LOS #TRESPUNTITOS PARA REFLEXIONAR CON MONSEÑOR GABRIEL MESTRE | FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA.

Primera lectura: Gn 15,1-6; 17,5; 21,1-3
Salmo: Sal 104,1b-6.8-9
Segunda lectura: Heb 11,8.11-12.17-19
Evangelio: Lc 2,22-40

Como todos los años, el Domingo siguiente a la celebración de la Navidad, la Liturgia de la Iglesia nos regala la Fiesta de la Sagrada Familia. Jesús no solo se hace carne, se hace humanidad sino que también asume todas las consecuencias de la encarnación, creciendo y desarrollándose en el seno de una familia, la Sagrada Familia de Nazaret: Jesús, María y José.

A la luz de los textos bíblicos de este Ciclo B que estamos comenzando propongo tres puntos para nuestra meditación. Tres puntos donde la Sagrada Familia de Nazaret aparece como modelo para cada una de nuestras familias:

  1. Una familia profundamente religiosa.
  2. Una familia que espera y confía en las promesas del Señor.
  3. Una familia que es espacio de crecimiento y fortaleza.
  1. Una familia profundamente religiosa.

Cuando vemos cómo María y José presentan al Niño en el Templo y realizan los ritos propios de aquella época, debemos preguntarnos si en nuestras familias cultivamos una profunda y auténtica práctica religiosa. No por estereotipo, no por simple tradición o costumbre, no porque siempre se hizo así… Sino por profunda convicción de fe. La verdadera y auténtica religiosidad se expresa en una fe vital y comprometida. Bendecir los alimentos, orar juntos, buscar dentro de lo posible participar de la Misa juntos también, hacer la señal de la cruz en la frente de los más pequeños, invocar la protección de Dios cuando se emprende un viaje, hacer entronizar alguna imagen religiosa cristiana significativa en el hogar, en el vehículo, presentar la propia familia en oración al Señor de forma constante… Son algunas de las expresiones de una profunda religiosidad. ¡Que la Sagrada Familia de Nazaret sea para nosotros modelo de auténtica vida religiosa!

¿Cultivo la práctica religiosa en mi familia? ¿Qué me motiva? ¿La apariencia, la “simple tradición”, el “mandato familiar”…? ¿O el deseo profundo de estar en contacto y en presencia de Dios? ¿Buscamos en familia la comunión con Dios en la vida de oración? ¿Ayudo en esto a los más pequeños… a los más débiles? ¿Cómo me puedo acercar a los que tienen menos fe o han perdido la fe que profesaban? ¿Anhelo realmente que mi familia crezca en una verdadera y profunda religiosidad?

  1. Una familia que espera y confía en las promesas del Señor.

La Sagrada Familia de Nazaret en el Evangelio, y Abraham en la primera y segunda lectura nos muestran cómo una religiosidad verdadera y profunda lleva a una auténtica vida de fe. Allí la esperanza y la confianza en Dios están siempre presentes, incluso en medio de las dificultades. Pensemos en el doloroso anuncio de Simeón a María o en la aparente falta de fecundidad de Abrám y Sara. La práctica religiosa en nuestras familias no tiene que ser una actitud fanática ni fundamentalista, sino que tiene que ser camino de apertura a Dios que siempre cumple sus promesas, que se acuerda eternamente de su Alianza como dice la antífona del Salmo.

¿Soy un hombre, una mujer de fe y esperanza en el Señor? ¿Busco que en mi familia reine la confianza en Dios? ¿Cómo reaccionamos en nuestra familia ante los problemas y dificultades? ¿Con actitud de fe en el Señor o en una perspectiva solo humana marcada por el pesimismo y el miedo? En definitiva: ¿qué lugar ocupa Dios hoy en la vida de mi familia? ¿Esperamos juntos en Dios, en el Dios Uno y Trino que siempre cumple sus promesas?

  1. Una familia que es espacio de crecimiento y fortaleza.

Jesús, siendo verdaderamente Dios, en su humanidad se somete y acepta el acompañamiento de su familia: María, su madre, y José su padre adoptivo. El final del Evangelio de hoy nos dice que “el Niño iba creciendo y se fortalecía” en el marco de esta vida familiar en Nazaret. Este es el modelo para toda familia cristiana: la familia como espacio de crecimiento y de fortaleza. Es lugar de maduración progresiva y constante. La familia es el lugar de los donde los vínculos crecen y se fortalecen. Lamentablemente hemos perdido mucho este valor. Las agitaciones del mundo contemporáneo, la contracultura del maltrato, el egoísmo y la autoreferencialidad muchas veces atentan para que la familia sea realmente un lugar de crecimiento y fortalecimiento.

¿Intento que mi familia sea un espacio de crecimiento y fortaleza? ¿Es mi familia un lugar para madurar en los vínculos? ¿Qué actitudes particulares habrá que generar en mi familia para que sea verdadero espacio de fortaleza y crecimiento? En nuestras familias: ¿qué se puede hacer con los niños, con los adolescentes, los jóvenes, los adultos, los ancianos?; ¿cómo actuar con el que está enfermo en el cuerpo, en el alma o en el espíritu?; ¿qué hacer para ser espacio de maduración con aquel que se equivoca y/o está en pecado?

+ Mons. Gabriel Mestre
Obispo de Mar del Plata.
Argentina.

 

También podés escuchar el audio en > https://youtu.be/6tYjMw-2PsE

 

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