Homilía de monseñor Gabriel Mestre en la Misa Crismal

Sinodalidad, Fragilidad, Renovación

Homilía de la Misa Crismal

Catedral de Mar del Plata, 28 de marzo de 2018

INTRODUCCIÓN

Queridos hermanos presido mi primera Misa Crismal como Obispo de la Diócesis de Mar del Plata. A la luz de las lecturas bíblicas y de los signos de esta celebración muchos podrían ser los aspectos a meditar. En esta oportunidad deseo compartir con ustedes tres breves pensamientos. El primero para todos en la Iglesia Diocesana: laicos, consagrados, diáconos y sacerdotes. El segundo y el tercero, permítanme que así lo haga hoy, de manera particular a los sacerdotes y por extensión a los seminaristas. Sintetizo los tres puntos en tres palabras: Sinadalidad, FRAGILIDAD, RENOVACIÓN. Cada punto tendrá una breve reflexión y algunas propuestas:

1. Fortaleciendo la Sinodalidad de la Iglesia Diocesana

2. La FRAGILIDAD en la vida del pastor

3. La RENOVACIÓN del pastor en Cristo Jesús

1. Fortaleciendo la SINODALIDAD de la Iglesia Diocesana

1. 1. Breve reflexión

Como compartíamos en el Encuentro de Animación Pastoral Diocesano del sábado 24 de febrero, seguimos suplicándole al Espíritu Santo para que nos de la capacidad de ser una Iglesia Diocesana auténticamente sinodal. Con una SINODALIDAD que hunde sus raíces en la Trinidad y se abre a la profecía. Una SINODALIDAD que no se negocia en cuanto estilo eclesial y que nos hace preguntarle juntos al Espíritu Santo cómo debemos encaminarnos hacia el Primer Sínodo Diocesano.

La pregunta se transforma en oración al Espíritu y le decimos:

Espíritu Santo que nos has ungido como Pueblo de Dios que peregrina en la Iglesia Particular de Mar del Plata te pedimos que nos regales el don del discernimiento comunitario para crecer en estilo sinodal en cada una de nuestras comunidades y como Iglesia Diocesana para encaminarnos, según tu santa voluntad, al Primer Sínodo Diocesano.

1. 2. Propuestas

En el plenario final del Encuentro de Animación Pastoral Diocesano sonaron varias propuestas a la luz de los trabajos en grupos. Hoy mismo les entregaré junto con los Santos Óleos a cada comunidad lo que allí se dialogó y elaboró. Como obispo quiero hacerme eco de algunas de estas propuestas para ya comenzar a dinamizar nuestro caminar juntos.

Deseo destacar a nivel diocesano la conformación de un Equipo de Pastoral que vaya preparando el camino para dar lugar al Consejo de Pastoral Diocesano que la legislación de la Iglesia recomienda vivamente (CIC 511-514).

A nivel parroquial se sugirió renovar el servicio del CAE y COPAPA de cada comunidad. Creo que este es un muy buen primer paso para madurar en SINODALIDAD. Veo con alegría cómo muchas comunidades han trabajado y trabajan la Carta Pastoral 17-18 y cómo varias parroquias están organizando asambleas parroquiales para los próximos meses. Todas estas iniciativas, sugeridas y muchas en marcha en varios lugares, son un excelente camino para crecer en SINODALIDAD. No puedo más que alentar y pedir que se continúe en esta línea. Insisto una vez más: una SINODALIDAD que hunde sus raíces en el Dios Uno y Trino y que se abre a la profecía en coherencia, evangelización y servicio.

En este marco de crecimiento en SINODALIDAD quisiera hacer hincapié en la colecta del Fondo Diocesano para la Evangelización prevista para el fin de semana del 7 y 8 de abril en el marco del Domingo de la Misericordia. Recordemos que este gesto tiene por objeto multiplicar la presencia de la Iglesia especialmente en aquellos lugares de periferia geográfica y existencial de nuestra Diócesis de Mar del Plata.

