LOS #TRESPUNTITOS PARA REFLEXIONAR CON MONSEÑOR GABRIEL MESTRE | DOMINGO 32° DEL CICLO A

Domingo 32º Durante el Año Ciclo A. 12 de noviembre de 2017

Primera lectura: Sab 6,12-16
Salmo: Sal 62,2-8
Segunda lectura: 1Tes 4,13-18
Evangelio: Mt 25,1-13

La parábola de este Domingo se ubica en el marco de una celebración de bodas. Estas fiestas, en el contexto judío de la época de Jesús, duraban más de un día y poseían distintos ritos y símbolos particulares. Uno de ellos consistía en el cortejo de las amigas de la novia que acompañaban al novio hasta el encuentro con su prometida. El relato evangélico de hoy se ubica en este momento. Tengamos presente además que en varios textos del AT el banquete de bodas representa el Banquete Mesiánico de la Vida Eterna al que todos estamos llamados por el Señor. También recordemos que la celebración del matrimonio significa, en la espiritualidad de la Alianza, la relación de Dios con su Pueblo que es la Iglesia. La simbología no reviste mayor complejidad: el novio representa a Dios; las jóvenes personifican al Pueblo, la Iglesia; el aceite significa todo lo necesario para que la luz de la fe pueda estar siempre encendida en la vida de los creyentes.

A la luz de los textos bíblicos propongo tres puntos para meditar sintetizados en tres palabras: TIEMPO, RESPONSABILIDAD, ACEITE:

  1. Aprovechar bien el TIEMPO
  2. Vivir con RESPONSABILIDAD
  3. Almacenar ACEITE

 

  1. Aprovechar bien el TIEMPO

La misericordia del Señor es eterna, es infinita y para todos. Tiene un solo límite que es la misma libertad del ser humano. Y esa libertad se juega en el TIEMPO que Dios nos regala. El gran drama del Evangelio de hoy se juega en el TIEMPO. TIEMPO que Dios les regaló para estar preparadas, prevenidas y con el suficiente aceite. Las jóvenes prudentes lo entendieron, las necias no. Hoy debemos preguntarnos personal y comunitariamente, como Nuevo Pueblo de Dios, qué estamos haciendo con nuestro TIEMPO. Este primer punto es una suerte de “diagnóstico” con respecto al uso de uno de los “bienes” más preciados de nuestra época que es el TIEMPO.

¿Cómo estoy usando “mi” tiempo? ¿Qué hago en mis “tiempos” familiares, laborales, pastorales, estudiantiles, libres…? ¿Busco “planificar” mi tiempo o simplemente me dejo llevar e “improviso”? 

  1. Vivir con RESPONSABILIDAD

En el último versículo del Evangelio de hoy se nos invita a estar prevenidos. Podemos traducir por estar atentos, concentrados, preparados… en definitiva en actitud de vigilancia evangélica. En una mala interpretación de estos textos algunas veces se quiere introducir una cierta dosis de miedo y hasta de miedo febril con respecto a la venida del Señor. Este no es el sentido. El miedo no ayuda ni hace crecer. La venida del Señor, que puede ser más o menos cercana, nos hace crecer en RESPONSABILIDAD. Esta es la clave para entender los textos de “vigilancia”. Dios nos invita a vivir una espiritualidad de la RESPONSABILIDAD. Esto es lo que hacen las jóvenes prudentes: son responsables al actuar con atención, preparación y vigilancia evangélica.

¿Qué implica para mí hoy la palabra “responsabilidad”? ¿De qué soy responsable…? ¿De quién/es soy responsable…? ¿Cómo puedo hoy crecer en una “espiritualidad de la responsabilidad”? ¿Cuáles podrían ser las “notas” principales de una espiritualidad de la responsabilidad?

  1. Almacenar ACEITE

De entrada nos suena un poco egoísta que las jóvenes prudentes no quieran compartir el ACEITE con las necias. La parábola no quiera hacer una catequesis sobre cómo compartir los bienes sino que es una enseñanza sobre la vigilancia evangélica que no admite un traspaso de responsabilidades personales: cada uno responde personalmente al llamado de Dios con las “buenas obras” del ACEITE. Tener ACEITE suficiente es haber sido responsables y haber usado muy bien el tiempo y, por lo tanto, eso se traduce en una vida coherente y evangélica sea en los pequeños o grandes momentos de la misma. Es tiempo de “almacenar ACEITE”: el ACEITE de la escucha, del compromiso, del diálogo, del perdón, de la verdad y la justicia. Que nuestras familias y nuestra Iglesia sean una “verdadera aceitera” que provean del combustible suficiente a la luz de la fe, esperanza y caridad de nuestras vidas.

¿Qué puede significar para mí hoy el “aceite”? ¿Tengo disposición de corazón para disponerme al bien y la verdad? ¿Busco almacenar, tener el aceite suficiente que sea “combustible” espiritual para mi vida? ¿Alimento la luz de Dios en mi corazón? ¿Soy capaz de iluminar con la luz de la fe, esperanza y caridad la vida de mis ambientes cotidianos?

+ Mons. Gabriel Mestre
Obispo de Mar del Plata
Argentina

Podés escucharlo acá » https://youtu.be/7SoFHxUUW-U

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