LOS #TRESPUNTITOS PARA REFLEXIONAR CON MONSEÑOR GABRIEL MESTRE | DOMINGO 3° DEL TIEMPO DE ADVIENTO

Domingo 3º del Tiempo de Adviento. 17 de diciembre de 2017.

Primera lectura: Is 61,1-2a.10-11

Salmo: Lc 1,46-50.53-54

Segunda lectura: 1Tes 5,16-24

Evangelio: Jn 1,6-8.19-28

Los textos bíblicos de este tercer Domingo de Adviento son muy ricos y podría ser muy variada forma de contemplarlos. A la luz del Evangelio les propongo tres puntos para meditar, sintetizados en tres palabras que brotan de la lectura orante de la Escritura que hoy compartimos: IDENTIDAD, MESIANISMO, TESTIMONIO.

1. IDENTIDAD

2. MESIANISMO

3. TESTIMONIO

1. IDENTIDAD

Los judíos mandan sacerdotes y levitas para interrogar a Juan Bautista. Las preguntas se concatenan así: “¿Quién eres tú? ¿Quién eres…? ¿Qué dices de ti mismo?”. Esta cadena de interrogaciones realizadas hoy a Juan nos sirven para preguntarnos a cada uno de nosotros: ¿quién soy?, ¿cuál es mi identidad?, ¿cómo soy?, ¿qué define mi vida y mi existencia? Preguntas que son importantes en un mundo tan líquido y superficial, tan light… Tan propenso al careteo y a la falta de convicciones personales profundas. Cada uno podrá encontrar aspectos positivos y negativos, algunos más secundarios y otros más estructurales, algunos más simples y otros más complejos… Con la ayuda de la Palabra y de las preguntas a Juan Bautista deberíamos poder responder: este soy yo aquí y ahora. Vale la pena hacer el diagnóstico y preguntarnos por nuestra identidad a pesar de las complicaciones de fin de año…

¿Quién soy? ¿Cómo estoy? ¿Con qué palabras me podría “definir” hoy…? ¿Dónde estoy parado en este momento de mi vida? ¿Qué puedo decir de mí mismo hoy con total y absoluta sinceridad? ¿Cómo me encuentro en este diciembre de 2017? ¿Estoy creciendo, estoy estancado…? ¿Tengo proyectos a futuro…? ¿Cómo estoy mirando mi pasado?

2. MESIANISMO

Juan Bautista tiene bien en claro que él no es el Mesías sino instrumento del Mesías. Es quién prepara el camino para el que viene después de él. Juan tiene bien en claro su identidad: no es el Salvador sino el que dispone los corazones para la venida del Salvador. Muchas veces los seres humanos tenemos la tentación de creernos el Mesías. Pensar que nos podemos salvar a nosotros mismos. La tentación de la autosuficiencia es muy fuerte en una sociedad tan secularizada que no siempre niega a Dios pero sí muchas veces lo margina. La tentación del super-hombre o la mujer-maravilla que no necesitan de un Dios Salvador. Esto se da muchas veces en lo macro político y social, lo podemos ver en algunos que se creen grandes personajes. Pero también se da en lo micro, en lo pequeño de cada día, en nosotros mismos… La tentación de creernos invencibles, pensar que todo lo podemos, estimar que nos podemos llevar el mundo por delante… A la corta o a la larga la vida se encarga de devolvernos la mirada real: no somos el Mesías, no podemos salvar a nadie, no podemos salvarnos a nosotros mismos. Necesitamos de Dios que venga a salvarnos. Esto es el Adviento y la Navidad: celebrar la venida del único Salvador que necesitamos para una vida plena y feliz. El mayor drama de creerse el Mesías radica en la fatalidad de no necesitar un Salvador; prescindir de Dios que viene a salvarnos.

¿Descubro que solo el Señor es el Mesías? ¿Necesito, anhelo la presencia del Salvador en mi vida? ¿Soy soberbio y autosuficiente? ¿Tengo la tentación “mesiánica” en algún aspecto de mi vida aunque no lo diga verbalmente? ¿Me manejo con la “falsa seguridad” de creerme imprescindible…? ¿Considero que puedo “llevarme el mundo por delante”? ¿De qué manera expreso en este Adviento 2017 que necesito que Dios venga a salvarme y rescatarme?

3. TESTIMONIO

La identidad verdadera (1) se descubre a partir de no creerse el Mesías (2) y teniendo en claro que somos anunciadores y testigos del Mesías (3). Este es Juan Bautista: enviado, testigo y testimonio de la luz para que todos creyeran por medio de él. Aquí se cierra el factor determinante del verdadero discípulo misionero: ser testimonio de la luz para que todos crean. ¿Soy testimonio de la luz? ¿Lo soy con mis palabras y mis obras? Dice el Papa Francisco en el final de Evangelii Gaudium 150 citando a Pablo VI: “También en esta época la gente prefiere escuchar a los testigos: «tiene sed de autenticidad […] Exige a los evangelizadores que le hablen de un Dios a quien ellos conocen y tratan familiarmente como si lo estuvieran viendo»”. El gran desafío para los cristianos de nuestro tiempo sigue siendo el mismo de siempre: dar testimonio de Cristo la Luz del mundo.

¿Soy testigo de Cristo, la Luz verdadera? ¿Lo anuncio de forma explícita sin “falsos pudores” o tengo miedo y me quedo callado? ¿Soy testimonio del Señor con mis acciones y mis compromisos cotidianos? ¿Qué deberé reorientar en mi vida para ser en mi ambiente un verdadero Juan Bautista de comienzos del siglo XXI? En este Adviento 2017: ¿busco ser un buen testimonio de vida cristiano con mi alegría, mi pasión por el diálogo y la verdad, mi compromiso…?

Mons. Gabriel Mestre

Obispo de Mar del Plata

Argentina

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