“La Santísima Virgen María es auténtico modelo de amor en el camino de nuestra vida”, dijo Mestre en la fiest a de Stella Maris

El pasado sábado, con una gran cantidad de fieles, se realizó la celebración en honor a la Virgen Stella Maris, en la capilla tradicional de la ciudad ubicada en Brown y Viamonte. La misa fue presidida por monseñor Gabriel Mestre, obispo de Mar del Plata y acompañaron varios sacerdotes. Miembros de la Prefectura y la Armada Argentina, autoridades de Dipregep, y miembros de la comunidad educativa y religiosa del Instituto Stella Maris, participaron de la celebración.

Durante su homilía, reflexionó “a la luz de los textos bíblicos de esta celebración, que ya tiene los textos del domingo, en el marco de Stella Maris y también teniendo presente que el 2 de febrero se celebra la presentación del Señor, propongo tres breves pensamientos para dejar que la Palabra de Dios haga eco en nuestra vida y en nuestro corazón sintetizados en tres palabras: fe, luz, amor”. Y así, monseñor Mestre pidió que la admiración en Jesús, se convierta en una fe integral “dejando que Cristo realmente impacte en nuestro corazón, en nuestra vida y en nuestra historia”. También expresó “por la Luz que es Cristo que enciende la luz en nuestros corazones, nosotros estamos llamados a ser luz para nuestros hermanos”.

Sobre el tercer eje, el amor, remarcó: “el amor no es un sentimiento, no es frases de estampitas, no es pajaritos y florcitas; el amor es algo muy profundo que toca nuestra existencia y en perspectiva cristiana queda definida desde la cruz por la capacidad de dar la vida, por la capacidad de entregar la vida”. Lo hizo también en referencia al lema de esta Semana Vocacional 2019, en el que propone que como cristianos “Nuestra vocación es el amor”.

Finalmente el obispo concluyó, “al celebrar a Stella Maris, la Madre del Amor hermoso, la Santísima Virgen María que es auténtico modelo de amor en el camino de nuestra vida; le pedimos al Señor que ella como Estrella del Mar, nos guíe a todos en este momento de nuestra vida y de nuestra historia para vivir en serio el amor como Cristo nos enseña”, dijo el obispo en la homilía.

Luego de la homilía, en el momento del ofertorio, ex alumnos y miembros de la pastoral del colegio acercaron las flores y un libro del padre Bustamante, fundador de la congregación de las hermanas Adoratrices en el 110° aniversario de su fallecimiento. También una familiar de uno de los tripulantes del ARA San Juan ofreció una bandera argentina y Morena, una alumna del colegio que está en tratamiento contra el cáncer acercó las ofrendas del pan y del vino junto a su familia.

Para concluir la emotiva celebración una ex alumna cantó el Ave María, y el padre David Ochoa como capellán de la Base Naval hizo la consagración a la virgen Stella Maris, como patrona de todos los marinos y en nombre de la Armada Argentina, finalizando con la entonación del Himno Nacional argentino.

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La homilía completa de monseñor Mestre en el día de la Virgen Stella Maris

Queridos hermanos:

Muy feliz día de Stella Maris a todos los que hoy participan de esta celebración comenzando por la comunidad de las Hermanas, la comunidad educativa del colegio; siguiendo por la comunidad pastoral y espiritual que de manera permanente a lo largo de todo el año como parte de la comunidad turística en enero y en febrero participan de manera particular en esta capilla, feliz día también para las autoridades presentes: de las fuerzas de seguridad que hoy nos acompañan en esta celebración y a nivel educativo querido Omar, Inspector en Jefe; gracias por poder compartir juntos esta celebración, esta Eucaristía.

A la luz de los textos bíblicos de esta celebración, que ya tiene los textos del domingo, en el marco de Stella Maris y también teniendo presente que el día 2 de febrero se celebra la presentación del Señor, propongo tres breves pensamientos para dejar que la Palabra de Dios haga eco en nuestra vida y en nuestro corazón sintetizados en tres palabras: fe, luz, amor.

La primera palabra: fe.

Que la admiración se pueda transformar en fe. Y lo digo a la luz del texto del Evangelio que acabamos de escuchar. Jesús despertó mucha admiración en sus conciudadanos de Nazaret, pero esa admiración no se transformó en fe. Es más, el texto termina bastante negativo, lo quieren empujar desde un barranco de la parte alta de la ciudad. Hubo mucha admiración por sus palabras y por sus signos, pero esa admiración no se transformó en fe de que Él es Dios en medio de su pueblo, el Mesías y el Salvador.

Hoy a veces puede pasar un poquito esto, hay admiración por la figura de Jesús. Algunos porque es un líder espiritual, otros porque es un líder humano, otros porque ven una faceta política de tal o cual gusto, otros porque ven tal o cual aspecto parcial de la enseñanza de Jesús, pero esa admiración puede ser que no se transforme en fe. En creer que es el Hijo de Dios, que es Dios en medio de su pueblo que viene a salvarnos, que viene a rescatarnos, que viene a traernos vida y vida en abundancia.

Entonces como primer punto, revisar nuestro camino de fe. A veces la tentación de tener solamente una fe de tipo intelectual, en otro caso una fe solamente sentimental, en otros casos una fe solamente que tiene en cuenta lo doctrinal; una fe profunda, integral, dejando que Cristo realmente impacte en nuestro corazón, en nuestra vida y en nuestra historia. Que la admiración en nosotros, queridos hermanos, siempre se transforme en fe y al celebrar al Señor seamos fortalecidos en nuestro camino de fe.

