Mensaje del obispo Gabriel Mestre por la Semana Vocacional

“Jesús se acercó, la tomó de la mano y la hizo levantar” (Mc 1,31)

La vocación: ser instrumentos de la mano de Dios en el mundo

Mensaje Vocacional 2018 – Sábado 3 y Domingo 4 de febrero

1- La verdadera mano de Dios

La mano de Dios es una frase que se hizo popular luego de un gol en el partido de futbol entre Argentina e Inglaterra en el marco del Mundial de México en junio de 1986. La mayoría de los argentinos que ya pasamos los 40 años de vida tenemos un grato recuerdo de aquel tiempo dado que nuestro país resultó finalmente campeón del mundo ganándole a Alemania 3 a 2.

Sin embargo, la mano de Dios tiene un significado mucho más profundo. En el Evangelio que compartimos este Domingo el Señor se acerca a la suegra de Pedro, toma con su mano la mano de ella y la hace levantar sanándola de su enfermedad (cf. Mc 1,31). Recordemos también que Jesús extiende la mano para purificar al leproso (cf. Mc 1,41) y que impone sus manos para resucitar a la hijita de Jairo (cf. Mc 5,23.41). El Señor tiende la mano a Pedro que se hunde por su poca fe (cf. Mt 14,31). El Evangelio señala como muchos de los milagros y signos del Maestro se realizan a través de sus manos (cf. Mc 6,2.5; 7,32; 8,23.25; 9,27; 10,16).

Otros varios textos de la Biblia podrían iluminar esta misma realidad. Todos ellos se podrían aunar y sintetizar en la bella expresión del salmista: “Mi alma está unida a ti, tu mano me sostiene” (Sal 63,9). La sólida experiencia de fe hace cantar que la mano de Dios lo sostiene. Como este creyente del Antiguo Israel nosotros hoy, con la luz de la manifestación de Nuestro Señor Jesucristo, podemos proclamar con claridad que su mano nos sostiene. Esta es la experiencia fundamental que debemos renovar día a día. No dejar que se enfríe nunca este encuentro con Dios que se acerca y que con su mano nos sostiene, nos levanta y sana nuestro corazón.

2- La vocación: ser instrumentos de la mano de Dios en el mundo

Si esta experiencia de encuentro con la verdadera mano de Dios es realmente profunda, sella nuestra vida de tal manera que se transforma en auténtico camino vocacional. ¿No es acaso nuestra común vocación cristiana ser instrumentos de la mano de Dios en el mundo? Los discípulos misioneros que se dejan sostener por su mano, son con sus propias manos instrumentos de la mano de Dios en el mundo. Lo dice la misma Palabra al final del Evangelio de Marcos: “Impondrán las manos sobre los enfermos y los curarán” (Mc 16,18).

En algunos ambientes utilizamos la expresión popular dame una mano, dale una mano. Desde la verdadera mano de Dios esta expresión adquiere un sentido insospechado para cada uno de nosotros: darle la mano a alguien es responder al llamado vocacional de Dios que nos invita a ser sus manos en el mundo. Por eso, como instrumentos del Señor, tenemos que estar siempre dispuestos a dar una mano en el servicio pastoral a los niños, los jóvenes, los ancianos, los enfermos, los más pobres…

3- Preguntas para discernir y profundizar la vocación

El que se deja sostener por la mano de Dios podrá ser servidor del Señor y con sus propias manos será artífice del poder de Dios en el mundo consolando, sosteniendo, acompañando y ayudando a sanar toda herida del camino de la vida. Afirmémoslo una vez más: la gran vocación del cristiano es sentirse sostenido por la mano de Dios y ser instrumento en el mundo con sus manos de la misma mano de Dios.

Entonces, con serenidad y profundidad deberíamos preguntarnos:

¿Recuerdo en qué momentos de mi vida me sostuvo la mano de Dios? ¿Cuántas veces lo ha hecho…? ¿Me dejo sostener por la mano de Dios? ¿Dejo que Jesús me tome de la mano y me levante en medio de mis enfermedades espirituales? ¿Dejo que me tienda su mano cuando me hundo a causa de mi poca fe? ¿Me dejo conducir por la mano de Dios cuando mi vida está llena de preguntas e incertidumbres? ¿Descubro mi vocación como un llamado a ser la mano de Dios en el mundo? ¿Dejo que mis manos sean instrumentos de Dios para que su poder llegue a las personas de mis ambientes cotidianos? ¿Descubro mi vocación cristiana como un servicio de la mano de Dios sosteniendo y acompañando a todos aquellos que entran en contacto con mi vida? Cuando mis manos han sido instrumentos de la mano de Dios: ¿He sentido dicha, plenitud, verdadera felicidad…?

Incluso podemos dar un paso más, especialmente para los jóvenes:

¿Busco discernir la vocación específica sostenido por la mano de Dios? ¿Dejo que el Señor me hable tomándome de la mano e invitándome a decidir mi vocación? ¿Busco escuchar la voz de Dios para definir mi vida en el laicado, la consagración o la vida sacerdotal? ¿Permito que su mano me señale el verdadero propósito que tiene para mi vida? Con la presencia sanadora de Jesús en mi camino: ¿Intento ser audaz y elegir mi vocación aquí y ahora para dar una mano en nombre de Dios ¿Tengo la tentación de soltarme de la mano de Dios para postergar indefinidamente y no discernir el llamado puntual que el Señor me está haciendo hoy?

Queridos hermanos que bello y profundo signo realiza el Señor acercándose a la suegra de Pedro, tomándola de la mano, levantándola y sanándola de su enfermedad. La verdadera mano de Dios hoy nos sostiene y nos levanta para que los que tenemos definida nuestra vocación específica podamos crecer en fidelidad a la misma. La verdadera mano de Dios también sostiene y levanta a todos aquellos jóvenes que hoy tienen que discernir y definir su vocación. Dejémonos tocar por la mano de Dios y seamos para nuestros hermanos, para nuestro agitado mundo contemporáneo, instrumentos eficaces de la mano de Dios que sostiene, sana, levanta y libera.

Con mi afecto y bendición de padre, hermano y amigo.

+ Mons. Gabriel Mestre

Obispo de Mar del Plata

Argentina

Mensaje Vocacional Mons. Mestre febrero 2018.docx

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