Juan Pablo Arrachea FUE ORDENADO DIÁCONO DE LA IGLESIA CATÓLICA EN MADARIAGA

El Obispo de Mar del Plata, Mons. Gabriel Mestre ordenó como diácono al seminarista Juan Pablo Arrachea en una ceremonia religiosa realizada esta tarde en la parroquia Sagrado Corazón de Jesús de la ciudad de General Madariaga.

El padre Obispo Gabriel Mestre celebró la ceremonia de ordenación y actuaron como presbíteros asistentes los sacerdotes de la parroquia y de la Diócesis.

Vocación de Juan Pablo Arrachea
Nació 1989 y vivió permanentemente en Gral. Madariaga junto a su padres Pablo Arrachea y Verónica Giammatteo, y también su hermano Tomás.

En el 2013 ingresó al Seminario Mayor San José de la Arquidiócesis de La Plata de donde cursó los profesorados de filosofía y teología.

A fines del 2011, comenzó el discernimiento vocacional con Mons. Gabriel Mestre, que en su momento era párroco de Villa Gesell donde realizó durante el 2012 un año de voluntariado mientras Monseñor fue párroco.

Ahora, para su ordenación diaconal eligió el lema “Hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38).

Homilia del obispo Gabriel Mestre

Con la fecha de ordenación confirmada miraste el Evangelio del día y no dudaste a la hora de elegir como lema de ordenación diaconal estas bellas palabras de la Bienaventurada Virgen María: “Hágase en mí según tu Palabra” (Lc 1,38).

En esta celebración, todos participamos del paso esencial de Dios por la vida de Juan Pablo que será ordenado diácono de la Iglesia y nosotros renovamos hoy,
cada uno desde su vocación específica, el llamado diaconal de ser servidores de Dios para los hermanos.

Mirando los textos bíblicos del día ensayo y comparto tres breves puntos sintetizados en tres palabras: SIGNO, SERVIDOR, HÁGASE.

1) “El Señor mismo les dará un SIGNO” (Is 7,14)

2) Ser SERVIDOR del Señor (cf. Lc 1,38a)

3) “HÁGASE en mí según tu Palabra” (Lc 1,38b)

1) “El Señor mismo les dará un SIGNO” (Is 7,14)

La primera lectura, el texto de Isaías, nos pone en tensión con los SIGNOS de la presencia de Dios y la búsqueda de su voluntad en nuestra vida. ¡Cuántos SIGNOS de Dios querido Juan Pablo se entrecruzan hoy en tu vida! Tu Madariaga natal con la fe de tus abuelos, especialmente Heriberto; el acompañamiento siempre de tus padres, el bautismo del padre Carlitos Silvestre en esa pila bautismal; la escuela de hermanas, la parroquia y los amigos de ayer y de hoy.
Todos SIGNOS de la presencia de Dios. El mismo SIGNO doloroso del accidente y tantas otras cosas. Los SIGNOS de Dios se siguieron repitiendo en tu estudio universitario en Buenos Aires hasta que el SIGNO más fuerte se manifestó en aquella misión juvenil en el conurbano profundo y pobre. Allí el SIGNO del Señor se manifestó en la Palabra: “¡Ánimo, levántate! Él te llama” (Mc 10,49). Y descubriste en ese contexto de periferia y vulnerabilidad que el Señor te llamaba a ser padre y pastor de su pueblo, a ser sacerdote. Los SIGNOS fueron decantando y se concretaron primer en tu inserción en la querida comunidad de la Inmaculada de Gesell y luego en tus años de Seminario en La Plata. Hoy das ese primer paso con la ordenación diaconal respondiendo al SIGNO y los SIGNOS de Dios en tu vida.
Queridos hermanos que todos en la Iglesia Diocesana, especialmente en este tiempo de sinodal de caminar juntos en la audacia del Espíritu, podamos estar abiertos y responder a los SIGNOS de Dios en nuestra vida y en la historia.

2) Ser SERVIDOR del Señor (cf. Lc 1,38a)

Con María, junto a María la SERVIDORA del Señor, hoy serás ordenado diácono, es decir SERVIDOR. Es el signo distintivo de María porque es el signo distintivo del fruto bendito de su vientre: ser SERVIDORES. En línea con los Poemas del SERVIDOR Sufriente del segundo Isaías (cf. Is 42,1-7; 49,1-6; 50,4-9; 52,13-53,12), Jesús define su misión entre los seres humanos como SERVIDOR, aquel que “no vino para ser SERVIDO, sino para SERVIR y dar su vida en rescate por una multitud” (Mt 20,28). De este modo, querido Juan Pablo, deberá configurase tu diaconado en orden al presbiterado: como SERVIDOR del Santo Pueblo de Dios. Que todas las personas y grupos, de forma directa en la Comunidad de Santa Rita de Mar del Plata, encuentren en vos, en tus palabras y gestos, la presencia de Cristo SERVIDOR. Especialmente los enfermos, pobres, débiles y sufrientes.

Y que todos, queridos hermanos, en nuestro caminar como Iglesia Diocesana, sigamos creciendo en SERVICIO de entrega, compromiso y coherencia. ¡Que nada nos ate en el SERVICIO! ¡Qué nada nos impida ser el rostro SERVIDOR de Cristo para nuestros hermanos!

3) “HÁGASE en mí según tu Palabra” (Lc 1,38b)

Por último, las palabras finales de la Virgen María en la Anunciación antes
que el Ángel se aleje. El sí de la Madre, la fidelidad a la misteriosa voluntad de
Dios en este HÁGASE en mí según tu Palabra. María nos presenta todo un programa de vida sintetizado en este decir sí a Dios aunque no se comprenda ni entienda en profundidad. La coherencia de vida de María es total y se expresa en obedecer sin pedir razones y sin poner condiciones. María tiene una fuerza interior y una fe explosiva de tal calibre que puede decir HÁGASE. Tu fe, querido Juan Pablo deberá crecer cada día más, para que con María y como María puedas decir una y mil veces: HÁGASE en mí según tu Palabra. En lo pequeño y en lo más grande; en lo que veas con más claridad y también cuando te cueste obedecer la voluntad del Padre Eterno. Que como hombre de Dios, hombre de fe puedas repetir desde lo más profundo de tu corazón: HÁGASE en mí según tu Palabra.
Y todos queridos hermanos en nuestra Diócesis de Mar del Plata, con María y como María podamos decir nuestro HÁGASE en mi según tu palabra para ser
verdaderamente Iglesia trinitaria, sinodal y profética.

Para concluir quiero agradecer a la familia de Juan Pablo, especialmente a sus padres, Verónica y Pablo, al resto de su familia y amigos; agradecer a la comunidad de Madariaga y a todas las personas y grupos que en las comunidades diocesanas de La Plata, Buenos Aires y Mar del Plata han acompañado y seguirán acompañando al nuevo servidor del Señor. Un agradecimiento especial al padre Luis Albóniga y al Seminario de La Plata, en su rector el padre Andrés y el resto del equipo de formadores, que tienen la delicada y fecunda tarea de formar a los futuros pastores del Santo Pueblo de Dios.