LOS #TRESPUNTITOS DE MONSEÑOR GABRIEL MESTRE. DOMINGO 16 DE FEBRERO 2020

Domingo 6º Durante el Año Ciclo A. 16 de febrero de 2020

Primera lectura: Eclo 15,15-20 | Salmo: Sal 118,1-2.4-5.17-18.33-34 | Segunda lectura: 1Co 2,6-10 | Evangelio: Mt 5,17-37 (o bien, más breve: Mt 5,20-22a.27-28.33-34a.37)

El Evangelio de este Domingo tiene la posibilidad de una versión más larga y una más breve. Aquí tomamos la más acotada. Como hemos recordado los Domingos anteriores estos versículos son parte del Sermón de la Montaña (Mt 5-7). Dicho Sermón tiene como prólogo el hermoso texto de las Bienaventuranzas (Mt 5,1-12). Queda bien patente entonces que todo el planteo moral que se hace en estos tres capítulos tiene como pórtico y eje central buscar la verdadera felicidad del ser humano. Felicidad que tiene su raíz en Dios y en su proyecto de vida para todos y cada uno.

Es interesante que la Palabra nos pone en contacto con Jesús, como supremo legislador, que interpreta y da el sentido justo a la ley de Dios. El Maestro no se queda atrapado en discusiones legalistas ni jurídicas. Por eso invita a que la justicia de sus discípulos sea superior a la de los escribas y fariseos. El Señor está al centro como fuente y fundamento de la ley nueva, la ley que hace libres y felices a los que se deciden caminar por sus sendas.

En este contexto, en los versículos que aquí tomamos, podemos extraer tres enseñanzas de Jesús para nuestro crecimiento espiritual. El Señor realiza una hermosa catequesis actualizando el sentido de tres (o cuatro) mandamientos de la Ley (cfr. Ex 20,2-17; Dt 5,6-21; cf. también Núm 30,3):

  1. No matarás… (5º mandamiento).
  2. No cometerás actos impuros (6º y también 9º mandamiento).
  3. No darás falso testimonio ni mentirás… (8º mandamiento).

De aquí tomo los tres puntitos para este Domingo sintetizados en tres palabras: MATAR, PLACER, MENTIR.

  1. ¡No MATAR de ninguna forma!
  2. ¡No dejarse manejar solo por el PLACER momentáneo!
  3. ¡No MENTIR ni jurar en falso! 

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  1. ¡No MATAR de ninguna forma!

No MATAR nunca… ni de forma directa asesinando por la violencia de las armas, ni por el hambre, ni por el aborto o la eutanasia. Tampoco MATAR a nadie de forma más simbólica pero no por eso menos real: MATAR con la discriminación, el desprecio y desvalorización; MATAR con la indiferencia, la frialdad y el enojo irritante contra el hermano; MATAR con la maldición y el insulto…

¿Qué cambio suscita en mí el mandamiento “no MATARÁS”? ¿A qué me invita el Señor en este sentido? ¿Colaboro con mis palabras y actitudes para que el “no MATARÁS” sea un mandamiento vivido en mi ambiente habitual? ¿De qué forma puedo estar “MATANDO” a mis hermanos? ¿Discrimino, desprecio, desvalorizo al otro…? ¿MATO con la indiferencia? ¿Maldigo a los demás…? En los inevitables conflictos vinculares: ¿Insulto y me irrito con violencia?

 

  1. ¡No dejarse manejar solo por el PLACER momentáneo!

En un mundo hedonista y totalmente dominado por el PLACER como valor supremo y absoluto es de vital importancia releer estos versículos de la Palabra con una mirada que busque realmente el designio del Creador para sus hijos. La genitalidad, la sexualidad y la afectividad no son malas, son buenas, pero deben estar orientadas al bien, la verdad y la belleza que Dios quiere para sus creaturas. De ahí que no hay que cometer adulterio y desear desordenadamente, no hay que tener al PLACER como algo absoluto en la vida. El verbo desear que aparece en el v. 28 es el griego epithumeo. Tiene en el NT un sentido más bien negativo, en algún caso neutro. No es un desear limpio y siempre positivo, para esto se usa el verbo griego euchomai. Se trata aquí de un deseo desordenado, desenfrenado o desbordado. Es un desear marcado por la pasión sin control, una búsqueda de PLACER sin control vital. Incluso se lo traduce por codiciar eso que se desea. En sentido vulgar se podría traducir como comerse con los ojos o desnudar con la mirada lo que se “desea”.

¿Quién “maneja” mi vida?: ¿mis instintos, mis necesidades?, ¿mis impulsos, mis deseos desordenados, el PLACER momentáneo…? ¿Dejo que el amor de Dios sea la fuente de mi accionar moral en lo que se refiere a la genitalidad, sexualidad y afectividad? ¿Me esfuerzo, con la gracia de Dios, en un camino de verdadera castidad y pureza según mi propio estado de vida? ¿Dejo que la verdad y el bien de Dios reinen en todos mis vínculos humanos o tiendo a que solo el PLACER maneje todo?

 

  1. ¡No MENTIR ni jurar en falso!

Esta exigencia de Jesús nos recuerda que tenemos que ser siempre amigos de la verdad. La MENTIRA tiene patas cortas dice el refrán popular y eso se ratifica en la experiencia cotidiana. El Señor nos da también la oportunidad de darle valor a la palabra dicha, al compromiso asumido… Que el sea realmente , y el no sea no. Que no nos dejemos llevar por la tentación de aparentar lo que no somos y creemos. La Palabra es clara y Jesús lo ratifica: ¡No MENTIR ni jurar en falso! Que no seamos falsos ante los demás. Que seamos hombres y mujeres veraces, creíbles, honestos y coherentes en nuestras palabras y acciones.

¿Qué implica para mí hoy el mandamiento no MENTIR? ¿Busco decir siempre la verdad…?, ¿incluso cuando las circunstancias son complejas para mí? ¿Abuso de la palabra “jurar” para hacer que me crean? ¿Le doy valor real a la palabra o al compromiso que asumo ante Dios o ante los hermanos? ¿Busco ser coherente con mis palabras y acciones? Por mi conducta habitual: ¿soy un hombre, una mujer honesto/a y creíble?

 

+Mons. Gabriel Mestre

Obispo de Mar del Plata

Argentina

 

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