Los #TresPuntitos de monseñor Gabriel Mestre para este Domingo 4º de Cuaresma (C)

Domingo 4º de Cuaresma Ciclo C. 31 de marzo de 2019

Primera lectura: Jos 4,19; 5,10-12

Salmo: Sal 33,2-7
Segunda lectura: 2Cor 5,17-21
Evangelio: Lc 15,1-3.11-32

A la luz de los textos bíblicos de este Domingo propongo tres puntos para meditar y reflexionar. Los sintetizo en tres palabras para poder guardar en nuestra memoria: RECAPACITAR, JORNALERO, ABRAZO:

1. El hijo menor: RECAPACITAR y volver a la casa del padre.
2. El hijo mayor: superar la mentalidad de JORNALERO para también volver al padre.
3. El ABRAZO del padre: la fiesta de dejarse reconciliar con Dios.

0portada-trespuntitos-mestre

1.     El hijo menor: RECAPACITAR y volver a la casa del padre.
El pecado del hijo menor es evidente. Ya el hecho de pedir la herencia del padre en vida es como si lo quisiera muerto. En líneas generales, lo propio de la herencia es adquirirla con el fallecimiento de los progenitores. Podemos discutir mucho con respecto a la verdadera primera motivación del hijo menor para volver al padre, pero lo seguro es que RECAPACITA (literalmente “vuelto hacia sí mismo”, “mirando su interior”) y decide en ese mismo momento (literalmente “habiéndose levantado”) volver a la casa del padre. Se acusa ante él de haber pecado contra el cielo (contra Dios) y contra su padre (contra los seres humanos). Somos el hijo menor por nuestro pecado, estamos llamados también a ser el hijo menor en esto de RECAPACITAR y volver a la casa del padre.

¿Estoy transitando esta cuaresma como tiempo para RECAPACITAR? ¿”Vuelvo hacia mi interior” para hacer un verdadero examen de conciencia y revisar qué cosas en mi vida no están según los designios de Dios? Cuando estoy en situación de pecado: ¿elijo rápidamente volver a la casa del padre? Cuando sucumbo a la tentación y caigo en pecado: ¿busco levantarme inmediatamente por la gracia de Dios?

2. El hijo mayor: superar la mentalidad de JORNALERO para también volver al Padre.
Pareciera que el hijo mayor, a pesar de su actitud, es el “bueno de la película”. Si hilamos fino no es así. Se esconde en él una actitud tan negativa como la del hijo menor, aunque de otra forma. Se enoja, es caprichoso, formalista y calculador. Lo más serio es que no acepta la fiesta y la alegría por su hermano rescatado, por el hermano que vuelve a la vida. Detrás de todo está una mentalidad muy estrecha donde no ha terminado de entender que él es hijo y todo lo del padre le pertenece. El hijo mayor tiene actitud de JORNALERO, es decir mentalidad mercantilista en la relación con su padre. Una suerte de “te doy esto para que me des esto otro”. Se está perdiendo lo más importante: ser hijo del padre misericordioso. Pareciera, en el contexto de la parábola, que el hijo mayor estaría representando la actitud de los escribas y fariseos que se resisten a que los pecadores (representados por el hijo menor) estén invitados a la conversión y a la fiesta (cfr. Lc 15,1-3). En definitiva, el gran drama del hijo mayor es su mentalidad JORNALERA que no le permite disfrutar de la gratuidad de la presencia de la misericordia del padre.

¿Qué hay del hijo mayor en mi vida? ¿Tengo mentalidad de JORNALERO en mi relación con Dios? ¿Qué situaciones me enojan? ¿Me resisto entrar a la fiesta del Reino de Dios? ¿Elijo participar en la alegría de la vida de fe personal y comunitaria? ¿Soy caprichoso…?; ¿por qué…? ¿Soy duro al juzgar a mis hermanos…?; ¿o busco juzgar los hechos con misericordia…? ¿Me considero mejor” que los demás? ¿Soy egoísta y calculador…? ¿Valoro ser hijo en el Hijo? ¿Disfruto ser hijo de un Dios compasivo y misericordioso? ¿o me resisto a ser hijo de Dios por mi cerrazón de corazón?

3. El ABRAZO del Padre: la fiesta de dejarse reconciliar con Dios.
Lo que grita San Pablo en la segunda lectura se hace patente en la tan conocida parábola del padre misericordioso. Dejarse reconciliar con Dios implica aceptar que Dios es realmente el padre de la parábola que nos ABRAZA. Los gestos y las acciones del padre son extravagantes y hasta exagerados para señalar el amor misericordioso de Dios. Ve al hijo menor desde lejos, es decir que lo estaba esperando, mirando y buscando en el horizonte. Al verlo se conmueve, literalmente “experimenta una ternura entrañable”, “se le conmueven las entrañas”. Corre hacia él, lo cual era considerado indecoroso para una persona adulta en el contexto sociocultural de la época. Lo ABRAZA, literalmente “se tira sobre el cuello de él”. Lo besa, literalmente “lo cubrió de besos”. Hace que lo vistan y le pongan sandalias. Con el anillo le devuelve el derecho de hijo que él mismo había rechazado al pedir la herencia en vida del padre. Y para culminar con el desborde de amor misericordioso: se organiza muy bien la fiesta por el rescate del hijo. Este es nuestro Dios. El Dios compasivo y misericordioso anunciado en el AT que quiere reconciliarnos con Él una y mil veces. El Dios que “sale de sí” al encuentro del ser humano pecador para ABRAZARLO y darle la posibilidad de la “fiesta”, la verdadera vuelta a la vida, a la vida plena de los hijos de Dios.

¿Qué imagen tengo de Dios? ¿Descubro cada día por mi experiencia espiritual al Dios de la ternura entrañable que me ABRAZA? ¿Dejo que la imagen del padre misericordioso de la parábola alimente mi conocimiento del Dios vivo y verdadero? ¿Capto que Dios siempre me está esperando para que vuelva a Él? ¿Me dejo ABRAZAR y besar por la gracia de Dios? ¿Me acerco al Sacramento de la Reconciliación confiado en que Dios me devuelve los derechos de hijo que pierdo por mi pecado? ¿Vivo mi camino de discipulado como una verdadera fiesta donde el encuentro con el Dios compasivo es motivo de gozo y alegría?

+Mons. Gabriel Mestre
Obispo de Mar del Plata
Argentina.