El obispo presidió la misa de Nochebuena en la capilla Santísimo Sacramento

Ayer 24 a las 19, monseñor Gabriel presidió la misa en la capilla Santísimo Sacramento, ubicada Peña 5855, en el barrio centenario de Mar del Plata. concelebraron el presbítero Miguel Alú y el presbítero Hector Bachmeier.

Durante la homilía destacó, "Comparto tres breves pensamientos. El primero: el pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz. Me quedo en el tema de la oscuridad y la tiniebla, el pueblo que camina en las tinieblas, los que habitaban en las regiones oscuras de la muerte somo todos nosotros, los que experimentamos de una manera la realidad de las tinieblas. Seguro que todos nosotros encontramos en nuestro caminar situaciones de tinieblas, estamos asociados misteriosamente a la profecía de Isaías. La metáfora nos hace tomar contacto con las experiencias de dolor, cruz, dificultad y tiniebla que tenemos en nuestra vida.

El segundo punto: el central, el importante. El pueblo que caminaba en las tinieblas, ha visto una gran luz, los que habitaban en las regiones oscuras de la muerte, han visto una gran luz. Hoy celebramos, que nos ha nacido el Salvador, el Mesías el Señor, que es Luz para nuestras vidas. La última palabra nunca la tiene la tiniebla, la última palabra la tiene Jesucristo, el Mesías, el Salvador del mundo que hoy celebramos su nacimiento. Lo más importante es abrir el corazón, presentar nuestras tinieblas al Señor para que Él como luz verdadera nos pueda iluminar. ¿Qué rincones de nuestro corazón necesita el Señor iluminar? ¿Qué tengo que presentar para que él sea verdaderamente luz de nuestra vida? Cada uno presentemos el rinconcito de nuestro corazón más oscuro o tenebroso, donde nadie puede llegar, donde hay telarañas, presentemosle para que Él sea la luz.

Tercero y último, Isaías da varios nombres al Mesías, al Salvador. Le da el título de príncipe de la paz, que expresa el sentido de la Navidad, nos ilumina, de manera particular, y como Señor, es paz, para cada uno de nosotros, para nuestras familias, para la comunidad, la ciudad, para la Patria,. ¿Qué significa para mi hoy, no sólo recibirlo como luz que ilumina mis tinieblas, sino recibirlo bajo el nombre de Príncipe de la paz? Paz, palabra tan cortita y densa de contenido, tan hablada, tan malhablada, tan mal usada y tan poco presente en nuestros medios, porque falta claramente en nuestro corazón. Ante la violencia, la virulencia cotidiana, Jesucristo irrumpe en nuestra vida como príncipe de la paz, para pacificarnos y hacernos pacificadores. ¡Cuántas oportunidades nos regala el Señor para ser pacificadores, durante la semana! Queridos hermanos, dejemos que Cristo hoy sea luz de nuestras vidas, y así abramos el corazón a Él que es príncipe de la paz, que pueda nacer en nuestro corazón y ser hombres y mujeres pacificadores en nuestra vida y también en relación con los demás", concluyó el obispo.

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