“Hay que ayudar a ‘dejar que Dios hable'”

María Victoria de Jesús Eucaristía hará su profesión solemne como Carmelita Descalza el próximo 18 de enero en la capilla de la Hermanas Carmelitas a las 18hs. Para las carmelitas “cada cosa que vivimos es un acto de oración”. A continuación, su testimonio.

“Para llegar a este momento de formulación de votos transité un largo camino. Todo comenzó a los 16 años cuando me formulé por primera vez la pregunta ¿qué sería ser monja? En un retiro sentí un profundo llamado del Señor y trate de racionalizarlo diciéndome que el llamado era a ser mejor hija, mejor mujer, más alegre, mas servicial. Pase dos días ocultándome y pero siempre volvía el mismo llamado a mi conciencia. Con el tiempo no podía desoír este llamado interior y comencé a ponerle palabras a este misterio. Ya con 28 años ingresé en el monasterio de las Carmelitas descalzas aquí en Mar del Plata. Fueron 12 años de discernimiento pleno de mi vocación que ahora se plasmará en el acto solemne del 18 de enero.

Inicialmente, en la adolescencia el llamado vocacional tuvo un costado romántico y otro visceral. Fueron muchos años de rezar y discernir, años de cobardía y rechazo. Me obligué a terminar mi carrera de Contador Público para ver si este era mi destino, luego tuve buenos trabajos y muy exitosos, pero el discernimiento continuaba frente a todos los miedos. El llamado del Señor no se puede ocultar.

Mi nuevo nombre, María Victoria de Jesús Eucaristía, como me llamaré luego de la profesión de mis votos, es una identidad que tenía velada pero ahora es parte de la plenitud de María Victoria Rodríguez Arvas. Se nos da esta posibilidad de tener un nombre religioso que acompaña al del bautismo que no significa un corte horrible en mi identidad, sino que se unen en una plenitud para una nueva etapa. Pero seguiré siendo Vicky para todos.

Vivir en la comunidad de Hermanas Carmelitas descalzas y saber que esta será mi casa, es un proceso de adaptación como en cualquier otra situación, como en el matrimonio, donde de un día para otro tienes que compartir todo sin estar preparado y lleno de miedos.

Pero yo veo la ternura de Dios en nuestra comunidad, como la viví en mi propia casa, con mis hermanas y primas. Esos ritos familiares de encuentro y trabajo familiar se reproducen en el monasterio. Por eso lejos de sentir que yo entraba a una organización muy estructurada, sentí que participaba de otra familia, con otras características pero con el aroma al hogar de origen.

Todos creen que las carmelitas descalzas nos la pasamos rezando, y es cierto que esa es la nota esencial de nuestro carisma. Pero aquí las 10 hermanas vivimos la vida ‘a full’. Todas somos conscientes de que la tarea que te toque realizar, ya sea cocinar,  hacer el jardín o el taller, sabemos que hay que ponerle todo el amor. En el camino vamos descubriendo que no se trata de cuántas veces hacemos oración, sino que cada cosa que vivimos es un acto de oración. Estamos enclaustradas, pero el Carmelo de Mar del Plata es de puertas abiertas. Tenemos Misa todos los días, recibimos a nuestros familiares y hablamos con todos lo que quieran visitarnos. La portería está abierta todos los días. La gente se acerca a pedir oraciones, a conversar, a abrir su corazón y a rezar con nosotros. Hacemos vida contemplativa, lo que quiere decir que queremos darle todo a Jesús y estar cerca de Jesús, eso hace que no tengamos necesidad de salidas al mundo, salvo casos de necesidad por salud o compras. Elijo quedarme, nadie me prohíbe salir. El claustro es una elección.

Vivimos un tiempo difícil para que los jóvenes escuchen el llamado del Señor, hay mucho ruido a nada. Pero el Señor siempre habla, en el 1500, el 2000 o el 2050, cuando Dios entra en tu corazón lo revoluciona de un modo inimaginable, pone toda tu vida pata para arriba y te obliga a replantear. Esta época tiene los colores propios y a muchos les cuesta descubrir el valor de la vida cuando hay demasiado ruido mundano, preguntar si mi vida se puede entender totalmente entregada a Dios, es difícil. Se necesita un proceso de discernimiento profundo, de acompañamiento. Pero Dios provee los caminos para descubrir sus palabras, no hay tiempos difíciles para Dios.

Muchos jóvenes pasan por nuestra casa y hace varios años que somos parte del equipo que lleva a delante el taller Nazaret, que es un itinerario de crecimiento y de maduración en la fe, no solo para el discernimiento vocacional, sino como espacio para ayudar a ‘dejar que Dios hable’ en tu propia vida. Además hay muchos grupos juveniles que se reúnen en el Carmelo a pasar el tiempo junto a Dios, con alegría y música.

Quiero pedir finalmente, que me ayuden a dar gracias. No es común que Dios te regale una claridad como la que yo tengo en este tiempo para hacer esta opción. Por eso quiero dar gracias y rezar al Señor para que pueda ser fecunda en su Iglesia”.

hna Viky 18 enero