Los #TresPuntitos de monseñor Gabriel Mestre para este Domingo 15º Durante el Año (C)

Domingo 15º Durante el Año Ciclo C. 14 de julio de 2019

Primera lectura: Deut 30,9-14

Salmo: Sal 68,14.17.30-31.36-37 o Sal 18,8-11

Segunda lectura: Col 1,15-20

Evangelio: Lc 10,25-37

El Evangelio de este Domingo tiene dos partes. La primera tiene que ver con la pregunta sobre el mandamiento principal que nos transmiten Mt, Mc y Lc. La segunda parte es original de Lc y es la que titulamos habitualmente como la parábola del buen samaritano. Propongo tres puntos para la oración y meditación sintetizados en tres palabras: AMOR, CARGO, JESUCRISTO.

  1.  El AMOR es el mandamiento principal para heredar la vida eterna.
  2.  La misericordia que se hace CARGO expresión concreta del amor.
  3.  JESUCRISTO: el Buen Samaritano.

 

  1.  El AMOR es el mandamiento principal para heredar la vida eterna.

En época de Jesús los preceptos de la ley se habían multiplicado en número muy alto llegando a 613. Pensemos la dificultad que esto suscitaba para poder cumplirlos todos y así heredar la vida eterna. Por eso era lógico que los maestros judíos discutieran con respecto a cuál era el mandamiento principal. Jesús va a invitar al doctor de la ley para que responda. Éste tomará frases del AT (Lev 18,5; 19,18; Deut 6,5) dejando en claro que la clave está en el AMOR a Dios y al prójimo. Jesús diráque respondió con exactitud. La respuesta está en una suerte de equilibrio dinámico en el AMOR a Dios y el AMOR al prójimo como único mandamiento para heredar la vida eterna.

¿Me preocupa “heredar la vida eterna”? ¿Cómo estoy viviendo el mandamiento del AMOR? ¿Equilibrio AMOR a Dios y AMOR al prójimo? ¿Algunos de los dos me cuesta o me complica mucho más en este momento? ¿Cuál…? ¿Por qué…? ¿Busco sentirme realmente libre en el equilibrio del AMOR a Dios y al prójimo?

  1.  La misericordia que se hace CARGO expresión concreta del amor

Dentro de la parábola y ante el hombre medio muerto al costado del camino el sacerdote lo ve y pasa de largo, el levita lo ve y sigue su camino, el samaritano lo vio y se conmovió. Literalmente lo ve y se le “revuelven la entrañas”, se estremece de ternura y misericordia. Ver y conmoverse es la misma dupla de verbos que se dan en Jesús ante la viuda de Naím en Lc 7,13; también es la dupla que se da en el padre misericordioso en Lc 15,20 cuándo visualiza al hijo menor que está regresando a la casa. Este ver y conmoverse es la misericordia en su sentido pleno que se hace CARGO del hermano en situación de necesidad. La misericordia es más que un sentimiento. Se compromete de forma muy concreta como hace el samaritano en estas siete acciones que aquí se nos describen. Eso es lo que debemos imitar de esta parábola ejemplar.

¿Busco que el amor al prójimo se exprese en lo concreto? ¿Cómo es mi vivencia del amor en lo cotidiano? Mi amor por los demás: ¿se expresa en este “ver y conmoverse”? ¿O tiendo a pasar de largo… seguir mi camino…? ¿Me “hago CARGO” de la debilidad, miseria o problema del que está cerca mío? ¿Quién o quiénes podrían ser hoy para mí ese “hombre medio muerto al costado del camino”? ¿Busco responder con acciones concretas o me quedo solo en la “emoción” o el “discurso” de lo que habría que hacer?

  1.  JESUCRISTO: el Buen Samaritano.

La tradición de la Iglesia rápidamente ha visto en la figura del Buen Samaritano al mismo JESUCRISTO que por amor y misericordia viene a rescatar a la humanidad de la miseria del pecado y todas sus consecuencias. Es por eso que la liturgia nos regala el hermoso Prefacio común VIII (himno oración de la Liturgia de la Misa antes del canto del Santo) donde se nos invita a contemplar a JESÚS el Buen Samaritano que sale al encuentro de todo ser humano sufriente. En vez de utilizar las tradicionales preguntas, oremos con este bello texto litúrgico:

PREFACIO COMÚN VIII

Jesús, Buen Samaritano

  1. El Señor esté con ustedes
  2. Y con tu espíritu.
  3. Levantemos el corazón.
  4. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
  5. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
  6. Es justo y necesario.

En verdad es justo darte gracias,

y deber nuestro alabarte,

Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,

en todos los momentos y circunstancias de la vida,

en la salud y en la enfermedad,

en el sufrimiento y en el gozo,

por tu siervo, Jesús, nuestro Redentor.

 

Porque él, en su vida terrena, pasó haciendo el bien

y curando a los oprimidos por el mal.

También hoy, como buen samaritano,

se acerca a todo hombre

que sufre en su cuerpo o en su espíritu,

y cura sus heridas con el aceite del consuelo

y el vino de la esperanza.

Por este don de tu gracia,

incluso cuando nos vemos sumergidos en la noche del dolor,

vislumbramos la luz pascual

en tu Hijo, muerto y resucitado.

Por eso, unidos a los ángeles y a los santos,

cantamos a una voz el himno de tu gloria:

+Mons. Gabriel Mestre

Obispo de Mar del Plata

Argentina.

Escucharlo aquí: https://drive.google.com/file/d/1fq-rb9pHTqlbdNn-H9-gsvak96-GfqY5/view?usp=sharing

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