Primer punto: que la admiración se transforme en fe a la luz del Evangelio.

La segunda palabra: luz.

Ser instrumentos de la luz. Esta bella celebración, que hoy no la hicimos completa porque ya estamos celebrando el domingo, no la hicimos con la entrada y con todos los otros signos, nos recuerda que Cristo es Luz de las naciones y que nos invita a nosotros a ser parte de esta Luz con mayúscula que es Él siendo instrumentos de esa Luz. Y esas velitas que teníamos encendidas como las tenemos, como cuando renovamos las promesas bautismales en Pascua o en alguna celebración particular, representan esa luz, queridos hermanos, que cada uno de nosotros tiene que ser ahí en el lugar donde Dios hoy nos ha puesto para que florezca nuestra vida. Por la Luz que es Cristo que enciende la luz en nuestros corazones, nosotros estamos llamados a ser luz para nuestros hermanos. Iluminar los caminos tenebrosos, oscuros, marcados por las tinieblas que tenemos muchas veces en el entorno de nuestra vida, no el entorno lejano, a veces las tinieblas están muy cercanas de nuestra vida, están en nuestros ambientes, están nuestras familias, están nuestra propia historia. Animarnos a dejar que Cristo sea nuestra Luz y nosotros ser instrumentos de esa Luz para iluminar este mundo complejo y patas para arriba que muchos aspectos estamos viviendo. No reducirnos a ser luz, no porque tengamos luz propia, no renunciemos a ser luz porque desde el Bautismo queridos hermanos, por el poder de Dios, somos luz para nuestros hermanos.

Por eso en segundo lugar preguntarnos a quién o a quiénes de manera particular hoy Jesús querrá que yo por su nombre, por su poder, ilumine en este momento de la historia. Qué personas, qué situaciones reclamarán que yo tenga que ser luz, instrumento de la luz. Qué camino particular, en qué circunstancias concretas hoy tal vez tendré que iluminar con una palabra, con un consejo, con una escucha larga de alguien que está necesitando que sea oído para ese hermano en tal o cual situación.

Primer punto: que la admiración se transforme en fe. Segundo punto: ser instrumentos de la luz.

Tercera palabra: amor.

A la luz de la segunda lectura, de la lectura de Pablo, recordar que nuestra vocación es el amor. En la diócesis de Mar del Plata estamos celebrando la Semana vocacional, una semana en verano -la segunda semana de febrero- que de manera particular queremos tener presente el llamado amplio de la vocación en la vida laical, en la vida consagrada, en la vida sacerdotal a servir al Señor; en un común a cualquiera de nuestras vocaciones específicas que tiene que ver con esto de ser justamente y de vivir y experimentar el amor. Tomando la frase de Sta. Teresita: “nuestra vocación es el amor”, dejar que el texto de San Pablo que hoy tenemos como segunda lectura pueda ser eco en nuestro corazón.

Ahí aparecen quince referencias del tema del amor, siete referencias al amor, ahí San Pablo nos dice 7 veces “el amor es…” y 8 veces “el amor no es…”para que tengamos presente lo que es el amor en clave cristiana y podamos revisar si en nuestra vida y podemos decir con Sta. Teresita, y podemos decir como Sta. Teresita “nuestra vocación es el amor”. El amor no es un sentimiento, no es frases de estampitas, no es pajaritos y florcitas; el amor es algo muy profundo que toca nuestra existencia y en perspectiva cristiana queda definida desde la cruz por la capacidad de dar la vida, por la capacidad de entregar la vida. Eso es el amor, por eso estas quince características se pueden sintetizar en esto: ama quien es capaz de dar la vida.

¿Cómo estoy amando? ¿Cómo estoy viviendo el amor en estas realidades concretas y puntuales de mi vida hoy? ¿Cómo vivo el amor en mi vocación específica? ¿Cómo vivo el amor en esta etapa de mi vida: a los 25, a los 40, a los 57, a los 83 años? ¿Qué es lo que el Dios amor me está pidiendo, me está desafiando, me está susurrando para que realmente redescubra una y mil veces que estoy llamado a vivir en serio en la dinámica del amor dando la vida en mi experiencia cotidiana? Perdonando, el perdón es una de las expresiones más fuertes y más acabadas del amor. ¡Qué difícil es perdonarnos! Respetando al otro, dialogando con los demás, teniendo paciencia. ¡Qué difícil en nuestro mundo acelerado es tener paciencia a los tiempos del otro, a la sensibilidad del hermano, a las situaciones, al formato particular que el otro tiene! ¿Cómo estoy viviendo mi llamado vocacional al amor en este momento de mi vida y de mi historia? Amar solo es posible si estamos abiertos a la presencia de Dios, si logramos pasar de la admiración a la fe, si somos capaces dejar que Cristo una y mil veces como Luz encienda la vela de nuestro corazón.

Por eso queridos hermanos, al celebrar Stella Maris, la Madre del Amor hermoso, la Santísima Virgen María que es auténtico modelo de amor en el camino de nuestra vida, le pedimos al Señor por intermedio de ella, ella como Estrella del Mar, nos guíe a todos en este momento de nuestra vida y de nuestra historia para vivir en serio el amor como Cristo nos enseña. Que así sea.

¡Gracias a Juan por la desgrabación de la homilía completa!

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