Los #TresPuntitos de Mons. Gabriel Mestre para este Domingo 25º Durante el Año

Domingo 25º Durante el Año Ciclo B. 23 de septiembre de 2018

Primera lectura: Sab 2,12.17-20; Salmo: Sal 53,3-6.8; Segunda lectura: Sant 3,16-4,3
Evangelio: Mc 9,30-37

         A la luz de la riqueza de la Palabra de Dios escrita de este Domingo compartimos tres puntos para orar y llevar sus enseñanzas a nuestra vida. Lo sintetizo en tres palabras: AMBICIONAN, JUSTO, NIÑO.

  1. “Ustedes AMBICIONAN…”
  2. Jesús es el JUSTO puesto a prueba
  3. El NIÑO como modelo.

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1. “Ustedes AMBICIONAN…”.
Esta frase tomada de la segunda lectura puede aglutinar muchos de los elementos negativos del ser humano que aparecen en todas las lecturas de hoy. En la misma carta: rivalidad, discordia, desorden, matar, envidiar, hacer la guerra… En la primera lectura: los impíos, enemigos, ultrajes, tormentos, muerte infame… En el salmo: soberbios, violentos, atentados contra la vida… En el Evangelio: será entregado y lo matarán; discutir sobre quién es el más grande… Se podría ver cómo a la raíz de los diversos males está siempre la AMBICIÓN desordenada, la AMBICIÓN desmedida que lleva desordenar todo en la vida. Se da a gran escala en lo social y político; y se da a pequeña escala en las relaciones interpersonales, entre las personas de una familia y los grupos. En situaciones más graves esta misma AMBICIÓN desmedida lleva a una escalada de violencia que perjudica de forma severa la vida de los seres humanos y el tejido social. El desorden en las AMBICIONES siempre es causa de mal.

¿Qué AMBICIONO? ¿Qué tipo de AMBICIONES existen en mi vida hoy? ¿Tengo “AMBICIONES desmedidas”?; ¿cuáles…?; ¿a quiénes afectan…? ¿Qué desórdenes se dan en mi vida? ¿Existe rivalidad y discordia? ¿En qué circunstancias…? ¿Tengo que “evangelizar” y “catequizar” mis pulsiones de AMBICIÓN para que estén ordenadas según el designio de Dios?

2. Jesús es el JUSTO puesto a prueba.
El Evangelio nos narra el segundo anuncio de la Pasión. Estas palabras del Señor conectan muy bien con el tema de la primera lectura y el salmo. Jesús es el JUSTO con mayúscula que es puesto a prueba. Él es fiel y su fidelidad y obediencia por amor es lo que nos salva en su entrega en la cruz. Es fiel y nos ama hasta la muerte dando su vida. Él, que no tiene pecado, que es el JUSTO, se humilla, se abaja, se hace el último para rescatarnos y salvarnos a todos. Esto es la redención. Una vez más damos gracias por el don de la redención, es decir el Dios misericordioso que nos salva. La “suerte” del discípulo no es diferente a la de su Maestro. Es por eso que a nosotros, en la vida, en muchas circunstancias, nos toca o nos tocará experimentar esta situación del JUSTO puesto a prueba: por ser fieles al Señor seremos puestos a prueba, perseguidos, rechazados o no tenidos en cuenta. Por la fuerza del Maestro y como el Señor, tenemos que ser fieles, humildes y entregar la vida.

¿Redescubro cada día el gran don de la salvación que nos llega por la entrega humilde de Jesús, el Dios JUSTO y verdadero? ¿Doy gracias por este don inmerecido? ¿Aprovecho la gracia de Dios que me reporta este don de la redención? Con la fuerza de Dios en mi corazón: ¿crezco en humildad?, ¿maduro en servicio y entrega? ¿Cómo actúo cuando son incomprendido o no tenido en cuenta o perseguido por ser fiel a Jesucristo?

3. El NIÑO como modelo.
Aparece el tema del niño que volverá a estar presente de forma más evidente dentro de dos domingos. Ya nos adelantamos aquí y percibimos con alegría y asombro que Jesús realice el gesto de poner un niño al medio de sus discípulos y abrazarlo. El Señor no solo habla sino que ratifica sus palabras con el gesto. Dentro de la observancia judía los niños eran “mal vistos” porque constantemente infringían las normas de la Ley por no poder practicarla todavía. Jesús da vuelta el argumento y es la inocencia del niño la que hay que tener presente para ser discípulo de Dios. La actitud de dependencia del niño con su papá y su mamá es la que debe tener el seguidor del Señor con su Dios. El gran escritor español Miguel de Unamuno (1864-1936), en su lucha por “creer en Dios”, le pide paradójicamente a Dios volver a ser como niño. Creo que también nosotros, creyentes, podemos apropiarnos de esta poesía para pedir volver a ser como niños en nuestro camino de fe. Que esta poesía se vuelta oración en nuestros labios para madurar y crecer en nuestra vivencia, transmisión y compromiso de la fe.

Agranda la puerta, Padre,
porque no puedo pasar,
la hiciste para los niños,
yo he crecido, a mi pesar.

Si no me agrandas la puerta,
achícame, por piedad,
vuélveme a la edad bendita,
en que vivir es soñar.

+Mons. Gabriel Mestre
Obispo de Mar del Plata
Argentina.

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