Homilía completa de monseñor Gabriel Mestre en la misa de la 45º Marcha de la Esperanza

Homilía de Mons. Mestre en la 45º Marcha de la esperanza
1/12/2018

“Con María caminemos juntos en la audacia del Espíritu es lo que hemos compartido a lo largo de esta tarde en esta procesión, en esta Marcha de la esperanza número 45.
El Señor nos ha regalado un bello día, con un poco de viento que por ahí nos sirvió un poco para acomodarnos las ideas a lo largo del camino, y hemos disfrutado de este momento profundamente espiritual y a la vez humano que ha llenado nuestro corazón. A la luz de esta fiesta, a la luz de la Palabra, a la luz de este Adviento que juntos comenzamos a transitar, pensaba compartir tres breves pensamientos: ‘Caminar juntos, asumiendo la realidad, con esperanza’.

Caminar juntos

El gran desafío y también a veces la dificultad. Experimentamos en nuestra marcha la realidad de a veces tener que ir a un tranco distinto, por momentos a alguno le resultaba muy rápido, por momentos íbamos muy lentos, por momentos la marcha se abría mucho, por momentos estábamos un poquitito apretujados, esto es lo propio de caminar juntos. Asumir la realidad de la dificultad, pero por sobre todas las cosas, el gran desafío de caminar juntos, como san Pablo nos decía recién en la segunda lectura, teniendo como eje de la realidad de nuestra vida el amor mutuo. Necesitamos caminar juntos en nuestras familias, en nuestras comunidades, en nuestros ambientes, en nuestra Iglesia, para realmente poder ayudar a nuestra ciudad y a nuestra patria a asumir en serio el desafío de poder caminar juntos y sobre todo, como diócesis, prepararnos de corazón y de manera real y profunda para celebrar nuestro Primer sínodo diocesano.

Que el caminar juntos no sea un eslogan, que la palabra sínodo o sinodal no sea una frase de estampita, sino que lo podamos vivir en el desafío del día a día, asumiendo e integrando nuestras diferencias en la familia, en la comunidad, en el ambiente y en nuestra Iglesia. Primera palabra: caminar juntos.

Asumiendo nuestra realidad

Al llegar temprano a la Gruta (de Lourdes), cuántas personas se acercaban temprano y me decían que iban a rezar por tal o cual intención. Acercarse a la Virgen, acercarse a alguna imagen religiosa, y me comentaban claramente por qué de manera particular ofrecían esta marcha de la esperanza. Qué lindo que podamos asumir nuestra realidad en lo mucho que tiene de luminoso y en lo mucho que tiene de doloroso mirando las situaciones concretas de nuestra vida, pensando en las intenciones que a lo largo de la marcha los guías, los que animaban la marcha, nos iban presentando que podamos asumir nuestra realidad en las cosas lindas que tenemos para potenciar y para llevar adelante, y en las cosas difíciles que tenemos que realmente superar. Asumir la división que hay que superar, asumir la confrontación, asumir el desafío de una justicia tan largamente esperada, el desafío de paz, pan y trabajo para todos los argentinos y para todas las familias de nuestra ciudad, de nuestra diócesis y de nuestra patria. Poder mirar con ojos nuevos, con mirada sinodal esta realidad que nos duele por un lado para realmente poder transformarla. Asumamos nuestra realidad concreta en el día a día para poder realmente transformarla desde la perspectiva de Dios, en sus aspectos
positivos y en sus aspectos difíciles. Muchos de esos aspectos que quedaban planteados en el Evangelio que tiene este tinte apocalíptico y nos hace tomar contacto con esas realidades a veces truculentas y difíciles de nuestro momento actual.

Hacerlo con esperanza

De la mano de María, caminando con María, abrirnos a la audacia del Espíritu que nos hace hombres y mujeres de esperanza. Esto es lo propio de la Marcha de la Esperanza. Tengo en mi mano el báculo de Mons. Pironio, un báculo que nos habla claramente de la esperanza por su doctrina, por su mensaje, por su insistencia en el tema de la esperanza. Un báculo que tiene el signo del Espíritu en su simbología y que nos recuerda y se hermana claramente con este lema que juntos estamos llevando adelante: Con María caminemos juntos en la audacia del Espíritu que nos hace ser hombres y mujeres esperanzados. Hombres y mujeres que sabemos que nuestro destino último está en Dios, hombres y mujeres que comenzado nuestro Adviento preparamos el corazón para celebrar juntos la Navidad, sabiendo que Navidad es Cristo, que Navidad es Jesús, que Navidad es el Mesías, el Niño pequeño envuelto en pañales y recostado en un pesebre que vamos a celebrar el 24 a la noche, el 25 todo el día.

Por eso nuestra vida, queridos hermanos, no queda definida solamente por la realidad, no queda atada a las coyunturas, ni a las buenas ni a las malas, sino que nuestra vida queda definida por la esperanza, por la esperanza teologal que mira siempre a Dios, a este Dios que hoy en el Evangelio nos dice: ‘tengan ánimo, levanten la cabeza porque está por llegarles la liberación’. Esa es nuestra fe, esa es la riqueza, queridos hermanos, que tenemos para vivir en nuestro corazón, para transmitir y para comprometernos en el día a día de nuestra historia.
Podemos caminar con esperanza porque sabemos que nuestra vida tiene sentido en Dios y desde Dios, y esto es lo más grande que tenemos para vivir, para transmitir y para
comprometernos. Y esto es así, y por eso nuestra marcha es una marcha pacífica,
esperanzadora, que mira a Dios. Una marcha que, mirando la realidad, incluso sus aspectos dolorosos como veíamos en el segundo punto, no agrede a nadie, busca la comunión, busca la concordia, busca este gran desafío de en serio poder caminar juntos.
Con María caminemos juntos en la audacia del Espíritu, que la presencia y la intercesión de la Santísima Virgen María en este tiempo de adviento, que hoy providencialmente juntos estamos comenzando al concluir nuestra Marcha de la Esperanza, nos dé la capacidad de asumir la realidad con una mirada teologal, con una mirada de Dios, con una mirada religiosa, con una mirada de esperanza porque sabemos que somos discípulos de un Dios que hoy nos dice ‘tengan ánimo, levanten la cabeza porque está por llegarles la liberación’. Que así sea.
Avemaría purísima, sin pecado concebida.
Nuestra Señora de Luján, ruega por nosotros.

Nuestra Señora de Luján, ruega por nosotros.
Nuestra Señora de Luján, ruega por nosotros.
Un fuerte aplauso a todos nosotros que hemos marchado en esperanza, en confianza, en fe, en
mirada profundamente teologal.
¡Viva Jesucristo! ¡Viva el Señor! ¡Viva el Mesías!
¡Viva la Iglesia!
¡Viva la Virgen!


Agradecemos a Juan Rodríguez Más por la transcripción del texto.

Homilía MM Marcha de la esperanza.docx

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