“La Virgen María la más hermosa y pura, tiene un corazón enorme como el mundo donde entramos nosotros”

Monseñor Marino celebró a la Inmaculada concepción en la Gruta de Lourdes.

Como lo viene realizando desde hace varios años, esta mañana, el obispo de Mar del Plata, monseñor Antonio Marino, celebró la solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María en la Gruta de Lourdes, ubicada en Magallanes 4051, puerto marplatense. Concelebró el párroco del lugar, presbítero Miguel Cacciutto. Durante la eucaristía, ante una gruta colmada de fieles, un centenar de niños realizó su segunda comunión.

Durante la homilía, el obispo habló a los niños, y explicó “Hay un nuevo Adán que es Jesús y una nueva Eva que es María. En este caso, el nuevo Adán es muy superior porque es Dios, y María es sólo criatura, pero ella es lo más hermoso que hizo Dios. Como tenía que ser la madre del Hijo eterno de Dios, la hizo toda hermosa. María desde el primer instante quedó liberada del pecado”.

“María es también nuestra Madre, ella es una criatura humana, pero sobre ella está la Trinidad, y debajo de ella todo el universo, incluso los ángeles y los santos. Es lo más hermoso, lo más puro y esto en lugar de distanciarla de nosotros, la aproxima, porque ella tiene un corazón enorme como el mundo y ahí entramos todos nosotros. Ella tiene cuidado de cada uno de nosotros y quiere que seamos fieles discípulos de su Hijo Jesús. Nos deja ejemplo y nos socorre con su intercesión, porque ella vive pidiendo siempre a Dios, al padre, por su Hijo Jesucristo; que tengamos el socorro de la gracia para no incurrir en error, en pecado. Eso es lo que hoy celebramos”, mencionó monseñor Marino.

Finalmente, se dirigió en su homilía a los niños “ustedes hacen hoy la segunda comunión solemne, es el inicio de una serie que no tiene que interrumpirse nunca. La comunión no es solo para esta etapa de la vida, nos tiene que acompañar en todo el camino, hasta que nos vayamos de este mundo. Por eso es importante acercarnos a la misa, y siempre bien dispuesto”. Al terminar la misa, les recordó que los quería mucho y que rezaba por ellos, para que sean fieles discípulos de Jesús.

Luego de la consagración, en el momento de la distribución de la comunión, cada niño se acercó con fe a recibir a Jesús en la eucaristía. Los niños pertenecían a los colegios Inmaculada Concepción, Huinco-Monseñor Enrique Rau, al colegio y a la parroquia Sagrada Familia, al colegio San Alberto y al Nuestra Señora del Carmen, y también a la parroquia San Benedetto.

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