Los #TresPuntitos de monseñor Gabriel Mestre para este Domingo 30º Durante el Año

Domingo 30º Durante el Año Ciclo B. 28 de octubre de 2018

Primera lectura: Jer 31,7-9

Salmo: Sal 125,1-6
Segunda lectura: Heb 5,1-6
Evangelio: Mc 10,46-52

         El texto evangélico de este Domingo es muy rico en puntos de meditación y muy sugerente en clave simbólica. El ciego al costado del camino no se cansa de pedir misericordia a Jesús a pesar que quieren hacerlo callar. Jesús, como Dios Mesías, concede a Bartimeo lo que él le pide. A la luz del texto propongo tres puntos para orar y reflexionar con la Palabra sintetizado en tres palabras: CEGUERAS, MANTO, VER.

1.     Nuestras CEGUERAS
2.     “Arrojando su MANTO”
3.     “Comenzó a VER y lo siguió por el camino”

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1.     Nuestras CEGUERAS
La CEGUERA física puede representar un límite importante en el desarrollo habitual de la vida. Lo es en la actualidad a pesar de los esfuerzos por integrar y generar espacios apropiados para los no videntes. Más aún lo era en el tiempo de Jesús. Sin embargo, la CEGUERA física no es lo más dramático. Lo complicado y serio es la CEGUERA espiritual. La no videncia ante la verdad de Dios que se manifiesta ante nuestros ojos de múltiples formas. Lo dice claramente el refrán popular: “No hay peor CIEGO que el que no quiere ver”. Somos muchas veces, como Bartimeo, CIEGOS al costado del camino de la vida. Varios de los conflictos vinculares que tenemos a nivel familiar y social parten de “visiones diversas” de la realidad que reflejan la enfermedad de la CEGUERA espiritual en distintos grados. Muchas veces la CEGUERA no es total y se traduce en una suerte de “distorsión de la realidad”.

Hagamos un diagnóstico de nuestra situación:¿cuáles son mis CEGUERAS hoy? ¿Qué me estoy resistiendo a ver de parte de Dios en mi vida? ¿En qué situaciones me transformo en un “no vidente espiritual”? ¿Busco ver la verdad de Dios que me transmite Él mismo, de forma directa o a través de los hermanos? ¿Soy testarudo y cerrado cuándo los otros me quieren acercar a la verdad para que la pueda descubrir? ¿Cómo reacciono ante aquellas realidades que no termino de ver?, ¿busco darme tiempo, orar, pedir consejo, ser prudente en las decisiones…?, ¿o tiendo a endurecerme más y ser obtuso y resistente con la misma visión de la realidad que se impone en mi vida?

2.     “Arrojando su MANTO”
Hay un gesto particular de la actitud de Bartimeo que muchas veces pasa desapercibido. El ciego arroja su MANTO. Es interesante saber que el MANTO representa el centro de la seguridad para la vida de un ciego. De día le permitía estar encima y, sobre todo, juntar las monedas y algún otro objeto que se le daba como limosna. De noche, el MANTO protege del frío fuerte de las zonas desérticas. Que Bartimeo arroje su MANTO ante la invitación de Jesús representa el abandono de todas las seguridades humanas en pos del único que puede salvarlo, rescatarlo y darle sentido a su vida: Jesucristo.

¿Qué puede implicar el MANTO para mi vida hoy? ¿Qué significa arrojar el MANTO en este momento? ¿Cuáles son las falsas seguridades que me pueden estar atando? ¿Estoy decidido a arrojar el MANTO y lanzarme de un salto ante Jesús que viene a devolverme la vista?

3.     “Comenzó a VER y lo siguió por el camino”.
Bartimeo tiene conciencia de su ceguera. Por eso cuando llega el Médico Divino no vacila en gritar. Sus ojos están oscuros pero su garganta es potente y logró molestar a los que están cerca. No vacila en pedir piedad, compasión, perdón, misericordia a aquel que puede darle la vista. Luego del salto y ante la pregunta del Señor, le va a pedir poder ver con mucha humildad pero con firme decisión. Jesús lo sana. Cura su capacidad de VISIÓN. Y el que estaba al costado del camino, ahora, se transforma en discípulo, es decir el que sigue a Jesús en su camino. Va detrás del Maestro. Ha hecho experiencia de encuentro con el Señor que lo ha sanado y ahora es un discípulo que comenzó a VER. Esto implica comprometerse en ser instrumento del mismo Dios ayudando a los demás a liberarse de las cegueras espirituales. El discípulo es “facilitador” para los demás en el encuentro con el Dios que devuelve la vista, que los hace VER. No hay que ser como los primeros que reprenden a Bartimeo para que no grite más, sino como los segundos que le dicen: “¡Ánimo, levántate! Él te llama”.

¿Dónde busco la solución a mis cegueras espirituales? ¿Voy al encuentro del Señor? ¿Dejo que su Palabra sea Luz para mis ojos? ¿Pido a Jesús piedad y misericordia por mis faltas y pecados? Ante las dificultades en la visión de la realidad: ¿le digo a Jesús “Maestro, que yo pueda ver”? Con la gracia de Dios en mi corazón: ¿me esfuerzo por VER? ¿Busco VER la realidad de la forma más objetiva posible? ¿Me experimento realmente sanado por el Señor de mi ceguera espiritual? ¿Lo percibo luego de celebrar los sacramentos o de tener un fecundo momento de oración personal o comunitario? ¿Quiero ser verdadero discípulo de Jesús? ¿Experimento el gozo de seguir al Maestro? ¿Ayudo a los demás para que en sus cegueras espirituales se abran al Señor? ¿Soy puente u obstáculo para los muchos hermanos que están ciegos al costado del camino se encuentren con Jesús? Desde mi lugar: ¿Dejo que Jesús sea “accesible” a todos, especialmente a los más alejados y pecadores? ¿Me animo a decirle a los hermanos que están tristes y desalentados: “¡Ánimo, levántate! Él te llama”?

+Mons. Gabriel Mestre
Obispo de Mar del Plata
Argentina

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