2. La FRAGILIDAD en la vida del pastor

2. 1. Breve reflexión

Los textos bíblicos de esta celebración expresan en algunas bellas metáforas la FRAGILIDAD de todo discípulo, también la FRAGILIDAD del que es llamado a pastorear a su pueblo. Me quedo con “corazones heridos” (Is 61,1) “cautivos… ciegos… oprimidos…” (Lc 4,18; cf. Is 61,1). En cuanto ministros consagrados muchas veces vemos estas expresiones como referidas al ejercicio de nuestro pastoreo hacia los demás. Esto es verdadero y representa una legítima hermenéutica de cara a un pueblo que está herido, cautivo, ciego y oprimido. Pero hoy, queridos hermanos sacerdotes y seminaristas, los invito a que veamos estas expresiones referidas a todos y cada uno de nosotros. Nosotros, siendo pastores o futuros pastores, también estamos heridos, cautivos, ciegos y oprimidos. Nosotros somos débiles y frágiles. Nuestra FRAGILIDAD se expresa de formas muy variadas. A veces va de la mano de nuestro pecado personal. En otras circunstancias es la debilidad humana de nuestra existencia la que nos juega una mala pasada. De una u otra forma aparece la FRAGILIDAD de nuestro corazón.

2. 2. Propuesta

La propuesta de cara a la FRAGILIDAD será aplicar en nuestra vida el viejo axioma de la patrística: lo que no se asume no se redime. Esta frase atribuida por algunos a San Ireneo de Lyon y por otros a San Gregorio de Nacianzo nos invita a “hacernos cargo” de nuestra debilidad, a “morder” la FRAGILIDAD de nuestra vida y, con mucha humildad, “ponerle nombre” a lo que no nos gusta de nosotros mismos, a aquello que, de una u otra forma nos hace mal y nos aparta del bien, la verdad y la belleza a la que el Señor nos ha llamado para servir a su Pueblo. A nivel existencial podemos pensar en miedos, amargura, impotencia, dolor, falta de valoración, frustraciones y fracasos… A nivel moral tengamos presente como FRAGILIDAD la falta de entusiasmo y entrega generosa, los celos y la envidia, la tentación de encerrarnos, los bloqueos en la comunicación, la falsa seguridad del confort y la sociedad de consumo, la apatía y tantas otras situaciones negativas que pueden golpear la puerta de nuestra vida.

Queridos sacerdotes y seminaristas animémonos a “ponerle nombre” a nuestros corazones heridos, ciegos, cautivos y oprimidos. No tengamos miedo de tomar contacto con nuestra FRAGILIDAD humana y moral. Que podamos ser saludablemente realistas y “hacernos cargo” de todo aquello que todavía tiene que ser purificado en nuestra vida. Que no sólo lo hagamos a nivel personal: que lo podamos hacer como cuerpo presbiteral presididos por el obispo y con todo el santo Pueblo de Dios. Que, como en una familia sana, los unos a los otros podamos ayudarnos a llevar las cargas y debilidades. Tomar la FRAGILIDAD del hermano como propia, no como responsabilidad personal sino en cuanto sostén y ayuda en el camino para el otro que necesita de mi presencia fraternal.

3. La RENOVACIÓN del pastor en Cristo Jesús

3. 1. Breve reflexión

El diagnóstico de nuestra fragilidad no tendría sentido si no estuviera abierto al cambio y la conversión, a una auténtica RENOVACIÓN. Queridos hermanos hoy renovarán ante el santo Pueblo de Dios las promesas sacerdotales. La palabra RENOVACIÓN puede ser equívoca. Muchas veces se la entiende solo en un sentido exterior, de fachada, de “careta”. No en pocas oportunidades se la asocia solo a un “lavado de cara” superficial que no toca el núcleo de la vida y de la existencia. Lamentablemente, en algunos casos, la RENOVACIÓN se ha “ideologizado” en la misma Iglesia sea a favor o en contra desde sectores extremos, que no han comprendido aún, de un lado ni del otro, el mensaje del Evangelio de Jesucristo.

La palabra RENOVACIÓN viene del verbo latino renovare y etimológicamente significa “volver a hacer nuevo”, “revivir”, “hacer nuevo lo que ya existe”. ¿Qué significa “hacer nuevo”? ¿Desde dónde se puede “hacer nuevo”?

Cuando uno revisa rápidamente algunas de las expresiones de Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco con respecto a la RENOVACIÓN encuentra que comprenden este “hacer nuevo”, este “revivir” siempre en referencia a Jesucristo. Es un regresar al Maestro, un volver al Señor, un recuperar la propia vocación e identidad con una fuerte conciencia misionera.

Tomo algunas expresiones del Papa Francisco donde se manifiesta con claridad esta RENOVACIÓN en el Señor. Son frases planteadas para todos pero quiero que las tengamos presente desde nuestro ser sacerdotal que hoy y siempre necesita RENOVACIÓN:

Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso… […]…Éste es el momento para decirle a Jesucristo: Señor, me he dejado engañar, de mil maneras, escapé de tu amor, pero aquí estoy otra vez para renovar mi alianza contigo. Te necesito. Rescátame de nuevo, Señor, acéptame una vez más entre tus brazos redentores (EG 3).

