NI RUINAS, NI MONUMENTOS: FUNDAMENTOS

TESTIMONIO DEL PADRE EZEQUIEL KSEIM DESDE JERUSALEN

Tengo la gracia por estos días de estar concluyendo la tercera semana como peregrino en Tierra Santa, en una fuerte experiencia de profundización y renovación de espiritualidad sacerdotal, organizada por el Instituto Sacerdos, con sede en Roma, del cual participamos 46 sacerdotes provenientes de México, EEUU, España, Polonia, Alemania y Argentina.

El programa planteado es muy completo y pudimos visitar la totalidad de los lugares más significativos de los comienzos de nuestra fe cristiana narrados en las Escrituras. En ellos se palpa y se respira la presencia del Señor, algunos me dejarán para siempre impresiones profundas en el alma, son sin dudas geografía de la Salvación: la estrella que marca el lugar del nacimiento en Belén, la casa de la suegra de Pedro en Cafarnaúm, a orillas del Mar de Galilea, desde cuya Iglesia se aprecia la vista desde arriba de la casa, tal como pudo verla el paralitico antes de ser descendido con su camilla para ser sanado. Betania la casa de los amigos del Señor: María, Marta y Lázaro. Y allí muy cerca Betfagé donde comienza la procesión de entrada triunfal montado en un asno -Domingo de Ramos-, el pozo de Jacob donde fue el encuentro con la mujer samaritana, la piscina de Siloé, el Cenáculo, el Primado de San Pedro donde se aparece Jesús Resucitado y espera en la orilla con las brasas para comer con los discípulos, el monte de los olivos, Getsemaní, San Pedro in Galicantu -casa de Caifás- donde se aprecia el lugar de las negaciones de Pedro, el calabozo donde estuvo Jesús y la misma escalera en la que bajó el Señor hasta el pretorio en la torre Antonia donde ocurrió la flagelación, la Vía dolorosa, el Calvario y el Santo Sepulcro Vacío, testigo silencioso de la Resurrección. Estos sitios son símbolos tangibles de la Salvación y del amor de Dios por la humanidad entera, por los pecadores, por cada uno de nosotros.

Un valor especial tiene esta experiencia por peregrinar junto a hermanos sacerdotes con quienes concelebramos la misa cada día en estos diferentes paisajes, rezamos juntos, hicimos retiros, tuvimos encuentros con los frailes franciscanos custodios de los santos lugares y con el patriarca, hicimos caminatas, compartimos testimonios de nuestros apostolados y aprendimos mucho acerca de la historia, la geografía, la arqueología, de la coyuntura político y religiosa de ayer y de hoy, que reclaman e interpelan la comunión entre los creyentes y la paz entre los pueblos, el ejercicio del ecumenismo y una mirada de esperanza. El santo Papa Pablo VI dijo: “Todos han querido conquistar Jerusalén y aún hoy se la disputan, pero no se dan cuenta que es Jerusalén quién los ha conquistado”.

Por todo esto, me siento feliz y agradecido, se nos proporcionó un tiempo favorable para una verdadera renovación Espiritual, 21 días de vivencia intensa de la fe, que nos permitieron la posibilidad de meditar sobre el llamado que el Señor nos hizo; la misión específica de ser sacerdotes para siempre. Nos vamos a ir de Tierra Santa, llevándonos mucho de aquí, pero también algo de nosotros se queda aquí. Volvemos convencidos de que no hemos venido solamente a mirar ruinas o contemplar monumentos, sino a hacer la experiencia directa, cara a cara con este enorme patrimonio que conforma buena parte del fundamento de nuestra fe en Jesucristo el Salvador, el Mesías, el Señor.

 

Pbro. Lic. Ezequiel Eduardo Kseim

Diócesis de Mar del Plata

Peregrino en Tierra Santa Jerusalén,

28 de enero de 2020