Los #TresPuntitos de monseñor Gabriel Mestre para este 18º Domingo Durante el Año (C)

Domingo 18º Durante el Año Ciclo C. 4 de agosto de 2019

Primera lectura: Ecl 1,2; 2,21-23 | Salmo: Sal 89,3-6.12-14.17 | Segunda lectura: Col 3,1-5.9-11 | Evangelio: Lc 12,13-21

Nuevamente la liturgia de la Iglesia nos regala un texto evangélico propio de Lc. De entrada un personaje busca poner a Jesús como mediador en un conflicto económico-familiar a raíz de una herencia. Jesús busca decididamente distanciarse de este tema. El Señor va más profundo. Supera el nivel jurídico de la cuestión inmediata para meterse en la dinámica evangélica del tema. El que consulta era demasiado ambicioso y, es así, que Jesús va a responder a su actitud con una catequesis y con una parábola. Comparto tres palabras que sintetizan los tres puntos a la luz de los textos bíblicos de este Domingo: VANIDAD, AVARICIA, INVERTIR.

1. ¿Todo es VANIDAD?
2. La AVARICIA: una forma de idolatría
3. INVERTIR y ser rico a los ojos de Dios

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1. ¿Todo es VANIDAD?
En la primera lectura, en pocos versículos, se nos repite siete veces la palabra VANIDAD. El autor del Eclesiastés parece decepcionado del mundo y de la historia y percibe todo esfuerzo humano como VANO. Es decir como vacío, inútil, sin sentido, hueco, infecundo… ¿Esto es realmente así? Sí y no… Es así cuando no hay un proyecto de vida sostenido por Dios. No es así cuando Dios es parte esencial del proyecto de vida que nos permite orientar la vida según sus propios designios y su santa voluntad.

¿Qué implica para mí hoy la palabra VANIDAD? ¿Comparto la “decepción” de la primera lectura de hoy? ¿Por qué? ¿En qué situaciones de forma particular? ¿Qué cosas de la vida realmente me parecen VANAS, huecas y vacías? ¿Pongo a Dios y su Palabra como elemento esencial de mi proyecto de vida? ¿Descubro, desde la fe, que con Dios la vida siempre tiene sentido, incluso en las situaciones más adversas que se puedan experimentar?

2. La AVARICIA: una forma de idolatría
Dentro del proyecto de Dios está claro que existe una escala de valores. Y, en esa escala, Dios y el hermano ocupan un lugar esencial que la AVARICIA desconoce. ¿Qué es la AVARICIA? Es el afán desordenado de poseer muchas riquezas de todo tipo por el solo placer de atesorarlas sin compartirlas con nadie. Pablo lo define muy bien en la segunda lectura como una “forma de idolatría”: poner en el lugar de Dios, lo que no es Dios, es decir las riquezas. Esto se da en lo macropolítico y social, por ejemplo, con el capitalismo salvaje tantas veces denunciado por los últimos Papas. Pero se da también en el corazón de una persona, incluso con pocos bienes o riquezas. La clave está en que lo que poseemos no nos ate el corazón y nos impida ver las necesidades de los hermanos. Ser AVARO es mucho más serio que ser mezquino o amarrete. La AVARICIA va en la línea de la ambición desmedida, el consumismo exacerbado, la acumulación que empobrece, la codicia… Por eso es grave… Es una forma de idolatría.

¿Existe AVARICIA en mi corazón? ¿Soy codicioso… de qué, en qué circunstancias? ¿Descubro que ser AVARO es muy serio porque es una forma de idolatría? ¿Soy realmente libre? ¿O me siento atado…? ¿Qué cosas hoy pueden estar “atando” mi corazón? ¿Busco compartir lo poco o lo mucho que tengo a nivel humano, religioso, bienes materiales…? ¿Me preocupo por la necesidad de los demás? ¿Busco socorrer al hermano en la medida de mis posibilidades?

3. INVERTIR y ser rico a los ojos de Dios
¿Qué hacer ante esto? La clave está en la frase final del Evangelio: ser rico a los ojos de Dios. Esto implica purificar el deseo desordenado de acumular riqueza y transformarlo en el deseo ordenado de INVERTIR, pero no en primer lugar para las cosas de este mundo sino para la vida eterna. Eso es ser rico a los ojos de Dios. INVERTIR en oración, en buenas actitudes, en las obras de misericordia corporales y espirituales. Eso agrada al Señor. No queremos ser idólatras dejándonos llevar por la sociedad de consumo y elegimos ser ricos a los ojos de nuestro Dios, buscando los bienes del Cielo y haciendo morir todo lo que es mundano y terrenal en nuestra vida.

¿Busco ser rico a los ojos de Dios? ¿De qué forma…? ¿INVIERTO en las “cosas” del Reino de Dios? Pensando en los evangelios de los Domingos anteriores: ¿INVIERTO en la vida de oración y en la espiritualidad como María de Betania?; ¿busco ser rico a los ojos de Dios practicando la misericordia como el Buen Samaritano?

+Mons. Gabriel Mestre
Obispo de Mar del Plata
Argentina

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