MONS. QUINTANA FUE CONSAGRADO OBISPO AUXILIAR DE MAR DEL PLATA

El Obispo Mons. Gabriel Mestre consagró a Darío Rubén Quintana como Obispo Auxiliar de la diócesis de Mar del Plata en una ceremonia realizada hoy en la Catedral, frente a 17 Obispos de todo el país y Brasil y más de 100 sacerdotes. Homilía de Mestre

El obispo de Mar del Plata consagró hoy a Monseñor fray Darío Rubén Quintana OAR, como nuevo Obispo Auxiliar de la Diócesis en una ceremonia con 17 obispos de Argentina y Brasil y más 30 sacerdotes de la Orden de Agustinos Recoletos, de otras congregaciones, movimientos y de otras diócesis y 70 sacerdotes de Mar del Plata, religiosas, consagradas, diáconos y seminaristas. Autoridades municipales, provinciales y nacionales.

Recordemos que el papa Francisco el 5 de noviembre pasado nombró obispo titular de Bavagaliana y auxiliar de Mar del Plata a Fray Dario Quintana.

Fue obispo consagrante monseñor Gabriel Antonio Mestre, obispo de Mar del Plata, y obispos coconsagrantes monseñor fray José Luis Azcona Hermoso OAR, obispo prelado emérito de Marajó, Brasil, y monseñor Antonio Marino, obispo emérito de Mar del Plata. Se encontraban presentes el cardenal primado de Argentina, Mons Mrio Poli, el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina Mons Oscar Egea y autoridades de la CEA.

Actuaron como presbíteros asistentes del nuevo obispo los padres fray Miguel Miró Miró OAR, prior general de la Orden de Agustinos Recoletos, y fray Miguel Ángel Hernández Domínguez OAR, prior de la provincia agustina recoleta Santo Tomás de Villanueva, España, de la que dependen los agustinos recoletos de la Argentina.

Por su parte el Mandato Apostólico fue proclamado por el padre fray Ricardo Daniel Medina OAR, vicario provincial de la Argentina.

Homilía de Mons. Mestre
“Que todos sean uno en la audacia del Espíritu”

En su Homilía del Padre Obispo Gabriel Mestre, bajo el título ¡Qué todos sean uno en la audacia del Espíritu! Dijo textualmente:

Celebramos al Señor en la alegría de esta tarde con la presencia de tantos hermanos obispos, sacerdotes y diáconos, consagrados y consagradas, laicos de la Diócesis; hermanos venidos de otras comunidades, especialmente de la gran familia agustina que, de diferentes puntos cardinales hoy aquí se hacen presente, particularmente en las personas del padre general, del padre provincial y del vicario para Argentina. Autoridades Nacionales, Provinciales, Municipales de los distintos partidos de la diócesis y representantes de las fuerzas armadas y de seguridad.

Querido Darío, que tu lema episcopal, inspirado en la llamada oración sacerdotal del Evangelio de Juan, sea ya desde ahora camino de unidad para la Iglesia Diocesana en el servicio que darás como auxiliar del obispo diocesano.
¡Qué todos sean uno en la audacia del Espíritu!
¡Que con la intercesión de la Virgen María, San Agustín, Santa Mónica y San Ezequiel Moreno en la Iglesia de Mar del Plata todos seamos uno en la audacia del Espíritu!

Quiero compartir tres pensamientos sintetizados en tres palabras: Apóstoles, Evangelio, Pueblo.

1- El obispo hombre de fe sucesor de los Apóstoles
2- El obispo pastor con un oído en el Evangelio
3- El obispo pastor con un oído en el Pueblo

1- El obispo hombre de fe sucesor de los Apóstoles

Querido Darío tu nombre hoy comienza a estar asociado con el de los Apóstoles y de los sucesores de ellos a lo largo del tiempo en la vida de la Iglesia. Sucesor de los Apóstoles: esa será ahora tu identidad más profunda. El pequeño Darío en Buenos Aries; el preadolescente Darío en Mar del Plata con su casa y negocio en el barrio de la Parroquia de Fátima y con su cercanía a la familia orionita; el joven y después adulto Darío sellado de una vez para siempre en la espiritualidad de San Agustín en los frailes recoletos, hoy es consagrado sucesor de los Apóstoles.

