LOS #TRESPUNTITOS DE MONSEÑOR GABRIEL MESTRE DOMINGO 2º DURANTE EL AÑO CICLO A. 19 DE ENERO DE 2020

Domingo 2º Durante el Año Ciclo A.
19 de enero de 2020

Primera lectura: Is 49,3-6 | Salmo: Sal 39,2.4ab.7-10 | Segunda lectura: 1Co 1,1-3 | Evangelio: Jn 1,29-34

Ya comenzamos el Tiempo Durante el Año en este ciclo A en el que leeremos de forma semi-continua el Evangelio de Mateo. Sin embargo, como en los tres ciclos, este Segundo Domingo compartimos un texto tomado del comienzo del Evangelio de Juan.

En continuidad con la celebración del Bautismo del Señor la semana pasada, el Evangelio y el resto de los textos de la Escritura de este Domingo, una vez más quieren iluminarnos para que podamos descubrir quién es Jesús. Propongo entonces, estos tres puntos para meditar y reflexionar sintetizados en tres palabras: IDENTIDAD, VER, ESTOY.

  1. ¿Quién es nuestro Salvador? La IDENTIDAD de Jesús
  2. Invertir tiempo y energías para VER a Jesús
  3. Cumplir la voluntad de Dios: aquí ESTOY

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  1. ¿Quién es nuestro Salvador? La IDENTIDAD de Jesús

En la Palabra de Dios escrita que se nos regala este Domingo descubrimos la verdadera IDENTIDAD de Jesús. Mirando el Evangelio descubrimos que Jesús es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, el que existe desde siempre, es aquel sobre el que desciende y permanece el Espíritu, es el que bautiza en el Espíritu Santo, es el Hijo de Dios. A la luz de la segunda lectura vemos como Jesús es el Mesías, el Ungido, el Señor. La primera lectura, en clave de profecía, nos anticipa quién será Jesús: el Servidor y, nuevamente, el Señor. Todas estas denominaciones de Jesús, llamadas técnicamente “títulos cristológicos”, apuntan a dejar bien en claro la IDENTIDAD de Jesús que en el misterio de la Encarnación que celebramos hace pocos días en la Navidad: Jesús es verdaderamente Dios y verdaderamente hombre. Esta afirmación de perfecto equilibrio con respecto a quién es Jesús es fundamental dado que pueden existir en nosotros imágenes distorsionadas de Él. Es decir, acentuar tal o cual aspecto del Señor en desmedro o desvalorización de otro. Una suerte de Jesús mutilado o parcializado, un Jesús a nuestra medida, un Jesús según nuestros propios esquemas. El desafío será llegar descubrir cada día más su verdadera IDENTIDAD y purificar constantemente la visión que tenemos de Él. Percibirlo cercano en su humanidad, en su ser Servidor, en su bautismo de purificación y, a la vez, dejar que sea realmente Dios salvándonos como Cordero que quita el pecado del mundo, dejándonos sumergir en la fuerza del Espíritu que todo lo renueva porque realmente es el Hijo de Dios.

¿Qué imagen tengo de Jesús? ¿Busco conocer su IDENTIDAD más profunda? ¿Capto por la fe que es verdaderamente Dios y verdaderamente hombre? ¿Tiendo a adaptar su mensaje para mi conveniencia? ¿Reduzco la comprensión de su vida solamente a lo humano o solamente a lo divino? ¿Veo en Jesús solamente un líder social o un doctrinero moral… solo un hombre comprometido o un “diseñador” de complejas liturgias…? En definitiva: ¿quién es Jesús para mí?

 

  1. Invertir tiempo y energías para VER a Jesús

Teniendo presente la frase de Juan Bautista que dice que no lo conocía, podemos interrogarnos utilizando el mismo verbo: ¿realmente buscamos conocer a Jesús? El texto evangélico utiliza la forma verbal edein (v. 31, también v. 29) que literalmente significa VER: ¿deseamos VER a Jesús? Es un verbo que tiene un profundo sentido teológico y espiritual, supera la mera VISIÓN humana (cf. también el mismo verbo en Jn 12,21: “queremos VER a Jesús”). A este interrogante podríamos responder rápidamente que sí y es probable que en parte estemos en lo cierto. Sin embargo, si nos detenemos un poco más a reflexionar nos daremos cuenta que nuestro conocimiento del Señor es deficiente. Entran en juego nuestros límites y muchas veces nuestra falta de formación, de lectura y de profundización en los misterios de la fe. Conocemos y tenemos una muy buena VISIÓN de los grandes personajes de nuestro mundo contemporáneo que nos gustan o atraen, de los ídolos de nuestro tiempo: deportivos, artísticos, políticos-sociales y hasta faranduleros. Pero nos falta profundizar en encuentro, conocimiento y VISIÓN de nuestro Señor. Se impone una suerte de examen de conciencia con respecto a nuestro real conocimiento y VISIÓN del Señor preguntándonos cuánto tiempo dedicamos o no a esto.

¿Deseo realmente VER-conocer a Jesús? ¿Cuánto tiempo dedico a esto… en la oración, en meditación con la Biblia, en formación con los documentos de la Iglesia, en lectura de buenos libros de espiritualidad…? ¿Cuánto tiempo dedico a lectura de otro tipo o a navegación libre por el universo de internet…? ¿Qué puedo hacer hoy para suscitar más en mí el deseo de VER-conocer a Jesús? ¿Voy a “invertir tiempo” en VER-conocer a Jesús?

 

  1. Cumplir la voluntad de Dios: aquí ESTOY

El salmo 40[39] en su antífona y en sus versos nos recuerda la hermosa frase bíblica: “Aquí ESTOY para hacer tu voluntad”. Si realmente descubrimos la grandeza de nuestro Dios que profundizamos en el primer punto no nos va a resultar difícil encontrar nuestro proyecto de vida cumpliendo su voluntad. El “aquí ESTOY”, además de disponernos al encuentro con Dios, nos ubica en tiempo y espacio personal y comunitariamente: este soy yo aquí y ahora. Poder decirle a Dios: Aquí ESTOY con mis luces y mis sombras, con mis logros y mis fracasos, con mis fuerzas y mis miedos… Repetir una y mil veces “aquí ESTOY para hacer tu voluntad”. Desde ese ser yo mismo disponernos a cumplir la voluntad de Aquél que es el autor de la Vida.

¿Dónde ESTOY parado en la vida hoy? ¿Quién soy…? ¿Cómo me defino…? ¿Qué implica para mí decir a Dios: “Aquí ESTOY”? ¿Cumplo la voluntad de Dios? ¿Busco ser fiel a sus preceptos no por mero afán moralista sino por encontrar en ellos el verdadero camino de la vida? ¿En qué aspectos de mi existencia me cuesta más cumplir la voluntad de Dios?

 

+Mons. Gabriel Mestre

Obispo de Mar del Plata

Argentina

 

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