Una gran multitud de fieles católicos se reunieron para celebrar Corpus Christi

Esta tarde todos los fieles de las parroquias de la ciudad, movimientos y colegios católicos se reunieron en la celebración del corpus Christi, que fue presida por monseñor Antonio Marino, obispo de Mar del Plata en la Catedral. Luego de la misa, como es tradición, se realizó la procesión por las calles del centro de la ciudad, con el Santísimo Sacramento que fue llevado en andas, mientras los fieles rezaban y cantaban. Al llegar nuevamente al templo el obispo realizó la bendición en las escalinatas.

Luego de leer el evangelio de Lucas, sobre la multiplicación de los panes realizada por Jesús, monseñor Marino expresó en su homilía “Este alimento del Señor tiene dos formas fundamentales: su Palabra que ilumina el camino y la Eucaristía que restaura las fuerzas desgastadas, prefigurada en este milagro de la multiplicación de los panes. Al escuchar las palabras de Jesús: Denles de comer ustedes mismos, la Iglesia entiende que el Maestro se dirige a la totalidad de sus miembros, no sólo a la jerarquía, sino a cada cual en su propia vocación y capacidad”.

Más adelante, renovando la invitación a los cristianos para ser mensajeros de la palabra de Jesús, detalló “las formas de hambre y de pobreza que padecen los hombres son muy variadas. Hay hogares donde escasea el pan y falta el trabajo para lograrlo dignamente. Sabemos que la palabra pan tiene una amplitud de significados. Hay también un hambre espiritual y padecimientos del alma. Los niños y los jóvenes, en especial, experimentan el enorme esfuerzo de encontrar sentido y rumbo, en una sociedad donde las familias han perdido la capacidad de educar y orientar. Hay carencias de afecto no sólo en los niños sino también en los ancianos. Muchos buscan a tientas la verdad y una vida más lograda y más plena. De necesidades y privaciones está llena esta tierra. Ante este panorama de dolencias y de hambre material y sed de sentido, en esta solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, resuenan con renovada fuerza las palabras del Señor: Denles de comer ustedes mismos”.

Más adelante, refiriéndose a esta celebración del “Corpus Christi” o Cuerpo y Sangre de Cristo, Marino explicó, “esta fiesta fue instituida para adorar la presencia real del Señor. Al término de esta santa misa saldremos en procesión por las calles de la ciudad llevando en la custodia el Santísimo Sacramento del altar. Es un signo elocuente del inmenso amor misericordioso de Cristo hacia todos nosotros. Su amor extremo reclama nuestra adoración y el don de nosotros mismos. No nos cansemos de adorar”.

Finalmente dijo en la homilía a los fieles “La Eucaristía es el centro de nuestra vida y de la acción misionera del Pueblo de Dios. Se trata del máximo tesoro de la Iglesia. Lo hemos recibido para darlo. Habiéndolo gustado, queremos compartirlo. En el nombre del Señor y como obispo de Mar del Plata quiero agradecer, felicitar y alentar a todos los que trabajan en las variadas instituciones que expresan la acción caritativa de la Iglesia. Es mucho lo que se luego de hace, pero el Señor nos pedirá siempre más hasta el don de nosotros mismos”.

Minutos después de la distribución de la comunión, el obispo, sacerdotes y todos los fieles se dispusieron para peregrinar por las calles del microcentro de la ciudad. La hostia consagrada fue llevada en andas por sacerdotes y custodiada por los “Niños adoradores de Jesús”, grupo de niños que los sábados se reúnen para rezar frente a Jesús. La multitud de fieles, venida de todos los rincones de la ciudad, peregrinó por las calles Mitre hasta Rivadavia, de allí a Catamarca retomando por San Martín hasta reunirse en la puerta de la Catedral. Luego de la bendición con el Santísimo Sacramento en las escalinatas, el obispo manifestó “es siempre muy grato, reunirnos en la festividad de Corpus Christi y ver que la Iglesia que está siempre mezclada como la sal, en lo cotidiano, se hace visible. La manifestación por las calles de la ciudad, tiene que ser un signo, salimos con la riqueza que tenemos: el evangelio de Jesús, la fe, que es para dar. Animémonos a celebrar, anunciar y también a sumarnos a las distintas iniciativas que se proponen en las comunidades. Mi afecto de padre y pastor para todos”.

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