Homilía de monseñor Antonio Marino, en el miércoles de cenizas

 

 

Un camino de verdadera conversión”

(Oración colecta)

Homilía del miércoles de ceniza

Catedral de Mar del Plata, 1º de marzo de 2017

Con esta Misa y el rito de la imposición de las cenizas, damos comienzo al tiempo de Cuaresma. Iniciamos un camino espiritual de preparación a la fiesta mayor de los cristianos, que es la Pascua. En el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Cristo se resume lo central de nuestra fe. La Iglesia nos enseña cómo debemos vivir este tiempo, para que obtengamos más abundantes frutos espirituales de la celebración del misterio pascual.

La palabra Cuaresma, como sabemos, está relacionada con la cuarentena de días de preparación antes de la Pascua. Evoca los cuarenta días de Jesús en el desierto de Judá, que a su vez recuerdan y recapitulan los cuarenta años que Israel transcurrió en el desierto del Sinaí, desde la salida de la esclavitud de Egipto hasta su ingreso en la tierra prometida.

En ambos casos, el desierto fue una realidad geográfica con un alto poder simbólico. Porque como enseña San Pablo al hablar del éxodo de Israel y de las tentaciones sufridas: “Todo esto les sucedió simbólicamente, y está escrito para que nos sirva de lección” (1Cor 10,11). Allí donde Israel sucumbió con frecuencia a la tentación, Cristo triunfó en lugar nuestro, dejándonos ejemplo y remedio.

De este modo, nos abrió el camino y nos mereció la gracia para orientarnos sabiamente en el desierto de la vida, donde la tentación puede acechar a cada paso. Porque fuimos creados por Dios como hombres libres, pero el pecado rompió nuestra comunión de vida con Dios, y dañó nuestra armonía interior, volviéndonos esclavos de nuestro propio desorden. Y así fuimos volcando nuestro desequilibrio en las relaciones con los demás y con el mundo en que vivimos.

La Cuaresma debe caracterizarse como un ejercicio de libertad que se implora y se experimenta bajo el auxilio de la gracia de nuestro Salvador. Sólo Él puede liberarnos de nuestras esclavitudes internas: “Les aseguro que todo el que peca es esclavo del pecado (…). Por eso, si el Hijo los libera, ustedes serán realmente libres” (Jn 8,34.36).

La liturgia de este día nos indica rasgos esenciales de la espiritualidad de la Cuaresma. Nos invita a la conversión, a un cambio que debe comenzar en nuestra mentalidad para luego traducirse en nuestros actos. Todo tiempo es apto para convertirnos, pero estos días de Cuaresma llevan una especial garantía de gracia, y por eso la Iglesia aplica a estos días y semanas las palabras que encontramos en la carta de San Pablo: “En el momento favorable te escuché, y en el día de la salvación te socorrí. Este es el tiempo favorable, este es el día de la salvación” (2Cor 6,2).

Esta conversión es más obra del amor misericordioso de Dios que fruto de nuestro esfuerzo. Por eso el Salmo 50 multiplica expresiones como: “¡Lávame totalmente de mi culpa y purifícame de mi pecado!” (50,4); “Purifícame con el hisopo y quedaré limpio; lávame, y quedaré más blanco que la nieve” (50,9); “Crea en mí, Dios mío, un corazón puro, y renueva la firmeza de mi espíritu” (50,12). Sin la ayuda divina del Espíritu del Señor, no hay nada inocente en el hombre.

Pero bajo el auxilio de la gracia, nuestra conversión requiere igualmente nuestra activa colaboración. Por eso hemos escuchado al profeta Joel clamar por un cambio personal y colectivo, con gestos concretos de compunción del corazón, acompañados de oración y ayuno: “Vuelvan a mí de todo corazón, con ayuno, llantos y lamentos. Desgarren su corazón y no sus vestiduras, y vuelvan al Señor” (Joel 2,12-13). En nombre de Dios, el profeta invita a dejar todo lo que se estaba haciendo y llama a reunirse en asamblea, donde los sacerdotes digan: “¡Perdona, Señor, a tu pueblo, no entregues tu herencia al oprobio!” (Jl 2,17).

El mismo Jesús nos indica un camino de conversión y libertad sintetizado en tres palabras, que indican tres áreas fundamentales de examen y ejercicio: limosna, oración, ayuno.

La Cuaresma nos llama a revisar nuestra relación con Dios intensificando nuestra oración, sin la cual será imposible que entendamos las palabras del Evangelio. Penetrar en su comprensión, es gracia que sólo se obtiene rezando. Durante este tiempo, las parroquias se esmeran por facilitar formas de oración personal y comunitaria.

El mayor contacto con la Palabra divina y la frecuentación de la oración nos abrirán los ojos para descubrir aquellos aspectos de nuestra conducta y carácter que no dominamos y que muchas veces nos tienen prisioneros en nuestra cárcel interior. Pero no basta descubrir esos límites a nuestra libertad sino que nos debemos empeñarnos con humildad en un esfuerzo activo que irá aumentando progresivamente nuestra capacidad de dominio de nosotros mismos. La Cuaresma es el tiempo más adecuado para pequeñas renuncias cotidianas que agilizan nuestra capacidad de respuesta espontánea a la voluntad de Dios. Además de los dos únicos días de ayuno, como este miércoles y el viernes santo, podemos y debemos descubrir otras oportunidades y formular propósitos de recortes voluntarios a nuestros legítimos gustos.

En cuanto a la limosna, recordemos la enseñanza del Santo Padre, en su mensaje cuaresmal para este año, donde nos dice que el hermano necesitado es un don que nos llama a la conversión: “La Cuaresma es un tiempo propicio para abrir la puerta a cualquier necesitado y reconocer en él o en ella el rostro de Cristo”. Como les decía en mi propio mensaje cuaresmal redactado para toda la diócesis: “Llenemos de sentido el santo tiempo de Cuaresma. Dejémonos interpelar por Jesucristo y abramos el corazón con espíritu solidario al don que son nuestros hermanos”.

Además de las obras de caridad que podemos realizar personalmente, invito a todos a tener en cuenta la campaña cuaresmal de este año. “En el marco de la celebración de los 60 años de nuestra diócesis buscando ser con la gracia de Dios comunidades orantes, fraternas y misioneras, según el lema que hemos elegido, tomado del Siervo de Dios, cardenal Eduardo Pironio, los invito a colaborar activamente en la colecta anual del Fondo Diocesano para la Evangelización”.

“Este gesto podrán realizarlo llevando su ofrenda en la celebración de las Misas del fin de semana del sábado 25 y domingo 26 de marzo o tomando contacto con cada una de sus comunidades parroquiales o educativas donde se les informará de qué otras formas se puede vivir este gesto cuaresmal de respuesta a Dios y compromiso con los más necesitados” (Mensaje de Cuaresma).

Que las prácticas propias de este tiempo, nos permitan “disponernos con gozo a la celebración de la Pascua con un corazón purificado” (Prefacio). Lo pedimos unidos a María, la Madre del Salvador.

+ Antonio Marino

Obispo de Mar del Plata

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