Homilía de monseñor Marino en la coronación pontificia de la Virgen de la Scala

Maria Santissima della Scala, escalera al Paraíso

Homilía con ocasión de la coronación pontificia

Mar del Plata, 7 de enero de 2017

Queridos hermanos:

Dirijo un especial saludo a Don Francesco Mazzoli, párroco de Santa María La Scala, por sus cálidas palabras al inicio de esta celebración. Él nos ha traído también la salutación fraterna del obispo de Acireale, Mons. Antonino Raspanti.

La feligresía católica del Puerto vive hoy un momento de intensa alegría, con ocasión de la coronación pontificia de la venerada imagen de la Virgen con su Niño, conocida bajo la advocación de Maria Santissima della Scala.

La Gruta de Lourdes brinda un marco adecuado a esta fiesta. Se trata de un lugar mariano por excelencia, que tiene una rica tradición de catolicismo popular. Desde sus orígenes la inmigración italiana dejó aquí y en este extenso barrio una profunda huella en la vida social y se fueron constituyendo diversas colectividades de pueblos provenientes de variados rincones de Italia.

Entre estas colectividades se ha destacado la de los descendientes de la ciudad de Acireale, en Sicilia, con su acendrada devoción a la Madonna della Scala, también conocida entre la gente del puerto como Madonnina del mare.

Es el momento de hacer un breve resumen de historia. La devoción a Maria Santissima della Scala se originó muchos siglos atrás. En el pueblo pobre y humilde de Acireale, la Virgen María era invocada bajo esta advocación que trae resonancias de afecto y piedad, y que encierra un hondo significado teológico. Por su estrecha unión con Jesús a quien sostiene en sus brazos, es vista como escala al Paraíso y como seguro refugio en el peligro.

Algunos acontecimientos históricos hicieron vivir a este pueblo situaciones de grave peligro y angustia, donde la Virgen hizo sentir el poder de su intercesión. Entre ellos mencionamos dos especialmente. El primero, la erupción del Etna en el año 1669, ocasión para que luego se levantara un templo en su honor. El segundo, el maremoto de Messina del año 1908, cuando las aguas amenazaban con arrasar el humilde pueblo de pescadores. Fue ésta una nueva y profunda experiencia de intervención de la Madre de Dios, invocada con fe. De allí que cuatro años más tarde sería bendecida una hermosa imagen en su honor.

La primera guerra mundial, que estalló en 1914, fue un factor poderoso que desencadenó una intensa inmigración de gente sencilla y de trabajo hacia nuestra tierra. Entre estos inmigrantes, un grupo notable de hombres de mar, pescadores materialmente pobres, pero ricos en su fe cristiana y católica, con deseo de ganar el sustento para mantener a sus familias, llegaron a Mar del Plata, provenientes de Acireale. Es muy significativo que se autodenominaran scaloti, por referencia a la Virgen della Scala.

Podemos afirmar que fueron los pioneros de la actividad pesquera en nuestra ciudad, cuando el muelle se encontraba aún emplazado en el centro de Mar del Plata. En el año 1924, un fuerte temporal lo destruyó y arrastró a todas las embarcaciones, quedando a salvo sólo una, llamada Maria Catina, cuyo dueño Alfio Greco, en medio de la tempestad, imploraba de rodillas, a la Virgen tan querida y venerada, alcanzar la orilla.

A partir de ese momento, la advocación de la Virgen della Scala comenzó a resonar con fuerza en la comunidad de pescadores. Pasaron los años hasta que en 1950 unas trescientas familias de la colectividad se decidieron a tener una digna imagen de la patrona que fue bendecida en 1952. Es la misma que desde entonces estuvo en el templo de la Sagrada Familia y San Luis Orione, donde vivió el gran santo de la caridad. Así su celebración se fue realizando en forma ininterrumpida, generando una hermosa tradición, al modo cálido y festivo que sabe darle la colectividad no sólo de los “escalotos”, sino de toda esta zona del puerto.

