LOS #TRESPUNTITOS DE MONSEÑOR GABRIEL MESTRE PARA ESTE DOMINGO 24º DURANTE EL AÑO

Domingo 24º Durante el Año Ciclo B. 16 de septiembre de 2018

Primera lectura: Is 50,5-9a
Salmo: Sal 114,1-6.8-9
Segunda lectura: Sant 2,14-18
Evangelio: Mc 8,27-35

En el Evangelio de hoy el Señor quiere instruir a sus discípulos y parte de una pregunta: ¿quién dice la gente que soy yo? La pregunta no es superficial. El diagnóstico revela que la gente no ha captado adecuadamente quién es Jesús. Todos los personajes que desfilan son hombres, grandes hombres de la historia de Israel pero sin referencia a la divinidad de Jesús.

Esta pregunta no tiene como objetivo hacer un encuesta de popularidad, ver “cuánto mide” Jesús (¡tan de moda en nuestro tiempo!), sino que apunta a la pregunta que el Señor le hace a sus propios discípulos: Y ustedes ¿quién dicen que soy? Pedro responderá en nombre de todos: Tú eres el Mesías. La respuesta de Pedro es correcta. Que Jesús sea el Mesías significa que es aquel que todo el pueblo estaba esperando para que venga como Salvador definitivo de todos los hombres, aquel que debía instaurar definitivamente el Reino de Dios. La afirmación de Pedro es toda una profesión de fe en Jesús como Mesías, Dios y Salvador. Es absolutamente correcta en su formulación.

A partir del versículo 31 cambia el clima del relato y Jesús comienza a narrar situaciones sobre su propia vida que nunca había dicho antes: va a sufrir mucho, será rechazado por los líderes religiosos del pueblo, lo van a matar y va a resucitar… Lo de resucitar parece que los discípulos no lo entienden todavía y los escandaliza la primera parte del relato. Entonces Pedro lo lleva a parte para reprenderlo. ¡Qué atrevimiento el de Pedro! ¡Reprender al mismo Dios! Jesús va a responder inmediatamente a la reacción de Pedro delante de todos los discípulos: los razonamientos de Pedro no vienen de Dios, surgen de la naturaleza humana seducida por satanás. Si el plan de Dios es que Jesús sufra y muera para salvar a todos los hombres, es así como debe ser y Jesús, siendo el mismo Dios, obedecerá la voluntad del Padre Eterno. A raíz de esta situación el Señor realizará una primera “catequesis” sobre el tema de la cruz y el sufrimiento en la vida del discípulo que quiera realmente seguir a Jesús.

Teniendo en cuenta todo el Evangelio y el resto de las lecturas, propongo tres puntos para meditar sintetizados en tres palabras: AMBIBALENCIA, COHERENCIA, JESÚS.

  1. Todos participamos de la AMBIVALENCIA de Pedro
  2. COHERENCIA
  3. ¿Quién es JESÚS para mí?

1. Todos participamos de la AMBIVALENCIA de Pedro
Todos participamos, de una u otra forma, de la AMBIVALENCIA de Pedro. Por nuestra propia debilidad somos un poco ciclotímicos en nuestra vida de fe y vamos de un punto a otro con una cierta “esquizofrenia espiritual”. Pedro tiene esta actitud muchas veces: aquí, cuando se hunde al caminar sobre las aguas, en el lavatorio de pies, en las negaciones… Pedro profesa la fe muy bien con los labios pero cae por debilidad cuando tiene que llevar eso mismo que profesa a la vida.

¿Soy débil como Pedro? ¿Experimento la AMBIVALENCIA de Pedro en mi vida? ¿En qué situaciones…? ¿Dónde lo experimento más…? ¿Cómo se expresa hoy mi AMBIVALENCIA en la vida de fe? ¿Tiendo a ser muy extremista en lo que digo y después no lo llevo a la vida?

2. COHERENCIA
La segunda lectura nos da la clave para salir de la ambivalencia de nuestra vida de fe. Santiago nos invita a ser COHERENTES. A expresar nuestra fe en las obras para que no sea una fe muerta. Es lo mismo que San Pablo nos dice en Gálatas 5,6: la fe obra por el amor. Tengamos presente que la COHERENCIA es un elemento esencial para poder ser una verdadera Iglesia Profética.

Ante las debilidades y ambivalencias de mi vida de fe: ¿qué hago?; ¿qué actitud tomo? ¿Busco ser COHERENTE? ¿Busco unirme a Cristo para luchar en contra de una “fe muerta”? ¿Dejo que mi fe se exprese, obre, se difunda por mis actitudes de amor?

3. ¿Quién es JESÚS para mí?
El núcleo del Evangelio de hoy está en preguntarnos quién es JESÚS para cada uno de nosotros. Tal vez parezca obvio para algunos, pero no lo es. A lo largo de nuestra vida debemos preguntarnos y buscar purificar nuestra imagen del Señor. JESÚS es inmutable y el mismo desde siempre y para siempre… pero nuestra comprensión e imagen de Dios puede ser imperfecta y limitada: “tan humano” que negamos en la práctica su divinidad, o “tan divino” que negamos en la práctica su humanidad. De una u otra forma nuestra percepción de Dios es imperfecta. Por eso necesita purificación constante y sostenida a través de la vivencia de la fe en la Iglesia. A la luz de la Escritura y la Tradición, guiados por el Magisterio de la Iglesia, leyendo la Biblia y con la gracia de los sacramentos crecemos en fidelidad al Dios verdadero, al auténtico, al que supera toda medida humana. JESÚS, como a Pedro, nos invita a no enfrentarlo sino a ponernos detrás de Él, es decir, volver a ser siempre discípulos del Maestro para tener una adecuada imagen de Dios.

Si JESÚS hoy a mí me hace la pregunta: ¿qué le contesto…?; ¿quién es realmente JESÚS para mí? ¿Es verdadero Dios y verdadero hombre? ¿Es el Dios omnipotente y todopoderoso y, a la vez el Dios amigo, cercano y misericordioso? ¿Busco tener una imagen de Dios lo más pura posible? En mi familia, mi comunidad, mi ambiente: ¿cómo lo perciben a JESÚS?, ¿tienen una imagen adecuada y equilibrada? ¿Qué puedo hacer para dar más testimonio de JESÚS  el Señor, el Mesías, el Salvador, el Dios vivo y verdadero que camina en la historia comprometido con su pueblo?

+Mons. Gabriel Mestre
Obispo de Mar del Plata
Argentina

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