RETIRO DE DIÁCONOS DE LA DIÓCESIS

Finalizó hoy en la Estancia la Armonía el retiro anual de los diáconos permanentes de la diócesis. Los diáconos contaron con la visita del padre Obispo Gabriel con quien tuvieron un encuentro fraterno. Durante el retiro, que se extendió durante el lunes y martes, los diáconos reflexionaron sobre el ministerio diaconal junto a los sacerdotes Fernando Mendoza y Exequiel Kseim. En el final tuvieron una Misa con el Obispo auxiliar Mons. Darío Quintana, de la que participaron las esposas de los diáconos y los párrocos donde se desempeña cada uno.

¿Qué hace un Diácono?
¿Cuál es el servicio que prestan los diáconos a la Iglesia? “Corresponde a los diáconos, entre otras cosas, asistir al obispo y a los presbíteros en la celebración de los divinos misterios sobre todo de la Eucaristía y en la distribución de la misma, asistir a la celebración de matrimonio y bendecirlo, proclamar el Evangelio y predicar, presidir las exequias y entregarse a los diversos servicios de la caridad (Catecismo de la Iglesia Católica, 1570).
Entendido de esta manera, el diaconado no es solamente un paso intermedio hacia el sacerdocio, sino que ofrece a la Iglesia la posibilidad de contar con una persona de gran ayuda para las labores pastorales y ministeriales. Un diácono puede bautizar, bendecir matrimonios, asistir a los enfermos con el viático, celebrar la liturgia de la Palabra, predicar, evangelizar y catequizar. No puede, a diferencia del sacerdote, celebrar el sacramento de la Eucaristía (misa), confesar o administrar el sacramento de la unción de los enfermos. Con todo lo que puede hacer, su ayuda es invaluable, especialmente en nuestros tiempos en que hacen falta tantas personas que ayuden al sacerdote en todas las labores encomendadas.

Estado civil del Diácono Permanente
Sin embargo hay una diferencia muy importante entre los diáconos y los sacerdotes. Mientras que los sacerdotes ordenados de la Iglesia latina, son ordinariamente elegidos entre hombres creyentes que viven como célibes, es decir que no se han casado, y que tienen la voluntad de guardar el celibato por el Reino de los Cielos, el diaconado puede ser conferido a hombres casados. Este “diaconado permanente” constituye un enriquecimiento importante para la misión de la Iglesia.