LOS #TRESPUNTITOS DE MONSEÑOR GABRIEL MESTRE PARA ESTE DOMINGO 32º DURANTE EL AÑO (C)

Domingo 32º Durante el Año Ciclo C.
10 de noviembre de 2019

Primera lectura: 2Mac 6,1; 7,1-2.9-14 | Salmo: Sal 16,1.5-6.8b.15 | Segunda lectura: 2Tes 2,16-3,5 | Evangelio: Lc 20,27-38

El Evangelio de este Domingo reclama un poco más de explicación que otros textos. Los saduceos no creen en la resurrección y en este relato pretenden poner en ridículo a Jesús con una serie de situaciones aparentemente indiscutibles pero que en realidad son fácilmente refutables. En el AT, en Deuteronomio 25, se presenta la llamada “ley de levirato”. Levir el latín significa “cuñado”. Si un hombre muere sin descendencia su hermano deberá casarse con la cuñada viuda para así tener hijos que serán “místicamente” para el hermano difunto. Si sucede lo que aquí se relata, es decir, se muren todos (los siete hermanos varones y la mujer), surge la pregunta: ¿quién será el esposo “legítimo” de la mujer en la resurrección? Para los saduceos sería un argumento en contra de la resurrección: dado que no puede ser esposa de los siete al mismo tiempo no hay resurrección de los muertos.

Jesús no tarda en responder a esta cuestión. El error de los saduceos está en el punto de partida: no se puede entender la resurrección de los muertos, la realidad del cielo, con los criterios y elementos de este mundo. Si bien hay una intrínseca unidad entre esta vida y la futura se trata de dos realidades diferentes: “nadie se casará, nadie morirá, todos serán como los ángeles”. Aparece un último argumento tomado del Éxodo. Allí, en el episodio de la “zarza ardiente” Dios se presenta no como un Dios de muertos sino como un Dios de vivos porque es el Dios de los patriarcas que “corporalmente” han muerto pero que viven con Él.

Toda esta explicación está en función de la centralidad temática de este Domingo: la resurrección de los muertos. La raíz “resucitar” aparece tres veces en la primera lectura y cinco veces en el Evangelio. Propongo tres puntos para reflexionar y meditar sintetizados en tres palabras: NEGAR, PROCLAMAR, FIDELIDAD.

  1. NEGAR la resurrección
  2. PROCLAMAR la resurrección
  3. FIDELIDAD: estar en esta vida con valor de eternidad

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  1. NEGAR la resurrección

Los saduceos NIEGAN la resurrección. Hoy también por diversos motivos y de distintas formas se NIEGA la resurrección. Se me ocurren tres motivos:

  1. Por convicción religiosa o no-religiosa: por ejemplo, los saduceos en la antigüedad o los ateos en la actualidad.
  2. Por sincretismo religioso: es decir por mezcla sin diferenciar. Hay personas que intentan conjugar, por ejemplo, resurrección con reencarnación. Dos realidades que no tienen absolutamente nada que ver.
  3. Por omisión: por ejemplo cuando en la catequesis o formación cristiana no se tiene en cuenta o no se le da el lugar que reclama a este elemento esencial de nuestra fe que es la resurrección y la vida eterna.

¿NIEGO la resurrección? Es obvio que un cristiano no va a decir que sí. Sin embargo: ¿tengo presente la resurrección como elemento esencial de mi fe? ¿La diferencio bien de la doctrina de la reencarnación? ¿“Omito” hablar de la vida eterna? ¿Cómo es mi actitud ante la muerte de un ser querido propio o de alguna otra persona? ¿Cómo reacciono… qué hago… qué digo…?

  1. PROCLAMAR la resurrección

Ante esta ausencia o negación de la fe en la resurrección debemos ser capaces de anunciar a Cristo el primero resucitado de entre los muertos, fundamento y raíz de nuestra futura resurrección final. Debemos PROCLAMAR a tiempo y a destiempo lo que recitamos en las dos versiones del Credo: “creo… en la resurrección de la carne y la vida eterna” o “Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro”. Se trata de poner en agenda o poner en valor esta verdad esencial de nuestra fe y no quedarnos solo con algunos aspectos de la misma.

¿Anuncio la resurrección de la carne y la vida eterna? ¿PROCLAMO que Cristo ha resucitado el primero de entre los muertos? En mi tarea misionera sistemática o habitual: ¿pongo como elemento esencial el anuncio de la resurrección y la vida eterna? ¿Tengo una mirada realmente trascendente de la fe o me quedo solo con aquellos aspectos que tienen que ver con el compromiso intra-histórico?

  1. FIDELIDAD: estar en esta vida con valor de eternidad

El testimonio de FIDELIDAD a Dios de los hermanos de la primera lectura es muy elocuente. Esa FIDELIDAD tiene un fundamente y ese fundamento es la resurrección final como ellos mismo dicen ante sus verdugos. Su ejemplo nos anima a ser FIELES en esta vida, es decir darle valor de eternidad a cada momento y a cada instante. No necesariamente tenemos que llegar a una situación límite como la de ellos, aunque puede darse. A la mayoría nos toca ser FIELES a Dios, vivir con valor de eternidad este transitar histórico en las circunstancias habituales de la vida cotidiana. Y el fundamento debe ser nuestra fe, nuestra esperanza en la resurrección de la carne y la vida eterna.

¿Soy FIEL al Evangelio? ¿Soy FIEL al camino de Jesús? ¿Qué me motiva? ¿Encuentro en la promesa de la vida eterna el fundamento para obrar el bien y la verdad en este transitar histórico? ¿Busco alimentar mi fe con la esperanza en la vida eterna? ¿Le doy a esta vida valor de eternidad?

+Mons. Gabriel Mestre
Obispo de Mar del Plata
Argentina

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