Homilía de monseñor Marino en la festividad de San Cayetano

“Felices los misericordiosos”

(Mt 5,7)

Homilía en la fiesta de San Cayetano

Parroquia de San Cayetano – Mar del Plata

7 de agosto de 2016

Queridos hermanos:

En el día del Señor, celebramos ante todo el triunfo pascual de Cristo sobre el pecado y la muerte. En el Gloria de la Misa decimos de él: “porque sólo tú eres Santo, solo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo”. Él es el Santo por excelencia, y por eso mismo es también “fuente y modelo de toda santidad”.

Hoy recordamos a un discípulo ejemplar, fiel hijo de la Iglesia y modelo de pastor para el pueblo de Dios. San Cayetano supo expresar con su conducta un abandono confiado en la divina Providencia de Dios Padre, según la enseñanza de Jesús que él tomó como lema inspirador para la Orden de los Clérigos Regulares Teatinos que él fundó: Busquen primero el Reino y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura” (Mt 6,33). Pero de esta plena confianza en el amor providente y misericordioso de Dios, supo también sacar fuerzas para expresar con sus gestos “la entrañable misericordia de nuestro Dios”.

Ante las circunstancias actuales, en las que muchos hermanos nuestros carecen de bienes indispensables para vivir dignamente, cabe preguntarnos si hemos entendido bien esta enseñanza evangélica. Hay hogares en los que escasea el pan, y son muchos quienes no pueden experimentar el derecho y la dignidad de ganarlo para sí y su familia, mediante el trabajo. Cuando no se puede dar satisfacción a requerimientos primarios, nos interrogamos: ¿qué significa para nosotros, como creyentes en Cristo y en cuanto Iglesia congregada en su nombre, este abandono confiado en la divina Providencia y la invitación de Jesús de no inquietarnos por el mañana (Mt 6,31-34)?

Este abandono en la Providencia, esta prioridad absoluta que otorgamos a la voluntad de Dios, lejos de enfriar nuestro entusiasmo por volver más humana nuestra vida y la de los demás, despierta en nosotros las energías de la esperanza y reaviva la llama del compromiso de luchar por un mundo más conforme con la vocación del hombre y con la gloria de Dios. Tanto si somos simples ciudadanos o bien funcionarios responsables del bien común, nuestra fe cristiana nos lleva al compromiso, nunca a la negligencia.

La confianza en la Providencia me invita a convertirme en instrumento suyo al servicio de los demás. Si queremos que Dios nos ayude debemos colaborar con Él en los problemas de nuestra vida y en las necesidades de los demás.

Nos dice el Papa Francisco: “A San Cayetano pedimos pan y trabajo. El pan es más fácil conseguirlo porque siempre hay alguna persona o institución buena que te lo acerca, al menos en Argentina donde nuestro pueblo es tan solidario. Hay lugares en el mundo que ni esa posibilidad tienen. Pero trabajo es tan difícil lograrlo, sobre todo cuando seguimos viviendo momentos en los cuales los índices de desocupación son significativamente altos. El pan te soluciona una parte del problema, pero a medias, porque ese pan no es el que ganás con tu trabajo. Una cosa es tener pan para comer en casa y otra es llevarlo a casa como fruto del trabajo. Y esto es lo que confiere dignidad”.

Siguiendo estas orientaciones de nuestro Papa, como Iglesia escuchamos, acompañamos, bendecimos, expresamos nuestra cercanía y comprometemos nuestra oración; y sobre todo exhortamos a no perder la esperanza y abrirnos a la fe en un Dios que cuida de nosotros con amor providente y misericordioso.

Que las espigas que muchos fieles llevan en sus manos, sean un símbolo de todo esto.

+ Antonio Marino

Obispo de Mar del Plata

Homilía San Cayetano 2016.docx

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