LOS #TRESPUNTITOS DE MONSEÑOR GABRIEL MESTRE PARA ESTE DOMINGO 26º DURANTE EL AÑO (C)

Domingo 26º Durante el Año Ciclo C.
29 de septiembre de 2019

Primera lectura: Am 6,1a.4-7 | Salmo: Sal 145,7-10 | Segunda lectura: 1Tim 6,11-16 | Evangelio: Lc 16,19-31

Nuevamente la Palabra de este Domingo nos regala un texto propio de Lc. Jesús y el AT nos siguen insistiendo en la necesidad de abrirnos al pobre y al sufriente, a los más necesitados y vulnerables. Todo esto para crecer en un corazón cada vez más misericordioso como el del Padre Eterno.

Propongo tres puntos para orar y meditar que sintetizo en tres palabras: NOMBRE, ACTITUD, REPERCUSIÓN.

  1. ¿Cuál es hoy el NOMBRE de mi pobre Lázaro?
  2. ¿Cuál es mi ACTITUD ante el pobre Lázaro?
  3. Todo gesto de esta vida tiene REPERCUSIÓN en la vida eterna

 

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  1. ¿Cuál es hoy el NOMBRE de mi pobre Lázaro?

La descripción de la parábola es muy viva y dramática en los detalles del pobre Lázaro. Llagado y postrado en una puerta. Pero con NOMBRE. El rico no tiene NOMBRE y Lázaro sí. A pesar de que en la tradición posbíblica se le ha dado un NOMBRE, en los manuscritos más antiguos del NT el rico no tiene NOMBRE. El texto evangélico va a contrapunto con el criterio de este mundo. En el mundo los que tienen NOMBRE son los ricos y los poderosos; en esta porción de la Palabra es exactamente al revés: solo el pobre tiene NOMBRE y se llama Lázaro. Deberíamos preguntarnos por el NOMBRE o los NOMBRES de los pobres Lázaros que yacen en la puerta de nuestra vida. Puede ser alguien más cercano o más lejano; de la familia o alguien eventual; amigo o simple conocido… Incluso puede ser alguien que no sea indigente económicamente hablando y esté mendigando escucha, comprensión, afecto… Se trata en este primer punto de hacer una suerte de diagnóstico. Detectar y NOMBRAR los pobres Lázaros de nuestra vida hoy.

¿Quién es mi pobre Lázaro hoy? ¿Cuál es su NOMBRE? ¿Quién o quiénes están en la “puerta de mi vida” necesitando “algo” que yo puedo dar u ofrecer? Las personas que me rodean en mi mundo cotidiano: ¿qué están “mendigando”?, ¿qué piden, qué necesitan…?, ¿qué les falta? ¿Conozco el NOMBRE de los pobres que habitualmente tomo contacto en mi vida cotidiana?

  1. ¿Cuál es mi ACTITUD ante el pobre Lázaro?

Ningún diagnóstico sirve sino está orientado a buscar y generar una respuesta. El ver del primer punto está al servicio del actuar de este segundo punto, es decir revisar nuestra ACTITUD ante el pobre Lázaro. El rico innominado de la parábola es una suerte de anti-buen buen samaritano. Así como el buen samaritano se hace cargo del hombre medio muerto al costado del camino con una ACTITUD de compromiso, el rico, ensimismado en sus banquetes no ve y, por lo tanto no ACTÚA ante el pobre Lázaro. Hay una falta total de alteridad, es decir, descubrir al otro como otro al que hay que responder. El rico está tan concentrado en lo propio que está anulado para ser buen samaritano del pobre Lázaro. Debemos ser buen samaritano con ACTITUD de servicio y superar toda tentación de egolatría y egocentrismo que nos presenta el modelo del rico de la parábola. El rico está absorto en su auto-referencialidad y no logra abrirse al pobre Lázaro.

¿Cuál es mi ACTITUD ante las necesidades de los demás? ¿Qué estoy haciendo con los “pobres Lázaros” que están en el horizonte de mi vida? ¿Soy muy egocéntrico…? ¿Abro mi corazón al que sufre? ¿Qué hago con las “llagas” y el “hambre” de mis hermanos? ¿Busco tener una verdadera ACTITUD de compromiso? ¿Intento practicar las 14 obras de misericordia?

  1. Todo gesto de esta vida tiene REPERCUSIÓN en la vida eterna

Una enseñanza central de la parábola que no tiene que quedar en segundo plano es la convicción de que todo acto de esta vida terrena e histórica tiene consecuencias, REPERCUSIONES en la vida eterna. Nada de lo que hagamos o dejemos de hacer es inocuo. Cada gesto de respeto, diálogo, amor, perdón, delicadeza, compromiso es realmente un fecundo acto de vida eterna. También cada actitud de rencor, venganza, resentimiento, violencia, desprecio, marginación es un pasaporte a lo contrario de la vida eterna. Esto no tiene que generar miedo sino profunda responsabilidad en nuestro camino de coherencia cristiana. Jesucristo ya nos ha salvado con su muerte y resurrección, cada uno de nosotros con fe y respuesta misericordiosa nos apropiamos del don inmerecido de la vida eterna. En este camino nunca tenemos que perder de vista que todo REPERCUTE en el hermoso llamado a la vida eterna que nos hace el Señor.

En mi vida cotidiana: ¿tengo realmente presente el llamado a la vida eterna? ¿Hablo de la vida eterna, anuncio y predico el llamado a la eternidad…? ¿De qué forma…? ¿Tengo conciencia de que cada gesto de cada día tiene REPERCUSIONES en la salvación? ¿Vivo con responsabilidad el regalo de la salvación de Dios?

+Mons. Gabriel Mestre
Obispo de Mar del Plata
Argentina

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