LOS #TRESPUNTITOS DE MONSEÑOR GABRIEL MESTRE. DOMINGO 5º DE CUARESMA CICLO A. 29 DE MARZO DE 2020

Domingo 5º de Cuaresma Ciclo A. 29 de marzo de 2020

Primera lectura: Ez 37,12-14 | Salmo: Sal 129,1-5.6c-8 | Segunda lectura: Rom 8,8-11 | Evangelio: Jn 11,1-45 (o bien más breve: Jn 11,1-7.20-27.33b-45)

En este quinto Domingo de Cuaresma, ya casi en las puertas de la Semana Santa, contemplamos a Jesús que visita a sus grandes amigos. Cuando llega Lázaro ha muerto y sus hermanas Marta y María están de duelo. Todo este acontecimiento será una excelente oportunidad para que se manifieste “la gloria de Dios” y el Señor realice el último signo programático en el Evangelio de Juan. Los Domingos anteriores se ha revelado como “Agua de Vida” y “Luz del mundo”, hoy se revela como la “Resurrección y la Vida”.

La resurrección de Lázaro en este episodio no es todavía la definitiva. Lázaro continuó viviendo una vida como la anterior y en algún momento volvió a morir. Esta resucitación o revivificación terrena es símbolo anticipado de la resurrección final. Su vuelta a la vida en este texto es signo de la resurrección y la vida plena que Cristo viene a ofrecer al mundo.

Varios temas y puntos de meditación se entretejen en este texto de la Palabra. Tomo tres que sintetizo en tres palabras: SEPULCRO, RESURRECCIÓN, HUMANIDAD.

  1. Los SEPULCROS de nuestra vida
  2. Yo soy la RESURRECCIÓN y la Vida
  3. La HUMANIDAD de Jesús: amistad y dolor

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  1. Los SEPULCROS de nuestra vida

La primera lectura revela el rostro de Dios a través del poder que tiene para abrir las tumbas y hacer salir a los difuntos. En el Evangelio Jesús se manifiesta en la misma línea como aquel que hace salir a Lázaro fuera del SEPULCRO. La situación dramática de la humanidad es descripta a través de la muerte con la fuerte metáfora de los SEPULCROS y las tumbas cerradas. Hoy nosotros también seguimos participando de esta realidad. La muerte del pecado, de la fragilidad y vulnerabilidad humana es parte de la vida. ¡Hace dos meses nunca hubiéramos pensado la situación de la pandemia del coronavirus y todas sus consecuencias SEPULCRALES! Así como nos conectábamos hace dos semanas con nuestra sed, el Domingo pasado con nuestras cegueras, hoy revisamos nuestras experiencias de muerte en vida a través de la poderosa metáfora de los SEPULCROS y las tumbas. Son muchas las experiencias de muerte y SEPULCRO que paradojalmente en este momento de la historia se entrecruzan en el camino de la vida de las personas.

¿Cuáles son las experiencias de muerte que percibo hoy en mi vida? ¿Qué implica para mí la metáfora del SEPULCRO cerrado? ¿Qué “tumbas” necesitan ser abiertas en mi existencia? ¿Qué me afecta más hoy: la muerte del pecado, del miedo, del sinsentido, del agobio, del cansancio extenuante, el peso de la vida, los fracasos, la desconfianza…?

 

  1. Yo soy la RESURRECCIÓN y la Vida

En medio de las tumbas y sepulcros de nuestra vida irrumpe Jesús con la profunda y bellísima frase que están en el corazón del Evangelio de hoy: “Yo soy la RESURRECCIÓN y la Vida. El que cree en mí, aunque muera vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás”. Creer que Jesús es realmente la RESURRECCIÓN y la vida es el centro de nuestra fe. ¿Creemos realmente esto? Nos dice el Papa Francisco: No huyamos de la RESURRECCIÓN de Jesús, nunca nos declaremos muertos, pase lo que pase. ¡Que nada pueda más que su vida que nos lanza hacia adelante! (EG 3). Que importante asumir esta línea para nosotros y para nuestro servicio misionero. Ante las diversas tumbas y sepulcros de nuestro mundo contemporáneo creer que Jesús es la RESURRECCIÓN y la vida y ser verdaderos catequistas de la RESURRECCIÓN y la vida. En este tiempo de pandemia somos invitados a creer y anunciar a todos que Jesús es el único que abre realmente todas las tumbas y sepulcros de la humanidad.

¿Dejo que la fuerza de la RESURRECCIÓN de Jesús impacte en mi vida? ¿En mis decisiones, en mis tiempos, en mis compromisos…? ¿Dejo que Jesús me llene de vida, de vida eterna, de vida en abundancia? ¿Cuál es mi actitud ante los dolores y tristezas de las demás personas? ¿Busco ser catequista de la RESURRECCIÓN y la vida? ¿Cuál es mi reacción y cuáles son mis comentarios ante la muerte de un ser querido mío o de personas conocidas? ¿Aprovecho toda circunstancia para anunciar que Jesús es verdaderamente la RESURRECCIÓN y la vida?

 

  1. La HUMANIDAD de Jesús: amistad y dolor

En este Evangelio el Señor se revela como Dios en su poder de llamar de la muerte a la vida y, a la vez, se manifiesta como ser HUMANO. Disfruta HUMANAMENTE el don de la amistad con Marta, María y Lázaro: “el que tu amas está enfermo”, “Jesús quería mucho a Marta, a su hermana y a Lázaro”, “nuestro amigo Lázaro”, “¡cómo lo amaba”. El Señor tenía muy buenos amigos y descansaba en esa amistad, disfrutaba de esos encuentros. Jesús también llora y sufre HUMANAMENTE la situación de muerte de su amigo: “conmovido y turbado”, “y Jesús lloró”, “conmoviéndose nuevamente”. Jesús es Dios y Salvador… pero en su naturaleza HUMANA ama profundamente a sus amigos y llora la pérdida de Lázaro. Con el Maestro, Dios y hombre, aprendemos nosotros a disfrutar del don de la amistad y los amigos a lo largo de la vida. También el Señor nos enseña, con fe y desde la fe, a llorar a nuestros difuntos. El llanto, el dolor por la muerte de los que amamos no significa que no tengamos fe. Es la experiencia dolorosa de extrañar a los que ya no están pero con la confianza de la fe en la vida eterna. Nunca hay que reprimir el legítimo dolor por los que han partido… pero siempre hay que hacerlo con actitud de fe y de apertura a Dios y a su obra en nosotros.

¿Descubro una vez más que Jesucristo es verdaderamente Dios y verdaderamente HOMBRE? ¿Qué me invita a pensar la hermosa relación de Jesús con sus amigos de Betania? ¿Valoro los amigos que Dios me ha regalado a lo largo de la vida? ¿Me impacta la HUMANIDAD de Jesús, el Mesías? ¿Cómo he vivido o vivo los distintos “duelos” por la pérdida de un ser querido? ¿Soy capaz de “llorar” a mis difuntos como Jesús “llora” a Lázaro? ¿Con qué actitud lo hago?; ¿con excesiva desesperación y sin búsqueda de esperanza?; ¿o con confianza en Dios y en la vida eterna que el mismo Jesús nos regala?

 

+Mons. Gabriel Mestre
Obispo de Mar del Plata
Argentina

 

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