¿Qué es lo propio del sucesor de los Apóstoles? ¿Qué es lo propio del obispo? Hombre de fe, testigo privilegiado y por excelencia de la resurrección del Señor. Aquí está tu eje y el contenido de tu identidad más profunda: la fe en Dios y en su poder que hace nuevas todas las cosas (cf. Ap 21,5). En nuestro camino sinodal y en la pastoral de la Diócesis descubrimos una y mil veces que la vivencia de la fe es un elemento esencial. Que, como obispo auxiliar, sucesor de los Apóstoles, puedas ser siempre para todos, un hombre de fe, un hombre de Dios, verdadero testigo de la resurrección de Cristo para la vivencia de la fe. Fe que mira al misterio insondable del Dios Uno y Trino. Fe que mira a la Iglesia y su rica historia. Fe que mira al querido Papa Francisco como el primero de los Apóstoles que hoy nos conduce como el dulce Cristo en la tierra según palabras de Santa Catalina de Siena. El mismo Papa Francisco hace unos pocos días, en un lúcido y audaz discurso a la Curia Romana, nos recordaba a todos este elemento esencial de la fe vivido en un cambio de época con transformaciones muy profundas. En la Iglesia de Mar del Plata, en medio de nuestras debilidades y fragilidades, vamos dando esos cambios que el Santo Padre nos pide hoy: un estilo sinodal y participativo, una Iglesia verdaderamente inclusiva a la luz de Amoris Laetitia, una Iglesia que se compromete en el cuidado de la Casa Común, una Iglesia que no se repliega ni se esconde en la sacristía, una Iglesia que es hospital de campaña para cuidar a todos, especialmente a los pobres, enfermos, débiles y sufrientes. Somos una Iglesia joven fiel a la fe y la tradición de siempre, asumiendo los desafíos enormes de estos momentos de la historia.

Querido Darío que, en medio de esta realidad, puedas ser junto a mí para todos en la Diócesis, hombre de fe, verdadero testigo de la resurrección de Cristo según el paradigma que el Papa Francisco nos propone para este cambio de época.
¡Qué todos sean uno en la audacia del Espíritu!

2- El obispo pastor con un oído en el Evangelio

Querido Darío, el Señor te llama al episcopado el mismo año que fueron beatificados los Mártires Riojanos. La figura de Enrique Angelelli obispo mártir adquiere para vos hoy una dimensión particular. Parafraseando al pelado Angelelli quisiera detenerme primero en la frase “con uno oído en el Evangelio”. Que puedas tener un oído realmente atento al Evangelio, que puedas ser hombre de la Palabra con mayúsculas, pastor abierto a la sabiduría divina. Eso es lo que el Señor espera de vos. Como obispo, con un oído puesto en el Evangelio, puedas transmitir siempre su Palabra. En el camino sinodal de la Iglesia de Mar del Plata nos ocupa y preocupa la transmisión del Evangelio. Las temáticas de la etapa presinodal se han concentrado fuertemente en una evangelización y catequesis renovadas. Que tu fidelidad a la Palabra de Dios, que tu oído atento al Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, sea realmente un aporte significativo que nos haga crecer en la transmisión de la fe a todos.

En la Iglesia Particular de Mar del Plata necesitamos escuchar a Dios. En las pruebas y confusiones, en las inconsistencias y dudas de los que somos parte de esta familia diocesana necesitamos tener un oído atento al Evangelio. Por eso querido Darío, junto a tu obispo diocesano, te pido que una y mil veces seamos fieles al Evangelio, al kerigma, al primer anuncio. Que lo podamos vivir y que lo podamos anunciar y hacer anunciar con gozo y alegría, no para ganar adeptos, sino para que todos en Jesucristo, el Señor, tengan vida y vida en abundancia (cf. Jn 10,10).

¡Con un oído en el Evangelio que todos sean uno en la audacia del Espíritu!

3- El obispo pastor con un oído en el Pueblo

Toda la ontología del ministerio episcopal, existencialmente se pierde en la estratosfera más mundana, si el obispo no capta su referencia incondicional al Pueblo. Por eso te comparto aquí la segunda parte de la frase del pelado Angelelli: “con un oído en el Pueblo”. Querido Darío, el santo Pueblo de Dios tiene que adquirir para vos como obispo auxiliar un valor sacramental esencial y totalmente teologal: somos obispos para el Santo Pueblo de Dios.

Santo Pueblo de Dios que son los laicos, consagrados, diáconos y presbíteros, que como auxiliar junto a mí, como obispo diocesano, deberás apacentar. Son parroquias, capillas y CEBs; son comunidades educativas, pastorales, servicios, movimientos e instituciones; son rostros muy concretos que a lo largo y lo ancho de los kilómetros de la Diócesis de Mar del Plata esperan de mí en primer lugar, y de vos como auxiliar, la presencia del único Pastor con mayúsculas que es Nuestros Señor Jesucristo. En estos rostros muy concretos, que en una pequeña parte conocés y en una gran parte irás conociendo, se entretejen vidas e historias muy profundas que reclaman ser pastoreadas.

