SEMANA DE TRABAJO DE LOS SEMINARISTAS CON EL OBISPO

El obispo Gabriel Mestre trabaja en “La Eufemia” durante la presente semana con los 14 jóvenes de la Diócesis que se preparan para ser sacerdotes en el seminario de La Plata. El encuentro se realiza en el hogar “La Eufemia” de Mar del Sur donde conviven durante toda la semana.

Durante esta semana los jóvenes seminaristas revisan su proceso formativo y alternan entre momentos de esparcimiento, de oración y trabajos entorno a temas significativos de la realidad eclesial y social. Este año, en particular, la Pastoral Social de Mar del Plata brindó un espacio de reflexión sobre los principales desafíos socio políticos actuales.

Se suele decir que los jóvenes son el futuro. El Papa Francisco ha modificado ese enfoque señalando que los jóvenes son el presente. En tal sentido el vicario, Padre Luis Albóniga dijo que “esta pequeña modificación del lenguaje implica un gran cambio en el reconocimiento del lugar protagónico que tienen los jóvenes y los alienta en su responsabilidad y compromiso personal y comunitario. De este modo, pueden experimentar la realidad como una provocación que no los lleva a replegarse sobre sí mismos sino a escuchar el llamado a asumir y enfrentar los desafíos”, concluyo Albóniga.

Es común que a la gente le llame la atención la renuncia que deben hacer los sacerdotes. ¿Cómo se enfrenta un joven a esta opción en su vida? El seminarista Guillermo Salinas, de Santa Clara, respondió “yo creo que la pregunta correcta no es indagar por lo que dejamos atrás, sino que la cuestión es por qué decirle sí a algo. Se trata de la respuesta a un llamado, el de Jesús, que nos invita a dar un sí, que también implica renuncias”.

Esta mirada positiva supone una perspectiva de fe que ilumina la realidad y anima a opciones definitivas aun en medio de la fragilidad personal. Es lógico que ante este desafío puedan surgir temores. Pablo García, de la parroquia del Huerto de Mar del Plata, dice al respecto: “mi principal miedo es no poder realzar la misión a la que Dios me ha llamado y responder con generosidad en el servicio a los hermanos”.

Como los jóvenes que enfrentan una formación profesional seria, un camino de vocación familiar, también los futuros sacerdotes deben asumir sus temores ante tantos desafíos que presenta la realidad, pero conscientes de que sólo una opción decidida da sentido a sus vidas y puede aportar algo a la transformación del mundo.

La vocación sacerdotal implica el compromiso con la Iglesia y en la Iglesia. Una institución que muchos cuestionan, que incluso no es vista con buenos ojos y que implica para ellos tener que “hacerse cargo” de esa realidad ante los ojos de los demás. El seminarista Lucas Santucho, de la parroquia San Benedetto de Mar del Plata, señala, al respecto, que lo entusiasma pertenecer a una Iglesia que busca ser “una Iglesia pobre para los pobres y cada día más una Iglesia de puertas abiertas”.

Los jóvenes seminaristas, dice el padre Albóniga, “experimentan el entusiasmo que suscita este tiempo de renovación eclesial acompañados por uno de los obispos más jóvenes del país. Evidentemente, no se trata sólo de una mirada humana sino de una experiencia muy personal de encuentro con Dios: Estos jóvenes tienen en común el haber vivenciado un vínculo de profunda amistad con Jesús que los marca y los define”. Dice Juan Marcos Degl’Innocenti, de la Parroquia Cristo Rey de Mar del Plata, “me inspira Jesús, su mensaje, su ejemplo, el poder imitarlo y desde su vida y su misión asumir el desafío de transformar la realidad”.

¿Cuál es el aporte de un futuro sacerdote al mundo de hoy?
Le recuerda a todos el seminarista Lucas Di Leva, de la Parroquia Asunción de Mar del Plata, “que Dios no abandona, que está presente, que sigue llamando, buscando y acompañando. Recordamos con nuestra voz y nuestra vida que Dios no es algo del pasado sino alguien presente que ama y que busca salvar a todos”.
A su turno, Juan Pablo Arrachea, de Madariaga y que fuera ordenado diácono el pasado mes de diciembre en su ciudad y se convertirá en sacerdote este año, dijo que el desafío de haber completado sus estudios y a punto de asumir su compromiso pastoral manifiesta “una profunda alegría y entusiasmo ante la posibilidad de poder plasmar todo lo que he aprendido al servicio de la Iglesia y del pueblo de Dios”. Al mismo tiempo, se siente interpelado por la responsabilidad que tiene que asumir y es consiente de la importancia de la misión que se le confía. Juan Pablo continúa, “estoy entusiasmado por el destino que me ha confiado el obispo en la comunidad de la Parroquia Santa Rita de Mar del Plata donde comenzaré a ejercer mi servicio en el mes de febrero”.

Los jóvenes seminaristas tienen entre 19 y 31 años, todos tienen su realidad familiar particular, han hecho experiencia de trabajo, de estudio universitario y protagonismo pastoral y social. Son jóvenes de este tiempo con los mismos problemas y las mismas posibilidades que los demás jóvenes.

En estos días al obispo se lo ve caminar por la playa y por el campo en charlas personales con los seminaristas, nada en el mar y juega con los jóvenes como uno más. No sólo con la palabra y en la oración sino con toda su vida acompaña a estos jóvenes y alienta a todos los jóvenes a que asuman con alegría el presente de la Iglesia y del mundo.

Dice Mestre a los jóvenes de hoy: “anímate a decirle sí a la Vida, sí a tu corazón. Dios le dice sí a tu vida, decile sí a Dios”.

El encuentro finalizará con la participación de todos los sacerdotes de la Diócesis (unos 40) que en una misa y almuerzo fraterno manifiestan el apoyo y acompañamiento a los jóvenes seminaristas.