De este modo, el movimiento devocional siguió creciendo. En diciembre de 2013, al cumplirse 105º años del “Maremoto de Messina”, los descendientes de aquellos primeros inmigrantes entronizaron en la histórica Banquina de Pescadores una réplica de la imagen que se encuentra en la parroquia, para que todos los marplatenses y turistas puedan conocerla. Desde hace ya muchos años, su presencia en la Banquina es fuente de fe, consuelo y amor de una Madre para con sus hijos que se internan en el mar. Antes de partir se encomiendan a ella, para volver seguros, y en caso de que la tempestad los abrume, que sea ella quien les abra las puertas del cielo y dé consuelo a sus familias.

El amor de sus devotos no se ha detenido. Una Comisión proyectó la iniciativa de obtener para la venerada imagen que se encuentra en el templo parroquial de la Sagrada Familia y San Luis Orione, el privilegio de la coronación pontificia. Y al mismo tiempo construirle una digna hornacina que armonizara con el estilo de este templo.

Una y otra cosa obtuvieron mi aprobación y la Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos, presidida por el cardenal Robert Sarah, concedió la petición en nombre del Papa Francisco.

Llegó finalmente el momento de cumplir este noble deseo. Y por eso hoy damos cumplimiento a ese anhelo honrando con sendas coronas a la Virgen y al Niño Dios. Esta imagen sagrada es un signo de la misericordia divina reflejada en el rostro maternal de la Virgen que sostiene en su brazo su máximo tesoro que es Jesús.

Es significativo destacar que estas coronas tienen su origen material en las donaciones de muchas familias que se fueron desprendiendo de objetos valiosos. Pero el origen espiritual es más significativo aun, y se ubica en el corazón lleno de fe y amor de estas familias que mantienen viva la memoria de las gracias recibidas. Se afirma de la gratitud que es la memoria del corazón. Al contemplar el ardiente fervor con que han preparado esta fiesta entendemos bien la verdad que encierra esta afirmación. Podemos decir, sin temor a exagerar, que en estas coronas palpita la sangre y se expresan los sentimientos de un pueblo agradecido.

Aprovecho para agradecer a mi hermano en el episcopado, Mons. Antonino Raspanti, obispo de Acireale, por sus gestiones para facilitar la concreción de este sueño. La gratitud se extiende a muchas otras personas que sería largo enumerar.

Como obispo deseo recordar a todos cual es la corona que la Virgen más espera. Las coronas materiales responden a un legítimo impulso de la piedad y ayudan a nuestra devoción. Pero este rito hermoso que vamos a realizar nos debe recordar el compromiso que adquirimos de mantener la forma de vida que Jesús, el Hijo de la Virgen y nuestro Salvador, nos ha enseñado en el Evangelio. En definitiva, el mensaje principal y constante que la Virgen nos transmite, con su ejemplo y las pocas palabras que de ella conocemos, se resume de esta manera: “Hagan todo lo que él les diga” (Jn 2,5).

Es muy importante recordar que esta proclamación de la realeza de María sobre la comunidad pesquera, coincide con su actitud de servicio. La más alta Reina es la más humilde servidora de Dios y de los hombres.

Exhorto, por tanto, a todos los presentes a grabar en la mente las enseñanzas de Jesús y meditarlas con frecuencia; también a participar de la Misa de cada domingo; y a seguir dando testimonio cristiano como ustedes lo saben hacer, cuidando el don del matrimonio y de la familia, promoviendo obras de amor, servicio al prójimo y ayuda solidaria. De este modo, mantendrán las santas tradiciones de muchas generaciones de sus antepasados y serán dignos testigos del Señor que evangelizan con el ejemplo de la vida.

+ Antonio Marino

Obispo de Mar del Plata

Homilía Madonna della Scala-coronación.doc

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