Homilía de monseñor Marino en la solemnidad de la Anunciación y día del niño por nacer

“Salve puerta, que dio paso a nuestra luz”

Homilía en la Anunciación del Señor

Pquia. Asunción de la Ssma. Virgen. Mar del Plata, 24 de marzo de 2017

Día del niño por nacer

Queridos hermanos:

Con esta Misa vespertina anticipamos hoy una de las fiestas más importantes del año litúrgico: la Anunciación del Señor. Se trata del momento crucial en que el Hijo eterno de Dios comienza a existir en el tiempo en las entrañas virginales de María.

Con la encarnación del Verbo estamos en el inicio de la redención de los hombres. Dios establece una solidaridad profunda con nosotros. El Hijo de Dios empieza a ser también hijo de María. No deja de ser Dios pero se ha vuelto hombre. Es al mismo tiempo eterno y temporal, omnipotente y frágil. Llena con su presencia todo cuanto existe, pero se oculta en el seno de una joven doncella de Nazaret. Comienza un sublime intercambio. Asume lo nuestro para darnos lo suyo. Se abaja para elevarnos. Se humilla para glorificarnos. Se hace pobre para enriquecernos con su pobreza.

La Virgen María no es mera receptora pasiva de este misterio. Es protagonista, pues no sólo oye sino que responde y colabora. El anuncio del Ángel Gabriel se refiere al Salvador, pero éste no viene al mundo invadiendo sus entrañas. El Rey Mesías descendiente de David, ingresa tras su libre consentimiento: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho» (Lc 1,38). Aquí como en la hora de la Cruz brilla como nueva Eva.

Paradoja de nuestra fe: al mostrarse como humilde servidora, está ejerciendo el acto supremo de su libertad. ¿Qué es la libertad verdadera y plena del hombre sino la capacidad de elegir siempre en conformidad con la voluntad liberadora de Dios, sin resistencia alguna de pecado?

Para esto el Espíritu Santo desde su concepción hace de María una nueva creatura, exenta de la herencia de pecado para que pudiese abrazar de todo corazón la voluntad salvadora de Dios. Así preparaba a la Virgen para este momento en que el ángel la saluda como la “llena de gracia” (Lc 1,28) y aguarda la respuesta por la que se asocia al designio salvífico de Dios.

Adoremos el misterio de la encarnación que señala el inicio del sacrificio redentor. La esencia del mismo radica, como hemos escuchado en la Carta a los Hebreos, en las siguientes palabras del libro de los Salmos, puestas en labios del Hijo al entrar en este mundo: “Aquí estoy, yo vengo para hacer tu voluntad” (Heb 10,9). Se trata del amor obediente que, desde su naturaleza humana, expresa el Hijo enviado al Padre que lo envía. En este amor redentor, Jesucristo asocia a su Madre, como madre y modelo de la Iglesia.

Saludemos hoy en María a la nueva Eva, como la puerta por donde entró la luz en este mundo lleno de oscuridad. Con palabras de un himno de la liturgia le decimos: “Salve puerta, que dio paso a nuestra luz”.

En concordancia con esta solemnidad celebramos hoy el Día del niño por nacer. En este mundo en tinieblas, la vida está siempre amenazada y vivimos el drama del que habla el prólogo del Evangelio de San Juan. En el Verbo, en la Palabra de Dios, “estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron” (Jn 1,4-5).

Cuando falta por entero la luz, podemos tropezar y caer. Hoy se manifiesta con fuerza una mentalidad que amenaza de distintas maneras la dignidad inviolable de la vida humana. Una de ellas es considerar al niño por nacer como enteramente disponible al parecer de la madre o de los profesionales, al amparo de leyes contrarias al orden puesto por el Dios del amor y de la vida.

Es muy saludable recordar las valientes palabras pronunciadas por Santa Teresa de Calcuta en Washington ante los poderosos de la tierra, el 3 de febrero de 1994: “Si aceptamos que una madre puede asesinar a su propio hijo, ¿cómo podemos decirle a los demás que no se maten unos a otros? ¿Cómo podemos convencer a una mujer de no tener un aborto? Como en todo, debemos persuadirla con amor y recordemos que amar significa dar hasta que duela. Jesús dio hasta su vida por amarnos. Así que la madre que esté pensando en abortar, debe ser ayudada a amar, o sea, a dar hasta que le duelan sus planes, o su tiempo libre, para que respete la vida de su hijo. Porque el niño es el mayor regalo de Dios a la familia, porque ha sido creado para amar y ser amado”.

Como Iglesia diocesana, no sólo proclamamos el evangelio de la vida, sino que nos comprometemos en su defensa con nuestras iniciativas. Por eso hoy deseo brindar un sentido homenaje al numeroso grupo de laicos que colaboran con la institución Ain Karem, dedicada al servicio de la vida por nacer, que ya va por su sexto año de existencia.

En la fiesta de Corpus Christi de 2011, a sólo tres semanas desde mi llegada a esta diócesis, pronuncié estas palabras:“Quiero que en nuestra diócesis se implemente una acción decidida de atención y socorro eficaz a toda mujer que por cualquier circunstancia sobrelleve un embarazo no deseado. La Iglesia no sólo denuncia lo que está mal, sino que se compromete en la promoción del bien, en la medida de sus fuerzas”. Bien pronto se presentaron los primeros entusiastas. De manera espontánea y creciente, fueron muchos los que vinieron a ofrecer sus servicios en esta gran obra que tantas legítimas alegrías nos ha traído. Para todos, mi cordial bendición en el nombre de Jesús, Luz del mundo y Vida abundante para los hombres.

+ Antonio Marino

Obispo de Mar del Plata

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Homilía Anunciación 2017.docx

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