Dentro de nuestros límites contamos con la gracia de laicos muy comprometidos, jóvenes y adultos, que se juegan la vida siendo realmente personas de Iglesia en el corazón del mundo y personas del mundo en el corazón de la Iglesia. Querido Darío estos laicos, miembros del Santo Pueblo de Dios, a mí me acompañan y enriquecen constantemente, que también lo puedan hacer con vos. La vida consagrada, masculina y femenina, aunque reducida en número, particularmente en los últimos diez años, tiene una presencia rica y activa en la vida diocesana. Llevan adelante diversas obras de evangelización, educación y servicio en muchos casos con gran esfuerzo por la falta de “operarios para la cosecha” (cf. Mt 9,32ss). Querido Darío que puedas encontrar en los consagrados el afecto, el cariño y la obediencia filial que han demostrado a lo largo de estos dos años y medio conmigo. Por último, en los presbíteros y diáconos, tenemos nuestros colaboradores más cercanos y directos. A mí me compete pastorearlos y ser padre como obispo diocesano y vos participarás de esta cercanía como obispo auxiliar. Tenemos escasez de presbíteros y diáconos; cinco parroquias en este momento no tienen párroco. La mayoría de los presbíteros y diáconos llevan una vida entregada totalmente al Santo Pueblo de Dios. Muchos de ellos exigidos por el exceso de trabajo y asumiendo varios oficios diocesanos que como obispo les tengo que encomendar. Más de una vez al día Dios me edifica con el testimonio de generosidad y entrega de los presbíteros y diáconos de la Diócesis de Mar del Plata. Muchas veces esto lo veo directamente y en otros casos me llega por testimonio de otros. Gracias a Dios son muchos los laicos que valoran y le cuentan al obispo lo mucho de bueno que con sencillez y austeridad hacen sus pastores en cada una de las comunidades. El Papa Francisco insiste constantemente en la cercanía que los obispos tenemos que buscar con nuestros presbíteros y diáconos. Te pido que como auxiliar me ayudes en este importante pastoreo de los pastores de nuestras comunidades.

Querido Darío, el Santo Pueblo de Dios, me compromete y te compromete. Esto es tener un oído en el Pueblo, esto es ser pastor con olor a ovejas como nos pide el Papa Francisco. Nuestro tiempo deja de ser nuestro tiempo personal para ser tiempo de Dios y tiempo de su Pueblo Santo. Como el Maestro vas a experimentar la intemperie y más de una vez vas a darte cuenta que no tenés dónde reclinar la cabeza (cf. Mt 8,20). Pero todo esto por servicio pastoral al Santo Pueblo de Dios. No hay tiempo para el confort; es tiempo de sencillez, austeridad y servicio. El tiempo es de Dios y de nuestro Pueblo, ya no nos pertenece hemos dicho que sí y lo hemos entregado. Decimos sí al episcopado para gastarnos y desgastarnos una y mil veces por nuestro Pueblo. Ni la mundanidad eclesiástica, ni la comodidad burguesa, ni el aparato jerarcológico episcopal, ni la superficialidad litúrgica de las puntillitas nos tiene que distraer de nuestro pastoreo cotidiano con la fuerza que nos da Jesús. Somos de Dios y de su Santo Pueblo.
¡Con un oído en el Pueblo qué todos sean uno en la audacia del Espíritu!

Para terminar queridos hermanos todos, pido que reciban con los brazos abiertos en todas las comunidades al nuevo siervo de Dios, al obispo auxiliar Darío. En el tiempo, se irá haciendo presente para que lo conozcan más profundamente a él y también para que Darío los conozca a ustedes y los pueda servir como pastor.

Querido Darío agradezco tu sí a Dios en este servicio que Él te pide. Que, como el sí de la Bienaventurada Virgen María, sea realmente fecundo. Que la intercesión y el espíritu indómito de tu padre San Agustín te acompañe siempre. Agradezco a tu mamá, al resto de tu familia, a tus amigos de siempre y a la gran familia agustiniana recoleta el sí que, como María, ellos también dan con vos.

Sabés que contás conmigo en todo momento. Que puedas ser como obispo auxiliar de Mar del Plata un hombre de fe, sucesor de los Apóstoles, pastor con un oído en el Evangelio y el otro en el Pueblo en este camino de Iglesia trinitaria, sinodal y profética.

+Padre Obispo Gabriel Mestre
Diócesis de Mar del Plata
Argentina