…Él [Cristo] siempre puede, con su novedad, renovar nuestra vida y nuestra comunidad y, aunque atraviese épocas oscuras y debilidades eclesiales, la propuesta cristiana nunca envejece… (EG 11).

3. 2. Propuestas

La propuesta de RENOVACIÓN en Jesús vale la pena. Hoy y siempre tenemos que volver al Señor para renovar la consagración que hemos recibido por la unción. En clave paulina debemos dejarnos alcanzar por Cristo para que Él renueve nuestro ministerio (cf. Flp 3,12-14). El Señor con su gracia sale al encuentro de nuestra fragilidad y nos renueva. Sana y venda nuestros corazones heridos y nos libera (cf. Is 61,1-3). ¿Nos dejamos sanar y vendar por el Señor? ¿Acudimos a la confesión sacramental y la dirección espiritual? ¿Dejo que la Eucaristía, el ritmo litúrgico y la lectio divina sean verdadero encuentro con Jesús que una y mil veces nos renueva? Queridos hermanos que nos dejemos transformar en lo ordinario de nuestra espiritualidad y en el ejercicio maduro de nuestro ministerio entregado a todos, especialmente a los pobres, débiles y sufrientes.

Existen espacios sacerdotales comunitarios importantes para sostener nuestra RENOVACIÓN en Cristo: la Jornada de actualización teológica-pastoral y el Retiro del Clero. Les pido encarecidamente queridos sacerdotes que todos hagamos el esfuerzo por participar en estos dos momentos tan importantes de comunión presbiteral, que realmente sean parte de nuestra agenda. Agregaría además, como camino de RENOVACIÓN, poder revitalizar las reuniones mensuales de los sacerdotes de cada decanato. En este sentido el nuevo Consejo Presbiteral con sus respectivos decanos tendrá una hermosa e importante tarea por delante.

Que hoy hagamos nuevo por la gracia del Señor nuestro ministerio de pastores. Que haya auténtica RENOVACION en Jesús con la alegría de entregarnos y servir como padres, hermanos y amigos a nuestra gente, al santo Pueblo de Dios.

CONCLUSIÓN

Para concluir, simplemente insisto para todos en la palabra renovación. Bien comprendida, desde la Trinidad Santa que en Cristo el Señor nos revela al Padre en el Espíritu, es la palabra más importante de estas reflexiones. Que la celebración del Santo Triduo Pascual para laicos, consagrados y ministros ordenados sea fuente genuina de renovación espiritual en clave trinitaria, sinodal y profética. Que lo podamos vivir de modo profundo y gozoso en estos días en cada una de las celebraciones en nuestras comunidades.

Queridos sacerdotes no puede dejar de agradecer el servicio generoso y sostenido que realizan en cada comunidad y en las diversas pastorales de nuestra Diócesis. Que el Señor recompense con creces la entrega a los hermanos en los pequeños y grandes gestos de la vida cotidiana. En esta dinámica de sinodalidad, fragilidad y sobre todo de renovación, quiero concluir la prédica con palabras de Benedicto XVI en la homilía de la Misa Crismal del año 2009 dirigidas de manera particular para los sacerdotes (9 de abril):

En la víspera de mi ordenación sacerdotal abrí la Escritura porque todavía quería recibir una Palabra del Señor para aquel día y mi camino futuro de sacerdote. Mis ojos se detuvieron en este pasaje: “Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad”. Entonces me di cuenta: el Señor está hablando de mí y está hablándome a mí. Y lo mismo me ocurrirá mañana. No somos consagrados en último término por ritos, aunque haya necesidad de ellos. El baño en el que nos sumerge el Señor es Él mismo, la Verdad en persona. La ordenación sacerdotal significa ser injertados en Él, en la Verdad. Pertenezco de un modo nuevo a Él y, por tanto, a los hermanos, “para que venga su Reino”. Queridos amigos, en esta hora de la renovación de las promesas queremos pedir al Señor que nos haga hombres de verdad, hombres de amor, hombres de Dios. Roguémosle que nos atraiga cada vez más dentro de sí, para que nos convirtamos verdaderamente en sacerdotes de la Nueva Alianza. Amén.

+ Gabriel Mestre

Obispo de Mar del Plata

Argentina

Gabriel Mestre Homilía Misa Crismal 2018.doc