LOS #TRESPUNTITOS DE MONSEÑOR MESTRE PARA EL 3º DOMINGO DURANTE EL AÑO

Domingo 3º Durante el Año Ciclo C. 27 enero de 2019

Primera lectura: Neh 8,2-4a.5-6.8-10

Salmo: Sal 18,8-10.15
Segunda lectura: 1Co 12,12-30 (o bien 1Co 12,12-14.27)
Evangelio: Lc 1,1-4; 4,14-21

A la luz de la riqueza de las lecturas de este Domingo propongo tres puntos para nuestra reflexión sintetizados en tres palabras: BIBLIA, PALABRA, CUERPO.

1. La BIBLIA: Palabra de Dios escrita.
2. Jesucristo: PALABRA eterna de Dios.
3. En el CUERPO todos son valorados.

 

img_2635

1.     La BIBLIA: Palabra de Dios escrita.
Primera lectura, salmo y Evangelio hacen referencia clara al Libro, a la Ley y a la lectura del Libro de la Ley que el pueblo sigue con atención. Esto nos pone en contacto directo con la Sagrada Escritura, la BIBLIA, la Palabra de Dios escrita. En la espiritualidad cristiana, con diversos acentos a través de los siglos, la BIBLIA ocupa un lugar central. Es el mismo Dios que habla a su pueblo a través del texto sagrado. Desde el Concilio Vaticano II a esta parte esta centralidad de la Escritura se ha incrementado a nivel pastoral y en la reflexión magisterial y teológica. Hoy en día se ha recuperado la lectio divina como ejercicio semi cotidiano de lectura orante de la BIBLIA. La centralidad de la BIBLIA en la vida comunitaria de los discípulos misioneros del Señor ha llevado a acuñar en la Iglesia la expresión y el desafío de la “animación bíblica de la pastoral” (ABP).

¿Qué lugar ocupa la BIBLIA en mi espiritualidad? ¿Dejo que Dios me hable a través del texto sagrado? ¿Escucho su Palabra viva y eficaz? ¿Busco conocer y/o cultivar la lectio divina con los textos de la Escritura? ¿Realizo la lectura orante de la BIBLIA al menos con el Evangelio de cada Domingo? Durante la celebración de la Misa: ¿escucho con atención y concentración los textos que se proclaman o tiendo a la distracción, a desconectarme poniendo “piloto automático”? ¿Cuánto hace que no leo la BIBLIA con asiduidad?

2.     Jesucristo: PALABRA eterna de Dios.
El concepto de PALABRA de Dios no se reduce solo a la Biblia. Como dice el Prólogo del Evangelio de Juan, Jesucristo es la revelación plena de la PALABRA viviente de Dios que nos habla en su Persona. Esto hoy aparece claro en el Evangelio donde el mismo Señor se presenta en la sinagoga de Nazaret. Él es el Ungido, la Buena Noticia para los pobres, el liberador de los cautivos y oprimidos, la luz de los ciegos, Él es la misma gracia de Dios. Esta es la “solidez” de nuestra fe: Jesucristo, segunda persona de la Santísima Trinidad, PALABRA eterna que nos revela el rostro del Padre en el Espíritu. Por eso no somos “religión del libro”. La importancia del Libro, nuestra Biblia, radica en que es el testimonio privilegiado de la revelación de Dios en Jesucristo. Pero Jesucristo, el Dios hecho hombre, es más que la misma materialidad del texto sagrado. Por eso, la auténtica lectura de la Escritura, hecha en fe y en la Iglesia, nos lleva al encuentro con el Ungido del Señor, con la PALABRA eterna de Dios. No somos “biblicistas”, ni hacemos del texto sagrado un ídolo. Somos discípulos de un Dios que es PALABRA, revelación, diálogo, comunicación, encuentro y cuyo testimonio esencial de esta interioridad se da en la Sagrada Escritura, PALABRA de Dios escrita.

A la luz de la presentación solemne de la misión de Jesús en la sinagoga de Nazaret: ¿descubro que realmente es el Ungido, la Buena Noticia, el Salvador, la PALABRA eterna de Dios? ¿Cómo es mi encuentro cotidiano con Él en la vida de oración?, ¿es realmente sólido, firme, estable…?, ¿es vital, alegre, gozoso…?, ¿da plenitud a mi vida, es luz para mi camino? Cada vez que leo y oro con la Biblia: ¿me encuentro realmente con Dios? ¿Él es realmente PALABRA para mí o me quedo solo pensando o investigando alguna particularidad histórica o curiosidad superficial?

3.     En el CUERPO todos son valorados.
El texto de Pablo en la segunda lectura continúa la reflexión del Domingo pasado: unidad en la diversidad. En este caso los términos que aparecen en tensión son dos: CUERPO (12 veces) y miembro/s (13 veces). Pablo toma la metáfora del CUERPO con sus diversos miembros y la aplica a Cristo y la comunidad cristiana. Todos los miembros son importantes y necesarios para la función que tienen que cumplir. Esto tiene implicancias muy claras y directas. Se da en la comunidad una suerte de interdependencia mutua y una gran armonía entre los fuertes y los débiles, los más visibles y los menos, los más importantes y los supuestamente menos destacados. Esto se verifica cuando somos capaces de valorarnos y aceptarnos los unos a los otros, descubriendo que el mismo Dios llamó y eligió al hermano en la familia o el grupo. Esta valoración mutua es camino seguro para llegar a la cultura del encuentro y la amistad social que tanto nos insiste el Papa Francisco. La teología y la espiritualidad del CUERPO de 1Co 12 nos permite superar la tendencia del descarte que tantas veces reina en nuestra cultura contemporánea.

¿Cómo entiendo en mi vida hoy la metáfora del CUERPO y los miembros? ¿Valoro a todos los miembros del CUERPO de los ámbitos sociales en los que participo: familia, grupo, capilla, parroquia, movimiento, etc.? ¿Qué actitud tengo ante los miembros que aparentemente son menos importantes? ¿Descubro que todos son necesarios en el CUERPO de la comunidad cristiana? ¿Acepto que Dios también eligió y llamó a la fe a los demás? ¿Busco valorar a todos y en toda circunstancia, incluso a los más débiles? Con mis palabras, gestos, actitudes y propuestas: ¿contribuyo realmente a la cultura del encuentro y la amistad social?

+Mons. Gabriel Mestre
Obispo de Mar del Plata
Argentina.