Los #trespuntitos para reflexionar con monseñor Gabriel Mestre | Domingo 22° del ciclo A

Domingo 22º Durante el año, ciclo A. 3 septiembre de 2017

Primera lectura: Jer 20,7-9

Salmo: Sal 62,2-6.8-9

Segunda lectura: Rom 12,1-2

Evangelio: Mt 16,21-27

El Evangelio de este Domingo es la continuación directa del que compartimos el Domingo pasado. Comienza con el primer anuncio de Jesús con respecto a lo que va a padecer en Jerusalén, continúa con la reacción de Pedro y culmina con la invitación insoslayable a cargar la cruz.

Propongo aquí tres puntos para meditar tomando como eje la figura de Pedro. Los sintetizo en tres palabras: IMPULSOS, DISCÍPULO y CRUZ.

1. Los IMPULSOS y vaivenes de Pedro

2. Volver a ser DISCÍPULO de Jesús

3. La CRUZ en el camino de la vida.

1. Los IMPULSOS y vaivenes de Pedro

Por los sapientísimos designios de Dios que elige salvarnos, lo hace encarnándose y siendo Mesías sufriente. El rescate que nos libera pasa por su obediencia hasta la muerte y muerte de cruz. Humanamente hablando es misterioso y hasta contradictorio… El Salvador del mundo, el Omnipotente, el Todopoderoso padece y muere de la forma más despreciable y vergonzosa que se podría imaginar… Pedro, luego de haber acertado en la hermosa profesión de fe que hizo unos versículos más arriba y escuchamos el Domingo pasado, hoy termina reaccionando en contra del mismo Jesús y busca corregir los mismos designios de Dios. Muchas veces en Pedro se da este contrapunto de fidelidad e infidelidad; fe y pensamientos humanos; compromiso y negaciones…

¿Agradezco al Señor el don de la salvación? ¿Valoro el haber sido rescatado a tan alto "precio"? ¿Acepto que Jesús me ha salvado como Mesías Sufriente? ¿Soy impulsivo como Pedro…? ¿En qué circunstancias? ¿Participo de los vaivenes que Pedro manifiesta en muchos textos del NT? ¿Cómo puedo lograr “equilibrar” mejor mi vida de fe?

2. Volver a ser DISCÍPULO de Jesús

Pedro recibe una dura reprensión del Señor porque no acepta el mesianismo sufriente. Jesús corrige con fuerza a quién le acaba de encomendar una tarea fundamental en la Iglesia. Dos expresiones importantes. La primera es "ve detrás de mí". Es decir: sé mi discípulo, vuelve a ser discípulo… Lo propio del discípulo es ir detrás del Maestro. Pedro en este momento se convierte en "mensajero de Satanás" porque se pone frente al mismo Dios y le quiere torcer sus caminos. La segunda frase es "tus pensamientos no son los de Dios". Literalmente la paráfrasis sería: "no estás pensando y haciendo discernimiento prudencial según Dios". Pedro que hizo el Domingo pasado su profesión del Mesías por la fe, ahora hace todo lo contrario. Pero, una vez más, a favor de él: acepta la firme corrección del Señor.

¿Soy verdadero discípulo de Jesús? ¿Sigo con alegría los pasos del Señor? ¿Busco tener los pensamientos de Dios y no "los de los hombres"? ¿Hago discernimiento prudencial según los caminos de Dios? ¿Cómo "miro" la vida: según el discernimiento prudencial de Dios o con los pensamientos de los hombres? ¿Me dejo corregir por el Señor?

3. La CRUZ en el camino de la vida.

Jesús nos invita a cargar la cruz. La cruz es un verdadero misterio de la fe, y solo podemos comenzar a acceder a su sentido desde el amor y la obediencia a los inescrutables designios del Padre. Jesús muere en la cruz y nos invita a cargar la cruz. La entrega de Jesús en la cruz, por ser Él el Hijo de Dios, es para nosotros salvación, redención, vida eterna. La cruz de Cristo termina en la resurrección. Para nosotros, como creyentes, la resurrección es la plenitud de la vida que en su perfección máxima solo hallaremos en el Cielo. Pero que ya degustamos imperfectamente en la tierra dado que siempre la cruz del Señor en nuestras vidas. En el dolor, en el sufrimiento, en la enfermedad propia o de las personas que amamos, en las injusticias, en todo tipo de mal padecido… En estas circunstancias quedamos asociados misteriosamente a la cruz de Jesús. Debemos aprender a vivir con fe esta cercanía y esta identificación. No padezcamos nuestras cruces sin Cristo. Aprendamos a vivir nuestras pequeñas o grandes cruces con el Señor, sabiendo que, misteriosamente, como dice San Pablo, nos asociamos a Él: "completo en mi carne lo que falta a la pasión de Cristo" (Col 1,24).

¿Miro la cruz de Jesús desde la óptica correcta? ¿Puedo tener una mirada "masoquista" de la cruz del Señor? ¿Capto que lo más importante es el amor y la obediencia de Jesús a los designios misteriosos del Padre? ¿Admito la cruz como parte de la vida? ¿Acepto la medicina de la cruz de Jesús? ¿Miro la cruz del Señor con fe? ¿Reconozco que la muerte de Jesús en la cruz es un regalo para mí, para la Iglesia y para el mundo, que nos otorga la salvación? ¿Cómo me dispongo a asumir las pequeñas o grandes cruces de mi vida? ¿Cuál es mi actitud dominante ante ellas? ¿Busco ofrecerle mis sufrimientos y dolores al Señor? ¿Acepto que estoy invitado a compartir sus padecimientos y completar en mi vida su misma pasión?

Mons. Gabriel Mestre

Obispo de Mar del Plata

Argentina