Homilía de monseñor Gabriel Mestre en la fiesta de la Asunción de la Santísima Virgen

“Queridos hermanos, es una verdadera alegría estar pudiendo presidiendo y celebrando con ustedes esta fiesta patronal de la Asunción del 2018. Por lo que significa para nuestra ciudad la Parroquia de la Asunción tan vinculada a la realidad del hospital, con lo que significa de manera particular para mí poder estar aquí como obispo, dado que esta comunidad fue la primera parroquia que el Señor, a través de la voluntad del obispo, me encomendó pastorear. También celebramos esta patronal, en el marco del paso de los 75 a los 60: cumplimos 75 años del templo en diciembre del año pasado y nos preparamos para el año que viene celebrar los 60 años de parroquia. Parece como las mujeres que se quitan la edad (de 75 a 60), pero la cuenta es correcta, es justa, porque uno tiene que ver con el templo y la otra con ser comunidad parroquial.

Tres breves pensamientos para compartir sintetizados en tres palabras: UNIDAD, MISIÓN, CIELO.

La UNIDAD, presente en el lema que han tenido para esta fiesta patronal: “María, enséñanos a caminar unidos”. El desafío en definitiva de caminar unidos es el desafío de una Iglesia sinodal. Qué lindo que lo puedan tener en el horizonte porque es un elemento distintivo de la Iglesia: ser comunidad, vivir en comunión, buscar crecer en esto de “caminar juntos”, caminar con el otro con lo que tiene de hermoso y con lo que puede tener a veces de dificultad porque inevitablemente cuando caminamos juntos siempre hay un chisporroteo y es propio del andar y del caminar, y de la dinámica de la vida. Pasa en la familia, en todo grupo humano, en todo ámbito comunitario. A pesar y con los chisporroteos, siempre elegir caminar unidos, siempre elegir caminar juntos, siempre elegir buscar ser Iglesia sinodal en una comunidad que ha renovado recientemente su Consejo de Pastoral Parroquial (CPP) que está presidido por el P. Luis, como vicario el P. Gustavo, y tienen alrededor de 40 grupos que sirven de distinta manera. Eso es caminar en unidad, eso es comunión, eso es sinodalidad. Reforzar entonces aquello que Dios les ha inspirado en este hermoso lema que tienen en este año 2018. Primera palabra, unidad. Entonces, pidamos a María que nos enseñe a caminar unidos.

Segunda palabra: MISIÓN. Así como la unidad es una identidad propia de la Iglesia, de cada comunidad; por lo tanto, la misión es parte de la identidad también del ser Iglesia y de una comunidad; por eso, qué lindo alentar a las muchas cosas que ya sé que están haciendo y muchas otras más que puedan llegar a surgir. Por ejemplo la pastoral de la salud, el servicio de Cáritas, Dies Domini, el servicio de la catequesis, la liturgia en un lugar que es puramente sacramental donde además de las personas que comunitariamente están siempre, llega otra persona y la pastoral litúrgica adquiere un matiz profundamente misionero. La presencia de la pastoral en el hospital, de manera directa y en diálogo con los distintos y en comunión con los distintos voluntariados que hay en el hospital; expresan claramente esto de ser Iglesia misionera, Iglesia en salida, Iglesia profética, en definitiva, como planteo en la Carta Pastoral.

Que lo puedan vivir comunitariamente en los servicios organizados y que lo puedan vivir también comunitariamente ahí en el lugar particular donde cada uno de ustedes lleva adelante la vida. Somos misioneros como Iglesia, incluso cuando estamos solos en el ambiente, y esto tenemos que asumirlo y entenderlo muy bien, porque a veces tenemos un mundo tal vez mucho más sediento de Dios de lo que en realidad pensamos. A veces, en este mundo que reacciona, en este mundo que incluso no comprende el mensaje del Evangelio, en este mundo que a veces reacciona de manera violenta ante el mensaje de paz de Jesucristo, hay una gran sed de Dios que tenemos que aprender a interpretar, a decodificar y ahí tenemos que aprender a ser misioneros. Lo que hacíamos en la procesión dando testimonio de nuestra fe. Lo que iba haciendo yo, muy simple, bendiciendo a cada persona que se acercaba; de alguna manera, cada uno de ustedes como bautizados puede hacerlo en el ambiente propio de su vida. Acompañando al hermano que tiene una dificultad, rezando por aquel que sabemos que tiene un pariente enfermo o que le ha fallecido un ser querido, eso es ser misionero en el ambiente y aunque estemos solos, somos comunidad porque hay una comunidad que nos respalda y nos envía para ser misioneros en ese lugar.

Primera palabra, unidad; segunda palabra Misión, como elemento esencial de la identidad de ser Iglesia.

Tercera palabra: CIELO. Vamos a lograr la unidad, vamos a ser verdaderos misioneros, si con María, como María, por la intercesión de María, levantamos nuestra mirada al cielo. Y esto es el elemento esencial de la celebración de la Asunción que hoy hacemos juntos. Levantar nuestra mirada al cielo. Si en el tiempo que se declara el dogma, el papa Pío XII creía conveniente que la humanidad debía levantar la mirada a Dios, la mirada al cielo; cuánto más hoy nuestra humanidad necesita levantar la mirada al cielo. Y mirando la imagen tan bonita de Ntra. Sra. de la Asunción con los brazos abiertos mirando al cielo, poder sentirnos realmente invitados, estimulados por la presencia maternal de la Virgen, a nosotros levantar nuestra mirada al cielo. Porque lo que le pasa al mundo, que se olvida de Dios, y se olvida del cielo, tal vez a veces también nos puede pasar a nosotros. Por ahí criticamos, con derecho, las cuestiones más grotescas de este mundo que no quiere saber nada de Dios, pero a veces, sin darnos cuenta, por ahí se nos cuela alguna cosita de este mundo y tenemos un andamiaje exterior aparentemente religioso, pero un corazón que no está tan cerca de Dios, no está tan sediento de Dios, no está levantando la mirada al cielo.

Por eso, el primer punto de la unidad, el segundo punto de la misión, solamente tienen sentido queridos hermanos, si nos animamos a levantar nuestra mirada al cielo, nuestra mirada a Dios, nuestra mirada a la Trinidad. Lo que marca claramente lo propio de nosotros tiene que ver con la mirada puesta en Dios, la mirada puesta en el cielo, con un compromiso bien claro, bien firme acá en la tierra, buscando vivir la comunión, la unidad, buscando ser misioneros, y profetas en nuestro medio.

Pidámosle al Dios, Uno y Trino, con la intercesión de la Santísima Virgen María, Ntra. Sra. de la Asunción, ser capaces de dejarnos enseñar en la escuela de María esto de caminar unidos para ser profetas, porque Dios nuestro Señor, la Trinidad, es el fundamento de nuestro corazón y de nuestra vida. Que así sea”.

// ¡Gracias a Juan Leonardo Rodríguez Más por la desgrabación de la homilía! //

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