construir un gran templo a la Virgen. Una vez liberado, con todas sus fuerzas, se puso a diseñar él, ese templo estudió, se inspiró en las grandes catedrales de Europa para hacer el mejor templo posible para la Virgen. Fue una gran figura sacerdotal”.

Por último monseñor Marino señaló, “las fiestas patronales tienen que ser un momento de renovación en el entusiasmo, para eso está el obispo hoy, para renovarlos y para sentir comunión entre todos, con la Iglesia, con el obispo y con el sacerdote que es el párroco. Me alegra mucho en verlos en gran número, esto significa que hay un trabajo pastoral, porque el sacerdote no está solo, sino que impulsa a los laicos a una presencia de fe cristiana, en Batán pero que hay que seguir evangelizando. Para eso estoy aquí, para felicitarlos, alentarlos, bendecirlos y también junto con la Virgen de Luján profesar nuestra fe por las calles”.

Luego de la homilía el obispo bendijo unas imágenes de la Virgen de Luján que irán peregrinando por las casas de familias hasta el 8 de diciembre. Finalizada la misa, se realizó la procesión por las calles, dirigiéndose también a algunos lugares importantes de la ciudad, como el hogar de ancianos, la escuela, el centro comercial.

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