Homilía de monseñor Gabriel Mestre en la ordenación sacerdotal de Gonzalo Domench

Con la fuerza de Dios presbítero alegre al servicio de la misión y del encuentro
Homilía de ordenación sacerdotal de Gonzalo Domench
Viernes 21 de diciembre de 2018

Sof 3,14-18a; Sal 32,2-3.11-12.20-21; Lc 1,39-45

Transitando la etapa final de nuestro tiempo de adviento, a la luz de la Palabra de Dios escrita de este día y en el marco de la ordenación sacerdotal de Gonzalo, propongo tres breves puntos para meditar cada uno de nosotros y, de manera particular, quién será ordenado ministro de Dios.

1- “Dios está en medio de ti” (Sof 3,15)
2- “Feliz de ti…” (Lc 1,45)
3- La visita de María a Isabel: la misión como encuentro
1- “Dios está en medio de ti” (Sof 3,15)

La profecía de Sofonías describe lo que estaremos celebrando nuevamente el 24 a la noche y el 25 dodo el día. Dios realmente está en medio nuestro y este es el núcleo del Evangelio que nunca debemos olvidar. Tenemos que hacer experiencia de este Dios cercano que nunca nos abandona. El “Dios está en medio de ti” toca la vida de nuestra atribulada patria y la realidad a veces compleja de la Iglesia. Toca la vida de nuestras comunidades y familias; toca en definitiva nuestro propio corazón, ahí en donde estamos parados en este momento de la historia.

Dentro de esta historia, querido Gonzalo, también hoy Sofonías te dice “Dios está en medio de ti”. Abrí el corazón al Señor como el primer signo distintivo y esencial de presbítero del Señor. Él está en medio de ti, abrite a Él y así serás un verdadero hombre de Dios. Qué el pueblo que el Señor te encomienda para apacentar siempre pueda ver que “Dios está en medio de ti”. Que lo vea en lo que organices pastoralmente de forma sistemática, pero por sobre todas las cosas que lo pueda ver en tu vida cotidiana: en el esfuerzo y en el trabajo; en los logros y tus luchas; que también lo pueda ver en tu actitud ante la cruz, las dificultades y el mismo fracaso. No te olvides: “Dios está en medio de ti”.

2- “Feliz de ti…” (Lc 1,45)

Tanto la profecía de Sofonías como el texto de la visitación en Lucas respiran felicidad y alegría. Un gozo exultante en Sofonías que ayudará al mismo Lucas para poner en palabras el encuentro bendito entre María e Isabel. La presencia del Señor “en medio de ti” no puede generar otra cosa que la felicidad y la alegría profunda que solo Dios puede dar. Esto debe darse en la cotidianidad de la vida. El Señor provoca esa alegría y felicidad que incluso, en medio de las dificultades de la vida, nada ni nadie puede quitar. Ni el pesimismo contemporáneo ni la tristeza oscura que muchas veces quiere contaminar la vida tienen la última palabra. La última palabra la tiene el llamado a la felicidad que Dios nos hace y realiza efectivamente en nuestro corazón. Se acerca el tiempo del nacimiento del Salvador y la felicidad se vuelve profunda y exuberante al mismo tiempo como lo compartíamos el Domingo pasado en el gaudete del Adviento y lo compartiremos este próximo Domingo con el mismo texto evangélico de hoy.
Querido Gonzalo, de manera particularísima te pido que sigas cultivando lo que ya vivís: la alegría del Señor. Que a lo largo del tiempo pueda seguir siendo un signo distintivo de tu vida y de tu ministerio sacerdotal. En tiempos de negatividad deberás cultivar en tu vida y animar al pueblo que se te encomienda por los caminos fecundos de la felicidad cristiana. Nunca te olvides, también a vos el Señor te dice por medio de Isabel: “Feliz de ti”.

3- La visita de María a Isabel: la misión como encuentro

La presencia del Señor “en medio de ti” y la felicidad que viene de Dios reclaman ser comunicadas y transmitidas. María hace esto y comunica la presencia del Señor que lleva en su seno y hace saltar de alegría a Juan Bautista y su madre Isabel. Esto es la misión, esto es verdadera evangelización: comunicar y transmitir la vida de Jesús que hace estallar de alegría auténtica. Y esto se da en un encuentro, en la dinámica del encuentro. La misión es encuentro y se da en un encuentro. Debemos salir al encuentro de los demás para anunciar la vida de Cristo como constantemente nos insiste el Papa Francisco.

Querido Gonzalo que puedas ser presbítero del encuentro, del encuentro cotidiano y vital con Dios en la oración. Que puedas ser presbítero misionero que sale al encuentro de tantos hermanos que necesitan la presencia de Dios y de la alegría que solo Él nos puede brindar. Que puedas transmitir en tus palabras, en tus gestos, en tus silencios, en tu presencia toda que la vida solo tiene sentido desde el encuentro con el Dios de la vida que plenifica toda nuestra existencia.

En este contexto vocacional ruego al Dueño de la mies que envíe operarios para la cosecha. Todas las vocaciones son igual de importantes y necesarias en la vida de nuestra Iglesia. Pero de forma particular pido a Dios que de fidelidad a los presbíteros, perseverancia a nuestros seminaristas y un corazón generoso a los jóvenes que está llamando al pastoreo en nombre de Cristo. Queridos jóvenes no tengan miedo de dar el paso, no tengan temor de acercarse a un acompañante espiritual para hacer un verdadero camino de discernimiento vocacional para corroborar el llamado a la vida presbiteral. Cristo y nuestro pueblo necesitan de su entrega y generosidad.

Que María, nuestra Señora de la Esperanza, anime nuestros pasos en esta etapa final del adviento y prepare nuestros corazones para recibir al Salvador.
Con afecto de padre, hermano y amigo.

+Mons. Gabriel Mestre
Obispo de Mar del Plata
Argentina

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