Los #trespuntitos para reflexionar con monseñor Gabriel Mestre | Domingo 23° del ciclo A

Domingo 23º durante el año ciclo A. 10 septiembre de 2017

Primera lectura: Ez 33,7-9

Salmo: Sal 94,1-2.6-9

Segunda lectura: Rom 13,8-10

Evangelio: Mt 18,15-20

El Evangelio que compartimos este domingo es propio de Mt; no hay paralelos ni en Mc ni en Lc. Es muy probable que, a partir de las enseñanzas del Señor dadas en diversos lugares y formas, aquí el evangelista concentre una suerte de síntesis para hablar de la corrección fraterna y la oración en común en la vida de la primitiva comunidad.

No debemos quedarnos “atados” en los detalles particulares del relato sino captar su verdadero espíritu. Es decir, no se trata de aplicar “matemáticamente” los pasos que aquí se presentan, que responden a una vivencia concreta de aquel momento, sino de captar la profundidad del mensaje donde Jesús nos habla de una comunidad que crece haciendo el ejercicio de la corrección fraterna.

Propongo tres puntos para orar sintetizados en tres palabras, en tres verbos: CORREGIR, GANAR, ORAR.

1. CORREGIR al hermano y dejarme CORREGIR por él.

2. GANAR al hermano con paciencia y misericordia.

3. ORAR comunitariamente.

1. CORREGIR al hermano y dejarme CORREGIR por él.

Nos concentramos primero en el verbo corregir. Se hace necesario corregir cuando el hermano se equivoca, cuando peca dice el Evangelio de hoy. Es decir la corrección tiene sentido cuando existe un mal objetivo. Hay que tener cuidado porque muchas veces se quieren establecer mecanismos de corrección en otras circunstancias. Que haya pensamientos diferentes, que existan sensibilidades distintas, que se den abordajes disímiles de una misma situación no significa que haya conflicto y por lo tanto no sería necesaria la corrección. La corrección fraterna surge de algún tipo de mal, más o menos grave, que surge en el marco de la vida relacional. No es fácil corregir… no es fácil dejarse corregir… No lo es con los de “afuera”, pero tampoco es fácil con los mismos amigos y familiares. Pareciera que nuestra capacidad de corregirnos muchas veces está un poco “herida”. Nuestros intentos de correcciones muchas veces terminan mal o derivan en situaciones peores de las que se querían solucionar.

¿Qué implica la palabra “corrección” en mi vida? ¿Cómo corrijo a los demás? Cuando corrijo: ¿qué sentimientos aparecen en mi corazón? ¿Busco corregir cuando realmente es necesario o caigo en la tentación de vivir corrigiendo por situaciones menores o donde la corrección no es necesaria? ¿Me dejo corregir? ¿Qué surge en mi interior cuando alguien me corrige? ¿Me dejo interpelar por la corrección del hermano?

2. GANAR al hermano con paciencia y misericordia.

En la Palabra de este domingo queda bien claro cuál es el objetivo de toda corrección fraterna: "ganar" al hermano. Es decir rescatarlo, ayudarlo a que se convierta de corazón, que deje de hacer lo que está mal, que cambie en sus aspectos negativos. En algunos casos la corrección se realiza para "refregarle" al hermano su falta y su pecado. Incluso, a veces se busca corregir para “humillar”. Esto no es cristiano. El discípulo de Jesús cuando corrige lo hace siempre para ayudar al hermano. Por eso la corrección fraterna va de la mano de la paciencia y la misericordia. Incluso en las situaciones límite. Cuando el texto dice, como última instancia, “considéralo como pagano o publicano”, no lo está simplemente expulsando. Lo quita de la comunidad pero para volverlo a evangelizar. El pagano o publicano debe ser siempre evangelizado, invitado a aceptar a Jesús en su corazón. Nuestras familias y grupos deben ser espacios de corrección fraterna donde se “gana” al hermano que está equivocado con paciencia y misericordia. Dónde nos ayudamos a crecer y madurar en nuestros vínculos con espíritu de reconciliación, diálogo y respeto.

¿Qué implica para mí hoy “ganar al hermano”? ¿A quién tendré que “ganar” hoy de manera particular en mi ambiente habitual? Por la fuerza de Dios: ¿a quiénes tengo que “rescatar”? ¿Busco siempre corregir con paciencia y misericordia? ¿Intento ser bondadoso a la hora de corregir? El grupo o la comunidad en la que participo: ¿es un espacio de crecimiento comunitario y verdadera corrección fraterna? ¿Nos ayudamos a crecer en la fe, la esperanza y el amor? ¿Cómo “practicamos” la corrección fraterna en mi familia?

3. ORAR comunitariamente.

Los dos versículos finales de hoy revalorizan la centralidad de la oración comunitaria. ¡Qué lindo la oración en familia! ¡Qué fecunda la oración grupal en las distintas comunidades y movimientos de la Iglesia! Es claro el mensaje que Jesús nos da al concluir este evangelio: sin oración verdadera es imposible una auténtica corrección fraterna. Debemos cultivar la oración comunitaria en distintos niveles. Desde lo más simple y profundo de bendecir los alimentos hasta lograr tener momentos más largos y más intensos de oración con la Palabra y en la participación de la Eucaristía.

¿Cultivo la oración comunitaria? ¿Intento rezar en familia? ¿De qué manera? ¿Pongo los medios para optimizar las formas de oración del grupo en el cual participo? ¿Tengo presente que la oración es un elemento esencial de la vida del cristiano? Ante la corrección fraterna a un hermano: ¿me pongo antes en oración? Ante un conflicto con otra persona: ¿busco serenar mi ánimo en el encuentro con el Señor en la oración para discernir los mejores caminos para solucionar la dificultad?

+ Mons. Gabriel Mestre

Obispo de Mar del Plata

Argentina

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