Los #TresPuntitos de monseñor Gabriel Mestre para este Domingo 23º Durante el Año

Domingo 23º Durante el Año Ciclo B. 9 de septiembre de 2018

Primera lectura: Is 35,4-7a
Salmo: Sal 145,7-10
Segunda lectura: Sant 2,1-7
Evangelio: Mc 7,31-37

Compartimos tres puntos, a la luz de la Palabra que la Liturgia de la Iglesia nos regala este Domingo. Los sintetizo en tres palabras: INCOMUNICACIÓN, EFATÁ, ACEPCIÓN.

  1. INCOMUNICACIÓN
  2. ¡EFATÁ!: ¡Ábrete!
  3. No hagan ACEPCIÓN de personas…

1. INCOMUNICACIÓN
La palabra griega que aquí se traduce como sordomudo es mogilálon. En sentido estricto significa “sordo que tiene muchas dificultades para hablar” o “sordo y dis-fluente (tartamudo)”. Es decir, alguien que no escucha y que tiene dificultades serias para hablar. El eje está puesto en la “enfermedad” de la INCOMUNICACIÓN: no se puede comunicar correctamente con los demás, posee bloqueos en la COMUNICACIÓN. En la era de los medios de COMUNICACIÓN esta puede ser también nuestra peor “enfermedad”. Tener muchos “medios” pero no estar realmente COMUNICADOS, en profundidad, de corazón a corazón… La enfermedad de resistirnos a escuchar y COMUNICARNOS: “no hay peor sordo que el que no quiere oír”. La INCOMUNICACIÓN es un mal de nuestro tiempo.

¿En qué situaciones soy “sordo”? ¿Ante qué realidades? ¿Escucho a Dios? ¿Escucho a los hermanos…? ¿Cómo está la COMUNICACIÓN con mis hermanos? ¿Qué bloqueos existen en mi experiencia de COMUNICACIÓN? ¿En qué situaciones puedo ser “dis-fluente”, es decir, estar muy limitado para COMUNICARME con los demás? ¿Doy a conocer con serenidad lo que creo y lo que pienso…?

2. ¡EFATÁ!: ¡Ábrete!
Esta palabra aramea, la lengua materna de Jesús, es fundamental en el contexto de la falta de comunicación. El EFATÁ de Jesús es una invitación a abrirse a la comunicación, a abrirse al encuentro y la comunicación con Dios y con el hermano. Es Jesús quién nos sana involucrándose con nuestra vida, nuestra historia, nuestra humanidad. El Señor hoy nos lleva aparte, mete los dedos en nuestras orejas, toca con su saliva nuestra lengua, nos dice EFATÁ… y así nos desata, nos libera, cura nuestra sordera y hace fluida nuestra capacidad de comunicación. Debemos abrirnos al único que “todo lo hace bien”. Abrirnos al que “destapa los oídos del sordo”, al que hace que la “lengua de los mudos grite de júbilo”. Abrirnos al que nos da las fuerzas para lograr una verdadera cultura de la comunicación y del encuentro como nos dice el Papa Francisco.

¿Dejo que Jesús me sane? ¿Dejo que el Señor se involucre en mi vida a tal punto que “toque” lo más oscuro y pecaminoso de mi humanidad? ¿Qué tengo para presentarle hoy a Dios para que con su poder soberano me rescate y renueve? ¿Qué implica para mí hoy la palabra: ¡EFATÁ!: ¡Ábrete!? ¿Qué ámbitos de mi vida el Señor tiene que abrir para poder ser liberado de lo que me ata? Sanado por el Señor: ¿busco ser constructor de una cultura de la comunicación y del encuentro?

3. No hagan ACEPCIÓN de personas…
La segunda lectura pone atención en la actitud de discriminación negativa que se puede dar en la vida. Aquí se expresa en esta expresión de no hacer ACEPCIÓN de personas. Se pone como ejemplo al hombre vestido elegantemente y al otro vestido pobremente. Esto es para dejar en claro que no hay que hacer ACEPCIÓN de personas por ninguna situación. Ni por ser rico o pobre, ni por ser mujer o varón, ni por ser argentino o extranjero, ni por ser anciano o joven… Por ningún motivo le es lícito al discípulo del Señor hacer ACEPCIÓN de personas. Muchas veces se dan situaciones de ACEPCIÓN de personas con dos actitudes negativas que, lamentablemente, suelen ser muy cotidianas en los grupos y en las familias: las comparaciones y las desvalorizaciones. Debemos rechazar de raíz esas “comparaciones odiosas” que generan heridas y conflictos en las personas. Tenemos que estar bien atentos para nunca desvalorizar a nadie por ningún motivo. Esto también daña el interior del hermano y luego es muy difícil recuperarlo.

¿Discrimino negativamente a alguien por algo…? ¿Hago ACEPCIÓN de personas? ¿Soy denso y complicado con expresiones que revelen comparaciones entre personas? ¿Desvalorizo a alguien con mis palabras, mis actitudes, mis silencios, mi falta de delicadeza…? De obra, o en mi mente, en mi corazón: ¿participo de la “cultura del descarte”, haciendo ACEPCIÓN y dando como perdido por algún motivo a alguna persona o grupo?

+Mons. Gabriel Mestre
Obispo de Mar del Plata
Argentina

 

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