LOS #TRESPUNTITOS DE MONSEÑOR MESTRE PARA ESTE CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO

Domingo 4º de Adviento. 23 de diciembre de 2018

Primera lectura: Miq 5,1-4a

Salmo: Sal 79,2ac.3b.15-16.18-19
Segunda lectura: Heb 10,5-10
Evangelio: Lc 1,39-45

A la luz de la Palabra que nos transmiten los textos bíblicos de este Domingo 4º de Adviento propongo tres temas para meditar que se pueden resumir en tres palabras: HUMILDAD, OBEDIENCIA y SERVICIO.

1. Belén, la pequeña, nos habla de la HUMILDAD del Señor
2. “Aquí estoy para hacer tu voluntad”: la OBEDIENCIA del Señor
3. “Partió y fue sin demora”: llevar la PRESENCIA de Jesús

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1. Belén, la pequeña, nos habla de la HUMILDAD del Señor

En la primera lectura la profecía de Miqueas nos habla de los orígenes HUMILDES del Mesías. No nacerá en Jerusalén sino en la pequeña localidad de Belén. El Señor, el Todopoderoso y Omnipotente, nace en una pequeña aldea. Así son los designios, pensamientos y caminos de Dios. Ya fue así en la elección de David, rey de Israel; lo es ahora con el nacimiento del Rey Mesías, el Emanuel, el mismo Dios en medio de su pueblo. Esta profecía preanuncia el misterio del nacimiento HUMILDE del Salvador. Una vez más somos invitados a mirar la pequeñez del pesebre para prepararnos para recibir el nacimiento del Señor en nuestro corazón dentro de pocos días. HUMILDAD, sencillez, pequeñez…

¿Soy HUMILDE y sencillo? ¿Doy valor a las cosas pequeñas de la vida que muchas veces terminan siendo grandes a los ojos de Dios? ¿Anidan en mi corazón actitudes o pensamientos de soberbia o desmesura? ¿Soy respetuoso en los vínculos con los demás o busco imponerme e imponer siempre mi criterio? ¿Qué implica para mí hoy “volver a nacer” con Jesús en la pequeña aldea de Belén?

2. “Aquí estoy para hacer tu voluntad”: la OBEDIENCIA del Señor

El texto de Hebreos nos presenta uno de los relatos más densos de dicha Carta. Citando al Salmo 40, el autor, hace una excelente catequesis sobre el misterio de la Encarnación, Dios que se hace carne, tiempo e historia entrando así plenamente en la humanidad para rescatarla. En este contexto catequístico aparece dos veces la virtud de la OBEDIENCIA del Hijo al Padre, del Señor que dice “aquí estoy para hacer tu voluntad”. Jesús, que es el Rey Mesías, en su naturaleza humana se somete a la OBEDIENCIA total cumpliendo la voluntad del Padre. Es la OBEDIENCIA filial, la OBEDIENCIA del Hijo… no se trata de una OBEDIENCIA “servil” o “esclavizante”, ni si quiera una OBEDIENCIA “laboral”. Contemplamos así el Gran Misterio de la entrega de la propia vida y nos vemos estimulados cada uno de nosotros a revisar nuestra OBEDIENCIA filial a Dios en las diversas realidades de nuestra vida. El gran desafío: discernir la voluntad de Dios para nuestra vida, ser OBEDIENTES y decirle siempre: “¡Aquí estoy para hacer tu voluntad!”.

¿Busco discernir la voluntad de Dios para mi vida hoy? ¿En qué situaciones me cuesta más ver lo que Dios quiere y espera para mí? Una vez que descubro su voluntad: ¿Soy OBEDIENTE a Dios? ¿Vivo la OBEDIENCIA del hijo que confía en su padre o tiendo a vivirla de forma “rígida”, “utilitaria” o “por conveniencia”? ¿En qué situaciones me cuesta más cumplir la voluntad de Dios? ¿Qué implica para mí hoy decirle a Dios: “¡Aquí estoy para hacer tu voluntad!”?

3. “Partió y fue sin demora”: llevar la PRESENCIA de Jesús

El hermoso relato de la visitación de María a Isabel nos regala infinidad de puntos de meditación. Aquí nos quedamos con el primero. La “salida de sí” de María para ir al encuentro de su prima Isabel que la necesita. María no va sola. Lo más importante es que va sin demora a llevar la presencia de Jesús, el Salvador. Así María se transforma en modelo de discípula misionera. Ese es nuestro camino: partir inmediatamente para llevar la PRESENCIA de Jesús a todos. Sea en la tarea misionera sistemática en los cuadros pastorales de la Iglesia, sea de forma personal en la familia, con los amigos y en los propios ambientes. Esta PRESENCIA de Jesús, que aún no ha nacido, provoca la verdadera alegría que marca el encuentro de estas dos mujeres con Juan Bautista todavía en las entrañas de Isabel. Partir e ir sin demora es vivir el refrán “no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”. Es ser “dueños” de nuestro presente y alistarnos para llevar siempre la PRESENCIA de Jesús fuente de sentido y alegría para todos los hombres.

¿Hacia dónde deberé partir e ir sin demora hoy? ¿Soy dueño de mi presente? ¿Dejo para mañana lo que puedo hacer hoy? ¿Llevo la PRESENCIA de Jesús a mis hermanos? ¿Soy misionero del Señor?, ¿llevo su PRESENCIA a todos, especialmente a los enfermos, pobres, tristes, desamparados, débiles y sufrientes…? ¿Capto que anunciar al Señor es el “regalo” más grande que puedo hacerle a otra persona?

+Mons. Gabriel Mestre
Obispo de Mar del Plata
Argentina.